Las florecillas del Papa Luciani

 

Parte IX

 

 

 

 


 

Dos que hacen dedo

 

Poco después de la nómina como Patriarca de Venecia, Albino Luciani y su secretario han detenido el auto para levantar a dos que hacían dedo. "La amabilidad del prelado, que ellos no reconocieron, desató sus lenguas. Comentaron la recientísima nómina del obispo de Vittorio Veneto a la silla patriarcal de Venecia : "Pero, después de todo, ¿ quién es este Luciani ? Ninguno ha sentido nunca hablar de él. Sería necesario más bien otro que el obispo de Vittorio Veneto para regir Venecia". Monseñor Luciani no reveló su nombre y, durante el viaje, conversando amablemente, con su estilo de catequista bondadoso, explicó cómo los caminos del Señor no eran los de los hombres y cómo la voluntad del Señor con coincidía siempre con las expectativas de los mortales. Cómo lo dijo exactamente, no se sabe, pero debió de ser muy convincente si los dos, al final del recorrido, agradecieron calurosamente y le dijeron : "¡ He aquí que un cura como Ud.  se necesitaba para ser de patriarca !".

 

G. Fanelli

de L'Osservatore Romano, 8/10/78

 


 

Se llamará Gregorio XVII

 

El nuevo cardenal Albino Luciani se encontraba en Belluno para la fiesta de San Gregorio Magno, patrono de su viejo seminario. "Luego de la celebración litúrgica, los sacerdotes (más de un centenar) se reunieron para un almuerzo fraterno en el refectorio del seminario. Para el brindis, tomó la palabra monseñor Antonio De Lotte, el más anciano sacerdote de la diócesis de Belluno. Con su voz todavía firme de óptimo predicador, tejió las alabanzas del neocardenal proyectándolas en el futuro y diciendo textualmente : "Usted nos ha hecho usar los nombres de capellán, de vicerrector, de monseñor, de obispo, de patriarca, de eminencia; no pongamos límites a la divina Providencia; deseamos de poderlo llamar con el nombre de Gregorio XVII" (n.d.a. Gregorio XVI era de origen bellunés)". Un aplauso fragoroso sumergió a monseñor De Lotte, mientras el cardenal Luciani movía la cabeza divertido, aferrando un poco nerviosamente los cubiertos".

 

de "L'Amico del popolo", 1978

 


 

¡ El vino con "aditivos" puede hacer verdaderamente mal !

 

Don Albino, vicerrector del seminario de Belluno. "Se preocupaba de que comiéramos a la mesa : "Los ayunos los harán cuando podrán. Ahora deben que crecer y por éso tienen necesidad de comer" y recomendaba también dormir "de lo contrario no me están más atentos en la escuela". Pero él dormía pocas horas y creo que comía también poco. Más que el sacrificio del ayuno, demasiado peligroso pues era visible también, quería que hiciéramos el sacrificio de comer todo, aún aquéllo que no gustara y sin lamentarse. Una vez me dio, a propósito, un ejemplo singular. Yo era ya sacerdote y me encontré a la mesa frente a él para una semana de ejercicios. Por cuanto lo observé, no logré entender qué cosa le gustaba y qué cosa no le gustaba. Trataba de ser también en ésto como los otros y bebía también un poco de vino. Una noche, se bebió ávidamente un vaso lleno de un sólo trago. Pensé que tenía fiebre, pero era otra cosa. Al final del curso de ejercicios, supe que el personal había dejado caer inadvertidamente detergente en el vino. Probablemente, don Albino lo había bebido en esa forma justo porque el sabor era malo. Muy probablemente, él se había sentido, en consecuencia, bastante mal durante la noche, pero no había dicho nada".

 

don Aldo Belli

de "La Sorgente", 1981

 


 

¡ Cuidado : monjas muy peligrosas !

 

 

Monseñor Luciani y un grupo de religiosas en Vittorio Veneto

 

 

El Patriarca con religiosas brasileñas

 

 

"Estoy en Villa Immacolata desde 1973. En Padova, en la comunidad de las religiosas del hospital, estaba también su "tiíta", sor Roberta Tancon. Quando ésta se enfermó, él (el Patriarca) venía a visitarla. Pocas veces, por los tantos compromisos que tenía. Cuando venía, con la tía estaba poquísimo porque las monjas se lo "robaban". Tanto que muchas veces he oído a sor Roberta lamentarse : "Sempre voialtre andé a parlar con me nevodo e mi no posso mai", oppure : "Ma xe possibie che ogni volta che vien me nevodo tute le suore ghe salta' dosso, e a mi gnanca na paroeta". ("Ustedes siempre van a hablar con mi sobrino y yo no puedo nunca" o también "Pero , ¿ es posible que cada vez que viene mi sobrino todas las monjas le saltan encima, y a mí me falta una palabrita ?"). Murió (cuando él estaba en Roma), el 12 de junio de 1973".

 

Simplicidad y reconocimiento

 

Otro episodio en Villa Immacolata. "Una mañana voy con la Loretta, una chica que colabora en la Casa de ejercicios, a la habitación del cardenal para las normales tareas de limpieza. Algún instante después llega también él : "Eminencia - le digo - entre, que nosotras regresamos luego". "No, no - responde - hagan lo que tienen que hacer, quédense adentro, yo me quedo sentado aquí". No hubo modo de convencerlo, y se quedó afuera sentado esperando. La cosa se repitió otras veces".

 

Lo vi la última vez al terminar los ejercicios de los obispos del Triveneto en junio del '78. Vino a saludar a nosotras las monjas de la cocina : "Siente - dijo sonriendo - qué buen olorcito; qué bellas cacerolas. Gracias por todo, ¿ saben ? No soy ni siquiera digno". Salió por la puerta de servicio".

 

sor Gianna M. Marchi

de "La Difesa del popolo", 26/8/79

 


 

El incendio

 

"Una vez, yendo hacia Bolzano Bellunese (estábamos hacia la mitad de junio, época de exámenes) a un cierto punto vemos un establo en llamas. L'è fogo ! L'è fogo !. (¡ Fuego, fuego !).Yo primero entro para desatar a las bestias y, enseguida detrás, lleno de coraje, Albino. Logramos salvarlas a todas. Pero regresamos al seminario tarde, hacia las nueve de la noche, y nos comimos una prédica del vicerrector, don Mario Coletti. Explicada la situación, todo fue recompensado enseguida. Luego, durante algunos días, nos vimos llegar a la mesa, una cesta de cerezas de parte de los campesinos que querían, de esta manera, darnos las gracias".

 

don Costante Pampanin

de "L'Amico del popolo", 1978

 


 

A paso vivo

 

"Llegado a Belluno, en el verano de 1949, conocí a monseñor Albino Luciani que mi predecesor, monseñor Bortignon, había nombrado su pro-vicario general, poniéndolo al lado de monseñor Pietro Rizzardini, muniéndolo de poderes y cargándolo de tareas a las que el joven pro-vicario, con una actitud sorprendente, daba ejecución razonada y rápida. La celeridad fue y sigue siendo  una de sus características en la escucha, la intuición, en el deliberar, en el actuar. Cuántas veces, bromeando, le apliqué el versículo bíblico : "Nondum verbum est in ore meo, et jam nosti totum" : o sea, "Antes aún de que yo abra la boca, sabes ya todo aquello que estoy por decir". Recorriendo juntos un tramo de camino, él me iba siempre algún paso más adelante; lo hacía inadvertidamente. Yo lo miraba por abajo de los lentes, él disminuía la velocidad (de prisa) y se ponía al paso, pero por poco. El instinto lo superaba a su pesar. Y él mismo sonreía por éso, humilde y paciente conmigo, peatón de paso plácido y tranquilo. En esta prisa suya, está el símbolo de su movimiento y de su apertura intelectual : un partir inmediato a la caza de las cuestiones, el aferrarlas y adueñarse de ellas, por intuición más que por proceso de análisis, el ver con seguridad el fondo. Y raramente ulteriores discusiones conducían a mudar aquella su visión primera.

Monseñor Luciani veía dentro de los problemas. Con prontitud. Pero no es que él también - como el resto de los mortales - no tuviera sus límites. Quiero dar un ejemplo. Personalmente, en el evaluar eventos y personas y en la toma de decisiones, yo siempre he sido un "peatón plácido". Luciani, tal vez, era en cambio más impulsivo. Me parece todavía verlo cuando, en ciertas circunstancias, lo observaba por encima y por abajo de los lentes".

 

mons. Gioacchino Muccin,

obispo emérito de Belluno-Feltre

 


 

El Cardenal ya aprende a ser Papa

 

1977. El Patriarca Luciani con Paulo VI en visita ad limina. "Paulo VI está en el centro de la biblioteca y tiene, a su derecha, al cardenal Luciani. Al final del discurso, el Papa busca el pulsador del timbre, colocado en un costado el brazo del sillón, para avisar a la anticámara que la audiencia ha terminado y que pueden entrar los fotógrafos. Caso muy extraño, el Papa no logra localizar el pulsador y continúa buscándolo con la mano. ¡ Sin embargo, estaba siempre en el mismo lugar y aquella llamada la repetía desde hacía tantos años ! El cardenal Luciani se da cuenta y, luego de algún instante de vacilación, toma la mano del Papa y la coloca sobre el pulsante. Paulo VI, en voz baja, no por todos percibida, dice : "Así que ha ya aprendido dónde está". Yo, en aquel momento, tuve un temblor. Me pareció una palabra profética".

 

Mons. Maffeo Ducoli,

entonces obispo de Belluno-Feltre

 

 


 

Un campesino en dificultades

 

"Él (Luciani, obispo de Vittorio Veneto) había elegido vivir en medio de la gente, como padre, hermano y amigo. Como el pastor de la grey, se sentía aislado y cortado fuera en su residencia episcopal en el castillo de San Martino, situado en una altura fuera de la ciudad. La magnífica vista del verde, de los árboles y de los viñedos alrededor de Vittorio Veneto no lo consolaba ciertamente de su aislamiento, porque él estaba convencido de que habría sido un mejor pastor si hubiera vivido en medio de su grey. Luciani estaba hecho así, y una vez, se apresuró con su secretario a ayudar a un campesino que él, desde su ventana, había visto en dificultades mientras arrastraba, a lo largo de un empinado sendero, su carrito lleno de hierba cortada".

 

mons. Giovanni Ronchi

 


 

Bellas mujeres en TV

 

"Exigía, sobre todo, de los sacerdotes obediencia, ejemplaridad y morigeración. Daba sus conferencias mensuales al clero con rara competencia. En una de éstas, hizo la siguiente exhortación : "Sacerdotes, no pierdan demasiado tiempo delante del televisor donde aparecen mujeres sospechosas; no son para nada feas, ¿ entienden ? ...". Una fragorosa risa precedió el aplauso".

 

don Pietro Battistella

 


 

Más signos de humildad

 

Mons. Luciani en un curso de ejercicios espirituales en Villa Immacolata en Torreglia, cerca de  Padova. "No aceptaba nada, no quería nada, no pedía nada : casi que aún el servicio más simple, al que tenía derecho, constituyera para él un privilegio. No había forma de hacerle llegar algo a su pequeño departamentito : ni siquiera el correo. Venía él personalmente a buscarlo por temor a incomodar a alguno. Si tenía necesidad de hablar con nuestro obispo, no lo mandaba llamar : iba él mismo a verlo".

 

mons. Pietro Brazzo

Director de la casa de esercicios

de "La Sorgente", 1980

 


 

Vivacidad fastidiosa

 

Los años de la escuela elemental de Forno di Canale. En los primeros años, fue seguramente otra cosa que un alumno modelo. Con su fuerte temperamento, con su amable, pero no menos fastidiosa, vivacidad, tal vez era casi un desafío para la madre y las maestras. A menudo, sus maestras no encontraban otro remedio que invitar a la escuela a la madre Bortola para una charla. No era que el chico fuera maleducado o irrespetuoso con respecto de las maestras o villano hacia sus compañeros sino, simplemente, no lograba quedarse quieto en su banco. Muchos años después, algunos ex alumnos del profesor de teología Albino Luciani, recordarán que, como profesor, sólo muy raramente se quedaba sentado tranquilo en la cátedra.

 

Seguramente, las trenzas de las compañeras de la escuela lo tentaban alguna vez a tirárselas; o los bancos a saltarles encima cuando se peleaba inocentemente con los compañeros; o la cátedra del maestro que, colocada sobre la tarima, infundía un sentido de respeto pero invitaba también a subirse arriba para probar cómo se estaba allí. Todas cosas que hoy parecen hechos cotidianos e irrelevantes de la vida escolástica, que sería ridículo considerarlos como problemas. Pero antes no era así; por éso el chico tenía un puntaje en conducta que, si se pudiera ver ahora, le haría poco honor - como el mismo Juan Pablo, años después, confesó sonriendo a los peregrinos belluneses.

 

 

de los recuerdos de Edoardo Luciani ("Il Celentone")

y de "L'Amico del popolo", 9/9/78

 


 

Un puñetazo en la cara

 

En Venecia, su modestia exterior se podía tocar con la mano : el Patriarca paseaba con gusto de noche solo, por las estrechas, románticas calles de la ciudad lagunar. Nada lo distinguía de un simple sacerdote.

Una noche, llegó a su residencia con una mejilla hinchada. "¿ Qué pasó ?", preguntaron asustadas las monjas que acudieron. "Oh, nada de particular - respondió el cardenal - me encontré con un borracho, un "comecuras". Me golpeó en la cara. Y acá estoy". Las investigaciones de la policía no dieron resultado.

 

mons. Giovanni Ronchi

 


 

Problemas con el motoscafo

 

 "Luego de haber estado con el obispo (de Padova) en el patriarcado, habíamos ido hacia el muelle. El cardenal quiso acompañarnos y tomó con nosotros el motoscafo dado que debía ir a oficiar no recuerdo qué ceremonia. A un cierto punto, el motoscafo varó. Fue necesario pedir socorro y hacer trasbordo a otra embarcación. Se hizo buena cara al inconveniente, pero el patriarca continuaba diciendo : " Lo lamento por el obispo de Padova que tiene tanto que hacer y tantos compromisos".

 

 

Artemio Marivo

chofer-camarero del obispado de Padova

de "La Sorgente", 1980

 


 

Un saludo en alemán

 

 "Con ocasión de una visita al santuario de Maria Waldrast (Austria), una camarera, reconociéndolo por el anillo episcopal, lo saludó en alemán, y el patriarca respondió también él en alemán al saludo. Se le preguntó si hablaba también aquel idioma. Respondió : "Debo también saludar a los grupos de lengua alemana que visitan San Marcos".

 

 

P. Angelo M. Pedot

de "La Madonna di Monte Berico", 1980

 


 

Un favor en Navidad

 

"Era la vigilia de Navidad. También monseñor Luciani había colaborado en idear el pesebre, construido - con simplicidad - en la capilla episcopal. Luego de la Misa de medianoche celebrada en la catedral de Vittorio Veneto, Luciani, acompañado por las monjas y el personal de la casa de ejercicios, colocó la imagen de Jesús Niño sobre la paja del pesebre. Se detuvo a rezar, arrodillado en tierra y cantó una dulce melodía popular natalicia. Deseó a todos "Feliz Navidad", se retiró a su habitación, cerró la calefacción y transcurrió la noche al frío. Para el día de Navidad, cuando regresó al obispado, luego del solemne pontifical, las monjas habían preparado un almuercito festivo. Luciani quiso que todos comieran sentados a su mesa. Dijo a la monja :

- Hermana, ¿ me hace un favor ?

- Pero, excelencia, estoy aquí, dígame qué cosa desea.

- ¿ Pero, me promete que no se ofenderá ?

- Pero no, esté tranquilo; me basta tenerlo contento y estoy aquí para servirlo.

- Y ahora, por favor, ¿ me puede traer a la mesa para mí aquel poco de sopa que quedó de ayer a la noche ? Lo que ha preparado para mí hoy, lo probaré, le daré mis felicitaciones y luego le ruego que lo envíe a aquella familia pobre que nosotros conocemos.

- Pero, excelencia, está fría; es Navidad, tómela mañana.

- ¡ Eh ! Hermana, lo imaginaba que usted me toma siempre del cuello ... Pero justo porque es Navidad es necesario que yo, que soy obispo, dé ejemplo de amor a los pobres y de pobreza yo mismo, como he enseñado en la prédica para imitar a Jesús ... Y luego he invitado también a este nuestro sacerdote y estoy contento de que esté con nosotros y no solo para pasar este día de fiesta de la bondad de Dios para con nosotros ..."

 

don Francesco Taffarel

de "La Fiamma", 1985

 


 

Fascinación irresistible

 

"Lo habíamos conocido aquí arriba (en Pietralba). Venía desde que era niño. Ha vuelto a menudo de seminarista, de cura, de obispo. De año en año, la cita se había convertido en un rito. Le estábamos todos alrededor y él hablaba, contaba, oraba, jugaba a las bochas con nosotros, se sentaba a nuestra mesas para las comidas.

Tomaba asiento en nuestro pobre auto y nos guiaba a los lugares de sus recuerdos, hasta a su casa. Conocía a todos, se interesaba por todos.

Un hombre tan rico de humanidad, tan colmo de dones espirituales, tan cargado de fascinación irresistible, tan transparente de simplicidad, humildad y santidad, no lo veremos más por estos montes.

 

don Mariano Tognetti

de "Humilitas", 1986

 


 

Deseos retenidos

 

"Me he cuidado bien de hacer mención de una eventual elección suya; no habría sido de buen gusto : ¿ se puede sinceramente desear a un cardenal que se convierta en Papa ? ¿O sea, que sea investido de una autoridad y responsabilidad tan grande ? Al despedirme, me limité a decirle : rogaremos al Espíritu Santo que ilumine a los cardenales. Y él alzó los ojos al cielo y se alejó rápidamente sonriendo".

 

mons. Maffeo Ducoli

de "L'Amico del popolo", 1978

 


 

Un cardenal brasileño hace de periodista

 

De una entrevista al cardenal Paulo E. Arns, arzobispo de São Paulo.

 

- Su candidatura en el cónclave del '78, ¿ había sido programada por los cardenales brasileños ?

ARNS : No, no hubo ninguna propaganda, ninguna campaña. Para mí su elección fue una intuición. Intuí enseguida que el cardenal Luciani habría sido un Papa muy simple y muy colegial. Y estos dos aspectos eran para nosotros fundamentales. Pero quería captar más profundamente su persona para saber cómo habría sido su pontificado, tanto que, en el período de tiempo entre su elección y la coronación (n.d.a. Misa de inicio del pontificado) , fui a visitar todos los lugares en los cuales había vivido y había desarrollado su acción pastoral. Algunos exponentes de Comunión y Liberación se pusieron a disposición para acompañarme y viajé con ellos. Visité su casa natal en Canale D'Agordo, fui a Vittorio Veneto, a Belluno, a Venecia. Hablé con parientes y amigos, con cuantos lo conocían. Cuando luego llegó el día de la coronación (n.d.a. Misa de inicio del pontificado), en el momento de los saludos a los cardenales, el Papa Luciani me dijo : "Eminencia, ¡ usted es un reportero ! ¡ Mis parientes me dijeron que han tenido que contarle toda mi vida !"

 

de "30 Giorni", 7-8/1998

 


 

Días de euforia y esperanza

 

"El Papa Juan Pablo I ha sido muy amado. Luego de su elección, una gran parte de esperanza y de euforia circundaban sus cautos movimientos, que eran vistos por muchos como una preparación a espectaculares y deseados cambios.

Bastaría referirse a las palabras dirigidas a los cardenales durante su primera audiencia. Había comenzado a jugar con los papeles en sus manos, luego ha reflexionado en voz alta : "Queridos hermanos cardenales, ¿ tengo que leer el discurso preparado o puedo improvisar ?". Estallaron risas espontáneas por parte del auditorio y el Papa decidió improvisar : "Soy nuevo en el Vaticano, de cuyo trabajo yo soy del todo ignorante. La primera cosa que hice, apenas tuve un poco de tiempo, ha sido tomar el anuario (Pontificio), estudiarme un poco los organismos de la Santa Sede, tanto soy ignorante y distante de conocer bien los engranajes".

 

Card. Leon Joseph Suenens

arzobispo de Malinas-Bruselas

de "The BC Catholic", 13/3/2000

 


 

La aventura de convertirse en secretario del Patriarca

 

"En 1975, mis superiores me mandaron como cooperador de la parroquia de San Pío X que se nos ha confiado en Marghera. Allí, en enero del año siguiente, encontré nuevamente al patriarca (...) y lo llevé con el auto hasta el Piazzale Roma. Durante el trayecto, (...), habiendo sabido que en julio siguiente habría ido a Filadelfia para el Congreso Eucarístico Internacional, osé decirle : "Eminencia, como sé un poco de inglés, me permito de ofrecerme como acompañante y portador de la valija". La respuesta ahora no la recuerdo. Sé que en breve llegamos a la estación y el discurso se interrumpió.

Al final de junio de aquel año, me reencontré con los sacerdotes de la diócesis en Paderno del Grappa (...). Al final de un almuerzo, el patriarca se me acercó diciendo : "¿ Se acuerda de su oferta de acompañarme a Filadelfia ?". Pensé, en aquel momento, en un reproche por mi atrevimiento. Pero enseguida, él agregó : "Yo a Filadelfia no voy. Pero querría que usted viniera conmigo para prestarme el servicio de secretario particular".

Le respondí : "Aquí están mis superiores directos. Si lo cree, hable con ellos". Y él enseguida precisó que la propuesta los superiores ya la conocían. En ese punto, agregué : "(...) No le pido ni siquiera un día para pensar en ello. Si quiere, acepto también enseguida". Así se inició la aventura de secretario particular de Albino Luciani (...)".

 

Obligado a palos

 

"La noche del 6 de agosto de 1978, la noticia de la imprevista desaparición del Papa Montini le llegó al Patriarca en el Lido de Venezia donde se encontraba desde hacía algunos días. A la mañana siguiente, volvió a la sede y, requerido por el director del diario local para escribir algo que se refiriera al sucesor de Paulo VI, inició su artículo así : "El cardenal König, arzobispo de Viena, ha dicho hace poco que, en el próximo cónclave, el cardenal elegido deberá ser obligado a palos - en sentido metafórico, se entiende - a aceptar la elección". Mientras mecanografiaba el manuscrito, me dije a mí mismo : "Y, ¿ quién podrá aceptar golpes en la espalda sin rebelarse, si no un verdadero humilde ?". ¿ Y humilitas no es desde hace 20 años el lema y la estrella, a la luz de la cual el Patriarca de Venecia vive y acepta los advenimientos ?

Pocos días después, el 10 de agosto, partimos en automóvil para Roma. Huéspedes de los Padres Agustinos, a pocos pasos de la Basílica de San Pedro, el cardenal Luciani transcurrió dos semanas de gran recogimiento. (...)

Durante aquellos días, él no fue - como se dijo malignamente de otros cardenales - vector de consensos; ni siquiera se pronunció en favor de un futuro pontífice de "liderazgo inmediato y agresivo"; ni, en fin, fue inventor de candidaturas. Supo, en cambio, por un diario, de ser juzgado "descolorido"; yo pienso que, frente a este adjetivo, él habrá sonreído y se habrá dicho, como tantas otras veces : "Hay que tener paciencia". (...)

 

' Albinum '

 

"Me encontraba en la Plaza de San Pedro cuando en cardenal Felici dio el anuncio de la elección con la formula latina, repitiendo dos veces el término "Dominum" antes de agregar "Albinum Luciani". (...)

Parecerá extraño, y sin embargo me esperaba aquel nombre ' Albinum '. ¿ Por qué ? (...) Me lo esperaba por la suma de virtudes cristianas que había  comprobado en el hombre. Y muchas veces me encontré, con anterioridad, pensando que aquella suma de virtudes debería ser ofrecida como manifestación al mundo entero.

Hay que recordar, en efecto, qué han sido aquellos meses  de 1978 : la tribulación, las vicisitudes, por ejemplo, del pueblo italiano tomado de punto por las Brigadas Rojas. El caso Moro sangraba todavía. Y bien, yo mismo consideraba que, si el mundo hubiera querido tomarse un respiro y retomar coraje, habría tenido que mirar el rostro de este hombre, manso y humilde (...).

 

Vestido de Papa por primera vez

 

"A la tarde tarde del 26 de agosto, en el balcón de la logia de san Pedro, apareció simpático, sudado y armado de alegría, el nuevo Pontífice Juan Pablo I. (...) Se lo llamó enseguida el Papa de la sonrisa. De él, gustó inmediatamente la simplicidad, la modestia, virtudes que también la prensa se apresuró a poner a la luz. Yo, que estuve en la Plaza de San Pedro, pensaba en Dios que, de repente, le había quemado a Albino Luciani, a orillas Tíber, las naves de la reserva y del escondimiento, en las que había vivido como si fueran su hábitat natural durante decenios, y lo había intimado a tomar el camino de entregarse al mundo entero (...). Él había obedecido y se había movido - dijo al día siguiente - teniendo su mano en la de Cristo, apoyándose en Él. (...)

Vi por primera vez a Luciani con el hábito de Papa la noche de la elección, hacia las 21. 30. Entré en la sala donde él se encontraba de charla con el cardenal Secretario de Estado (...). Cuando me vio, vino a mi encuentro (...) y me dijo : "Tus palabras se demostraron exactas ... Nos vemos mañana". Fue su primer día como Papa; el primero de otros treinta y dos, con los cuales componer un pasaje insuperable ahora en la vida de la Iglesia. (...)

 

"Acepto ... acepto ... acepto ..."

 

"Su actitud interior prevaleció por encima de las consideraciones exteriores. Al Señor que le pedía de cuando en cuando transformarse en docente o en superior en el seminario o en vicario general o en obispo, primero en Vittorio, luego en Venecia, en fin, en Roma, él debe haber respondido cada vez : Sí, lo lamento, pero acepto". Y me gusta imaginar que, cuando aceptó ser Papa, Dios pudiera haberle dicho : "¡ Fuerza ! Dale duro sólo por un poco de tiempo, sólo por pocos días. No te preocupes".

 

"A veces le pido al Señor que me lleve consigo"

 

"Monseñor Antonio Mistrorigo, obispo de Treviso, en una entrevista, puso en boca del patriarca Luciani una expresión que debe haber recogido en uno de sus no pocos encuentros tenidos con él y que, también yo, le oí decir en una ocasión : "A veces pido al Señor que me lleve consigo". Dios nos pide, ordena y se impone. Pero, al final, paga a quien le ha ofrecido obediencia, escuchando sus pedidos. (...) No habría que asombrarse que hubiera sucedido así también a Albino Luciani. Por otra parte, es sólo en este nivel de fe que nosotros podemos buscar la respuesta adecuada a un determinado género de interrogantes.

Ya, los interrogantes, el más grande (...) fue el que millones de personas tuvieron simultáneamente la mañana del 29 de septiembre de 1978, hacia las 7. 30 cuando la radio italiana y ANSA dieron el anuncio de la desaparición, seguida del boletín médico. (...)

Para mí (...) no fue algo forzado, ni una solución simplista y ni siquiera un apurado "terminar la partida", el volver a aquel pedido a Dios para que lo llevase consigo : pedido que - a mi parecer - debió haberse convertido en insistente por no decir petulante, dada la gran confidencia que existía entre Él y Dios, ya desde los primeros días luego de su elección. ¿ Cómo le habrá respondido el Eterno ?"

 

Jueves 28 de septiembre de 1978 - Las últimas horas - El dolor en el pecho

 

"Luego de las audiencias de aquel día - la última de las cuales al cardenal Secretario  de Estado Villot - estábamos a la mesa esperando la cena, cuando él empezó (...) diciendo a nosotros, los dos secretarios : "¡ Qué extraño ... estoy sintiendo unas puntadas en el pecho ... noto todavía que están reduciéndose en intensidad". Mi sorpresa fue compartida con monseñor Magee, que se apresuró a decir : "Hay siempre a disposición un médico de guardia; no cuesta nada llamarlo". Fuimos convencidos de no hacerlo (...). Mi inexperiencia, luego, acerca de síntomas premonitorios de problemas cardíacos legados a estas puntadas, jugó una parte notable durante la continuación de la cena.

Terminada la cena (...) lo acompañamos a su habitación y el padre Magee, no olvidándose de cuanto se había dicho a la mesa, le indicó una perilla que colgaba sobre la cabecera de la cama diciendo : "Santo Padre, si esta noche necesitara cualquier ayuda, pulsándola, podrá llamarnos". Se mostró persuadido y (lo constatamos a la mañana siguiente) lo dejamos leyendo un escrito suyo de los años en que era obispo de Vittorio Veneto. Comprensible para mí, conociendo las costumbres : era la noche entre el jueves y el viernes y urgía encontrar algo que le sirviera para el Angelus del domingo ya próximo. (...)"

 

Un título que ninguno nunca le quitará : El Papa de la sonrisa

 

"Su pontificado duró sólo 33 días. El tiempo de una sonrisa. El cardenal Albino Luciani en la cátedra de Pedro fue para muchos una sorpresa. Sus primeros movimientos como Papa fueron todos marcados de la más simple humildad. (...)

Ha habido quien ha hipotizado un "secreto" en la sonrisa de Luciani. Esta sonrisa ha representado un hecho nuevo, una marca inédita de la personalidad pública de un Papa, pero era una marca muy notoria y habitual en la personalidad de Luciani. He tenido modo de volver a ver muchas fotos del Patriarca aparecidas en Gente Veneta, el semanario católico de Venecia, y tomadas entre 1971 y 1978 y pude todavía una vez más constatar cómo la sonrisa en los labios de Albino Luciani fuera una constante aún antes del 26 de agosto de 1978.

Lo que tal vez, a ese respecto, hay que notar es que ya en su primera aparición en el balcón externo de la logia vaticana, más que una sonrisa, era una risa abierta, abierta a 360 grados : ¿ se dice así ?. Lo cual a mí me parecía constituyera un aspecto absolutamente nuevo y desconocido antes. Este hecho le ha procurado aquel título de "Papa de la sonrisa" que ninguno nunca le quitará y que yo comparto sólo en parte, porque puede ser un modo, aún involuntario, pero, de todos modos, bastante restringido de juzgar el pontificado de Luciani. (...) Recuerdo, a ese respecto, el comentario de un periodista  americano, mencionado por el cardenal Baggio, en una conferencia suya de 1979, luego de la muerte del Papa Luciani y en previsión del cónclave sucesivo : "No tenía ninguna importancia que el Papa que se estaba por elegir fuera italiano o no, diplomático o pastor, conocedor o menos de idiomas, liberal o conservador; ni siquiera contaba que fuera un erudito o que fuera un santo : bastaba que supiera sonreír. Sólo un hombre así habría encarnado la visión cristiana de la esperanza". He aquí en estas palabras que me parece reconocer la interpretación más verdadera y comprometida del sonreír del Papa Juan Pablo I. (...)"

 

De rodillas detrás del Papa

 

"Cuando en la tarde del 26 de agosto de 1978, Dios pidió a Luciani el más grueso sacrificio de sentarse en la cátedra de Pedro, en Roma, él aceptó sobre sus frágiles hombros el peso del Pontificado con un sí que llevaba, en aquellas vísperas de sábado, un sello mariano : había en ello, todo el Ecce Ancilla y el Fiat de la Virgen. Pero estaba también la respuesta de Pedro, que habíamos oído en la liturgia pre-festiva a la lectura del Evangelio : "Señor, ¡ tú sabes que te amo !". Tres días después, Juan Pablo I dijo a los cardenales : "Estad cerca de este pobre cristo, convertido en Vicario de Cristo".

(...) Lo que vi en él en los años que le estuve cercano en Venecia continuó con toda naturalidad también en los 33 días transcurridos en el Vaticano como Papa, en estrecha coherencia consigo mismo y con la entera impostación de su vida. Creo que no por caso el tema de su primera audiencia del miércoles haya sido la humildad. (...) El mismo tema lo podemos encontrar en el texto del segundo Angelus, el pronunciado el domingo 3 de septiembre, alguna hora antes de dar inicio solemne a su pontificado.

Estoy seguro de que quien se encontraba en aquel momento en la Plaza de San Pedro no podía no sentir la piel de gallina. Aquel día la Iglesia celebraba a San Gregorio Magno, y Juan Pablo I recuerda que, este sucesor suyo, no quería ser elegido Papa, al punto que, para hacerlo aceptar, tuvo que intervenir también el emperador. Y reporta dos pasajes de dos cartas de Gregorio, escritas una vez aceptada la elección como Papa. El primero pertenece a una carta dirigida al amigo Leandro, obispo de Sevilla : "Me dan ganas de llorar, más que de hablar". Y a la hermana del emperador Gregorio escribe : El emperador ha querido que un mono se convirtiera en un león". Y, enseguida, Luciani agregó : "Se ve que también en aquel tiempo era difícil ser Papa".

Durante aquel Angelus, me encontraba arrodillado detrás del Papa que hablaba desde el balcón de su estudio, y yo mismo pensé : aquí está todo Luciani.

Con aquella citación (...), él indirectamente nos quería decir : lo que ha ocurrido hace 1500 años para el Papa Gregorio, hoy se reactualiza. No más el emperador sino que sólo Dios ha querido que una pobre persona como yo se convirtiera en Papa. Por lo tanto, Humilitas, sí en el escudo episcopal pero más extensamente en la vida de Luciani".

 

don Diego Lorenzi

de "Avvenire", 27/8/2000

 


 

"No hablo el idioma"

 

"Del Papa Luciani tengo un recuerdo  curioso; hay que ubicarse en el Sínodo del '74, dedicado a la evangelización en el mundo de hoy. El entonces Patriarca de Venecia, durante los intermedios, no iba al bar a tomar algo; así que tomaba algo para él y se lo llevaba al aula. Era una ocasión más para intercambiar alguna palabra. Recuerdo que, al año siguiente, se celebraba el primer centenario de la llegada de los colonos vénetos a Brasil. En 1875, el emperador Pedro II había dividido Río Grande do Sul a la mitad entre colonos alemanes y vénetos. Por este motivo, tanto la Iglesia como el gobierno habían invitado al Patriarca de Venecia a ir a Brasil. Luciani me confió su indecisión : "Me han invitado", decía, "pero, ¿ qué voy a hacer ahí ?" Me encuentro muy ocupado y además no hablo el idioma". "Eminencia - dije -, por lo que se refiere al idioma no habrá ninguna dificultad porque allí se habla véneto puro, el que se hablaba antes, no "contaminado" todavía por el italiano. Los lingüistas que quieren estudiar el véneto antiguo van precisamente a Río Grande do Sul ..." Y, en efecto, no tuvo problemas con el idioma. Me lo confirmó cuando lo volví a ver luego de su visita".

 

Card. Lucas Moreira Neves

Prefecto de la Sagrada Congregación para los Obispos

de "Cristo Hoy", 26/11/1998

 


 

Delicadeza

 

"Aquella mañana del 29 de septiembre de 1978, cuando a las 8, en la radio, oí del misterioso tránsito del Papa Luciani, se me representó enseguida su imagen, riente y familiar, veintidós días antes a la misma hora. Me había acogido en su estudio, con mi mujer, en aquel límpido inicio de una mañana de septiembre, luego de haber atravesado logias y salas vaticanas todavía desiertas. Y, mientras discurría domésticamente con nosotros, miraba insistente el ángulo de la mesa donde había un pulsante blanco con las insignias pontificias. "Quisiera tocar el timbre para hacerles traer un café pero temo molestar". Una delicadeza humanísima que tal vez aquella noche lo hizo morir totalmente solo".

 

Vittore Branca

de "30 Giorni", 7-8/1998

 


 

El retrato de Juan Pablo I

 

"Los primeros retratos de Juan Pablo I aparecieron en las vitrinas de los negocios de souvenirs ya al día siguiente de la elección : ¡ en ésto, los comerciantes no se quedan atrás de ninguno ! El rostro de Papa nuevo expresaba perfectamente bondad y, al mismo tiempo, humor; su rostro, más redondo, contrastaba con el demacrado de Paulo VI, el encarnado era más rosado, los negros e irreducibles cabellos despuntaban fuera del solideo blanco, los ojos risueños no lograban disimular, detrás de los lentes bifocales, una mirada centelleante, los labios se abrían en una sonrisa auténtica que iluminaba toda la cara.

El mentón era firme pero no prominente. De perfil, la nariz aparecía derecha y más bien conspicua. La fisonomía entera daba una impresión de solidez, de seguridad. Si la angustia, para una carga tan pesada albergaba, en Juan Pablo I, como a menudo se ha repetido, ella no rasguñaba todavía la serena bondad de un rostro confiado".

Jean Chélini

de "La vita quotidiana in Vaticano

sotto Giovanni Paolo II", 

 

 


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