Las florecillas del Papa Luciani

 

Parte II

 

 

 

 


 

- De "Humilitas" - años 1986 - 1987

 

 

Ayudada por un sacerdote desconocido

 

"Era una fría y lluviosa mañana de invierno, con un viento gélido que curvaba, desde las raíces, los árboles. El Obispo estaba próximo a llegar a la parroquia "de la baja" para la Misa de la hora 5.30. A lo largo del camino, una mujer cubre como puede, con su propio impermeable, al hijo, a quien tiene sujeto, y los dos, con fatiga, iban contra el viento. - "Para el auto", dijo Luciani; "aquélla es una madre que, junto al hijo, viene a la Misa y llega tarde, llueve y hace frío". - "Señora, si quiere, yo la puedo acompañar hasta la iglesia". - "Oh ! reverendo, es justo una gracia de Dios ... Llego tarde y formo parte del coro parroquial; debería encontrarme ya en la iglesia para cantar el "Benedictus" al obispo, que hoy viene para la vista pastoral. Y éste es mi hijo; es monaguillo y tiene que llevar el "bastòn" (báculo episcopal) del obispo". después de algún kilómetro, la señora : "Reverendo, gracias ! Casi he llegado; puedo bajar". - "Señora, responde Luciani, no se preocupe, también yo vengo de aquel lugar ...". - "Ah ! es verdad, continúa la señora. Nuestro párroco nos había dicho que esta mañana estarían también dos sacerdotes "forasteros" para las confesiones ...". En la puerta de la iglesia, baja la señora junto a su niño, mientras el obispo, sonriente, se dirige hacia la vecina casa parroquial. A las 5.30 aparecen en la puerta de la iglesia, el párroco, los monaguillos, los cantores y, con alegría y satisfacción (la iglesia estaba llena de gente, no obstante, el tiempo inclemente), acogen al obispo al sonido del órgano y al canto festivo del "Benedictus". El Obispo entra bendiciendo y divisa a la señora que se pone toda roja y le dice : "Ve, señora, que hemos llegado todos justo a tiempo y hemos hecho un buen papel ..."

 

don Francesco Taffarel

 


 

El sueño del secretario

 

"Para la Visita, había que levantarse tempranísimo para estar presente en la "Primera Misa" que, en aquellos años, era a las 5 o 5.30; algún año después, se trasladó a las 6. Pero, entonces, el madrugón del obispo era a las 4-4.30. Y no era infrecuente el caso que el mismo obispo llamara a la puerta de la habitación del secretario y dijera : "Discúlpame mucho, pero sería hora de partir". Y, en la cocina tal vez, él había preparado el café para los dos. Y, al secretario, sucedió también ésta, en una populosa parroquia, donde aquella mañana debía presidir la primera Misa. Durante la homilía, tenida siempre por el obispo en todas las Misas, el secretario se dejó vencer por el sueño. Para suerte suya, la atención de la gente estaba "vencida" por la brillante homilía del obispo, el cual, al final, dándose cuenta del caso, tocó el brazo del adormecido diciendo : "Si quieres continuar, yo ya he terminado de predicar". Y la vuelta al obispado era siempre a la noche tarde".

 

don Francesco Taffarel

 


 

El Patriarca en la cocina y la sopa salada

 

Recuerdos de la religiosa que, junto a otras dos, había servido a Mons. Luciani durante 12 años en V. Veneto, Venecia y Roma. "Con nosotras, monjas, era muy bueno. Quería que tomáramos el reposo debido y, cuando alguna estaba enferma, se hacía acompañar para saludarla, animarla y darle su bendición. Pero era siempre muy discreto. No recuerdo nunca de haberlo visto alterarse. Una vez, de Patriarca,, nos mandó a todas a una peregrinación. Al regreso, a la noche, nos hizo encontrar la leche caliente y lo necesario para la cena, todo preparado por él. "Todos, nos dijo, tenemos un "tokèt" (toque) de capacidad y, para la ocasión, debemos sacarlo fuera". Habitualmente, hablaba en dialecto véneto, también en Roma. Dos palabras le eran familiares "hermana" y "gracias". "Recuérdenlo, nos decía, che Uds. son de la familia".

 

"Para la ropa, los zapatos (que no quiso nunca con la hebilla), etc., teníamos que pensar siempre nosotras. Todo le iba bien; no era en absoluto rebuscado, pero limpio sí, mucho. Una vez, en verano, puse alguna gotita de agua de colonia en la sotana : se dio cuenta y me rogó gentilmente de no ponerla más. También para la comida era de gustos fáciles : sin embargo, era muy delicado de salud. Encontraba todo rico. No recuerdo nunca, en doce años, que haya mandado de vuelta un plato y, ni siquiera, que se haya lamentado. Sólo una vez, dijo : "La sopa, esta noche, está un poco salada". Pero si había invitados, cualquiera, quería que la cocina fuera óptima y presentada con sus mejores platos".

 

 

Es verdad que no sé hacer de Patriarca

 

"Una gran bondad tenía también por los sacerdotes; los acogía, los escuchaba, los ayudaba y, tal vez ... cobraba. Había quien le decía : "Habla bien Ud., Excelencia (o Eminencia)  pero trate de ponerse en mi lugar". "Es verdad, tienes razón ..." Los excusaba y los defendía siempre. Pero sabía también tener la mano dura, lo cual sucedía raramente. Una vez, alguien escribió una carta en la que se lo acusaba : 1) de no ir con frecuencia a las parroquias; 2) de dar demasiada importancia a la gente; 3) de no saber hacer de Patriarca ... Desde Roma no tardó en llegar una carta que pedía explicaciones y justificaciones. Respondió así : 1) Me parece de haber ido siempre regularmente a las parroquias y también de haber regresado gustosamente cuando me invitaban; 2) Tengo la costumbre de tratar a mi prójimo como hermano; 3) Es verdad que no sé hacer de Patriarca ..."

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Vestido de rojo y  ... via en bicicleta !

 

"Una vez, debía hacer una Visita Pastoral en una parroquia cercana a Mestre. Se estaba en el período la la "austeridad" del combustible, por lo tanto, los autos no circulaban. Al Patriarca, todavía, se le expidió un permiso especial; no quiso hacer uso de él. De Venecia a Mestre fue con el tren; aquí se subió a una bicicleta y, con vestimenta escarlata y roquete bordado, llegó a la parroquia donde era esperado, acogido en medio del júbilo universal. Un pintor presente fijó en la tela el espectáculo alegre y edificante. Otra vez, sobre su auto detenido, todo lleno de polvo y otra cosa que lujoso, mano ignota escribe : "Ésta es pobreza". Iba por la ciudad vestido como simple sacerdote : el solideo rojo en un bolsillo y la cadena con la cruz pectoral en el otro, y así iba entre su gente".

 

"Quisiera sacarme una fotografía con Ud."

 

"Había un muchacho, retardado mental, que iba seguido a San Marcos para asistir a las ceremonias. Una mañana, esperó al Patriarca en la puerta de la sacristía y le dijo : "Eminencia, quisiera hacerme una fotografía con Ud. ...". "Con gusto, hijito". "Pero,- agregó el otro-, quisiera que se pusiera el vestido rojo y el roquete blanco bordado". "Sí, querido". Y entró en la sacristía para revestir los paramentos deseados. Así, se hizo fotografiar con el buen muchacho en diez poses diferentes. Algunos días después, mandó a la monja a llevar las fotos a la mamá que las acogió llorando de conmoción".

 

 

"¡ Santidad, es Ud. Pedro !"

 

En Roma, yo tenía la costumbre de llegar a la sala para la limpieza hacia las 8 porque sabía que no había ninguno. Aquella mañana, fui allí como de costumbre; demasiado tarde me di cuenta de que, en el fondo de la sala, estaba el Santo Padre en una situación de desconsuelo y, junto a él, su secretario. Me disculpé y me retiré de prisa; todavía tuve modo de oír al secretario que le decía : "¡ Santidad, es Ud. Pedro ! Ud. tiene la autoridad : no se deje intimidar ..." ¡ Esta frase la dijo larga !"

 

Suor Vincenza Taffarel

 


 

De un lado a otro por la autopista sin dormir

 

"El Obispo se encuentra en vista pastoral. Hacia las 17, un llamado telefónico desde Torino advierte de la gravedad de la hermana, religiosa del Cottolengo de Torino. Luciani continúa visitando los enfermos en las familias, tranquilamente; sabe sonreír y también encontrar "ocurrencias" graciosas. En el Obispado de Vittorio Veneto toma un poco de café y leche y, a las 23, parte en automóvil a Torino. Cerca de Novara, el secretario tiene un momento de cansancio y de sueño. El Obispo se da cuenta; lo hace detener en un "área de servicio"; entra en el bar y lleva "a domicilio" un buen café. Logra llegar al Cottolengo hacia las 6 y encuentra ya muerta a su hermana. Manda dormir al secretario y él celebra la Misa de sufragio. Hacia las 8, después de un breve desayuno, se queda todavía en oración ante el cuerpo de la hermana, que besa y saluda en Cristo. Nuevamente, en la autopista. Almuerza, consumiendo algún sandwich bajo un viaducto y a las 15 se encuentra en la diócesis de V. Veneto para iniciar, con puntualidad, como acordado, la visita pastoral en otra parroquia".

 

 

"¡Ven acá que te enseño a llevar el solideo !"

 

"Luciani "trata de vivir" el lema "Humilitas", escrito en el rótulo de su escudo episcopal. Se presenta humilde en el porte, con el solideo "torcido", tanto que un hermano en el episcopado le decía : "¡ Ven acá que te enseño a llevar derecho el solideo en la cabeza !"

 

 

Un obispo muy ágil

 

"Llega  a la parroquia a hurtadillas; salta ágil los "montículos de paja" puestos por el camino para una carrera automovilística de obstáculos. Se mezcla con la gente y, no conocido, pregunta : "¿ A quién esperan ?" - "Estamos esperando a nuestro obispo; usualmente es puntualísimo, pero hoy se hace desear ". "No tengan miedo : llegará de seguro; más bien, me parece haberlo visto llegar ya ..."

don Francesco Taffarel

 


 

Un Papa de rostro muy dulce, bello y majestuoso

 

Recuerdos de un ex-alumno suyo. "He conocido a don Albino, sobre todo, de 1938 a 1946 en el seminario de Belluno. Después, él se convirtió en Vicario, Obispo, Patriarca y lo he perdido un poco de vista. Cuando lo he vuelto a ver, vestido de Papa, en el balcón de la Iglesia de San Pedro, la tarde de su elección, y después en las audiencias y celebraciones públicas de los días sucesivos, he notado en él numerosos y profundos cambios. Parecía cambiada, primero de todo, ¡ su forma de caminar ! De joven, cuando no quería mostrarse o, todavía más, cuando oía alguna palabra menos delicada, expresaba su protesta volteando decididamente la espalda y yéndose a paso largo y rápido que, siendo más bien pequeño, le daba un andar de montañés. Hecho Papa, el mismo modo de caminar, le daba, en cambio, un aire del todo diverso : pleno de juventud y de seguridad.

Luego, me parecía mudada su cara. Su rostro me había parecido siempre abierto, luminoso, en un cierto sentido, encantado, como de quien ve algo diferente y superior a aquéllo que ven los otros. Hecho Papa, me ha parecido imprevistamente majestuoso, especialmente bajo la mitra, dulce, muy dulce y a veces también bello.

También su porte me parecía nuevo. Su forma de gesticular había sido siempre cohibida. Parecía no saber dónde tener las manos y los brazos. Hecho Papa, la tarde en que apareció por primera vez en público, ha conmovido al mundo sin una palabra, con pocos gestos llenos de un saludo caluroso, vivo y expresivo.

Hace algunos días, me encontré con un compañero de escuela. Hablando de don Albino, me preguntó : "¿Nunca te habías dado cuenta de que tuviera una bella sonrisa ?". Le contesté que no. "Ni siquiera, yo", agregó. Y, sin embargo, hoy lo llaman el Papa de la sonrisa.

Cuando en la escuela se sentaba en la cátedra (cosa que hacía raramente), estaba un poco torcido en el borde de la silla y parecía que no estaba a gusto. De Papa, se sentaba tranquilo en una cátedra más alta. Si hubiera tenido una pluma en la mano y una paloma en un hombro, habría sido una copia viviente de las miniaturas de San Gregorio Magno.

De joven, era más bien tímido. Daba la impresión de predicar de memoria y con los ojos cerrados. Cuando estaba por ser obispo, él mismo y muchos con él, veían en esta dificultad de predicar y de estar en público, un grave obstáculo para su ministerio. De Papa, lo que parecía un obstáculo, se ha transformado en un atractivo. ¡ Y qué atractivo !

Su excepcional inteligencia lo llevaba a ver el mal sin velos y hacía evaluaciones negativas sobre el mundo; en la escuela lo hizo varias veces. En él, Sumo Pontífice, no he visto traza de estos estados de ánimo. De su rostro y de sus palabras ha hecho inspirar solamente confianza y serenidad.

¿ Quién ha obrado estas transformaciones ? ¿ el entusiasmo con el cual ha abrazado su nueva tarea ? ¿ su vida ascética llevada a la cumbre e imprevistamente revelada al público ? ¿ O el Espíritu Santo que lo había preparado desde lejos ? ¿ O todos estos factores juntos ?"

 

don Aldo Belli

 


 

Un caminante incansable y la dos viejitas

 

"Tal vez, a pie, amaba recorrer los senderos conocidos de pequeño. Y el secretario debe reconocer que Luciani era un caminante, una auténtico "montañés", de paso lento, pero que no se detenía nunca. Y, a veces, para tomar aliento, intentaba ... una solución : "Excelencia, mire ... ¿ cómo se llama aquella montaña de allá ... aquel pueblo en el fondo del valle ...? Y él, astuto, comprendía enseguida : "Está bien; sentémonos a descansar". Y se quedaba a conversar con cuantos encontraba y con los cuales también se hacía acompañar por un tramo de camino.

Exhortó a llevar la cesta, llena de leña, de una viejita, con la que recorrió un sendero escarpado, mientras ella le contaba su "historia"; juntos, luego, colocaron un ramo de flores al Crucificado, colocado en el ángulo del sendero.

 

Otra viejita le preguntó : "Da dove elo lu siór ?" "Mi son de Belún". "Ma ora dove elo prete ?" "Son prete a Vittorio Vèneto". "Ah ! da kuéle parti i vién kassù d'istá, i pesta l erba de l prà e i me porta via i pon senza domandarme.. Kuei là no i konose la nostra fadiga e ke noi son poareti". "Ma, signora", - rispose Luciani - vardé ke i e bona gente, da l cor grande ...". "Ben, ben ... sarà vero", ("¿ De dónde es Ud., señor ?". "Yo soy de Belluno". "¿ Pero dónde es sacerdote ?". "Soy sacerdote en Vittorio Veneto". "¡ Ah ! de aquellas partes vienen acá en verano, pisan la hierba del prado y se me llevan las manzanas sin preguntarme. Aquéllos de allá no conocen nuestra fatiga y que nosotros somos pobrecitos". "Pero, señora", - respondió Luciani, -mire que son buena gente, de corazón grande ...". "Bueno, bueno ... será verdad"), concluyó la viejita moviendo la cabeza. Una semana después, pasando por aquel lugar, Luciani le regaló una damajuana de vino. Y, en el Paso Valles, se detenía recoger fresas y arándanos, "como de niño, con mi madre".

 

 

Encantado de la naturaleza

 

"Y Luciani revivía los años de niño y de adolescente, extasiado ante la vista de las montañas; contemplaba los prados en flor, los árboles resinosos ... las flores en las ventanas de las casas, los capiteles a los lados de los caminos, siempre con un ramo de flores de prado. Y también él las recogía, porque así "me ha enseñado mi madre". Y obispo escribirá : " la fe llega así : la mano de mamá que indica la imagen de la Virgen, que hace mover las manitos del pequeño y le enseña a hacer la señal de la cruz; la voz de mamá que enseña una oración mientras camina y tiene al pequeño de la mano". S divierte tocando la nieve, hundir las manos en las aguas frescas de los torrentes".

 

 

Pobres curas y corriendo detrás de un cerdito

 

"Una vez, en una curva del camino de la Val Zoldana, hacia el Paso Staulanza, recorre a pie un tramo del camino con el obispo de Belluno y Feltre, Mons. Gioacchino Muccin. El secretario recogerá más tarde con el auto a los dos "curas", sentados cerca del torrente. Riendo sobre ésto, contaban : "Se ve que los de la Curia van de dos en dos. Nos han confundido con los de la Oficina Administrativa y nos preguntaron si queríamos comprar terreno por estos lugares ... Aquella gente, después, se fue, diciéndose : "Son dos pobres curas ... no entienden nada de estas cosas". Y, dándose vuelta, uno dijo : "Si lo necesitan, nosotros conocemos (!?)  bien al Obispo de Belluno y al de Vittorio Veneto ..."

 

Una vez, regresando a casa, se detuvo, después de Agordo (BL), para ayudar a una mujer que, con su niña, intentaba atrapar un cerdito, fugado del establo y que saltaba feliz por la calle ... finalmente libre".

 

don Francesco Taffarel

 


 

En París

 

"París es la primera etapa en el exterior luego de la nómina de Luciani como Patriarca de Venecia. (...) La ocasión es la hermandad entre la Basílica de la Salud y la iglesia de St. Eustache, en París : una iglesia francesa utilizada para grandes conciertos, ocasión para el grupo guiado por Palewsky - enamorado de Venecia - de hacerse cargo de la restauración de la Basílica e la Salud. (...) Son jornadas intensas de encuentros oficiales. (...) Los momentos más íntimos son a la mesa o después de la cena con el cardenal Marty. (...)  Pero, para mí, los nuevos momentos vividos con el Patriarca han sido nuestras salidas, en clergyman, para la vista al Louvre, a Notre Dame, a St. Germain-des-Près, a St. Severin, a la Madeleine, al Sacré Coeur, luego, de Montmartre a los grandes boulevards, a la Bastilla, al Panteón, a Montparnasse, a los Inválidos, a la Torre Eiffel, a los Champs-Elysées, al metro. Una mañana, el Patriarca, habiendo salido solo muy temprano, había dado una vuelta por algunas librerías comprando algunos ejemplares : lo encontré en un bar mientras charlaba, en el Barrio Latino : Regresamos para dar dos pasos a lo largo del Sena. Luego, volvimos a visitar Notre Dame y la Ste. Chapelle. Regresamos al final de la mañana a casa del cardenal Marty, antes de tomar el avión en Orly para Milán-Venecia".

 

don Mario Senigaglia

 


 

Un fantástico autor de travesuras

 

"Silvia Tancon, pariente del Papa Luciani, ha sido maestra durante 40 años, en la escuela elemental de Canale (1931-1970). Y aquí recuerda que los viejos colegas decían que Albino era un chico muy inteligente y vivaz. ¡ Un fantástico autor de travesuras ! (...) Entre varias preguntas que le hice a Silvia, no podía escaparse ésta : "¿ En qué pensó cuando Luciani se convirtió en Papa ?" Sonrió largamente y me respondió : "Lo había predicho ...". En efecto, invitada a ir a Roma para su consagración episcopal (1958), respondió : "No puedo ir esta vez, pero iré cuando lo hagan Papa". Y hacia allí fue, como había prometido. Se diría una simple ocurrencia, pero ¿quién dice que no fuera una inspiración profética ?"

 

 

Distinguido como un señor

 

Marcellina De Mio, conocida de Luciani, "habla con gusto de Albino, como si fuera uno de casa. No lo conoce tanto, pero le han bastado dos encuentros para estimarlo y amarlo. La primera vez, lo encontró en el autobús, joven sacerdote, que viajaba desde Agordo a Canale. Fue golpeada por su finura. Cuenta : "Estaba de pie, en el fondo del autobús. Callaba, miraba, sonreía a todos con un cierto señorío. Estaba allí modesto, pero distinguido como un señor. Lo observé y no lo olvidé más a ... este curita".

 

don Cesare Vazza

 


 

Fingiendo no ver

 

Un cierto año, los seminaristas de la clase superior a la mía organizaron una solemne burla a espaldas de los más jóvenes. Don Albino se encerró en su habitación fingiendo no ver. Sabía que estábamos demasiado desprovistos de equipamiento deportivo y de pasatiempos y nos decía a menudo : "Si tuviera dinero, les compraría algún juego, pero ¡ estoy completamente en rojo !"

 

don Aldo Belli

 


 

Un desperfecto en la autopista

 

"Había sido una bella, aunque fatigosa, pausa nuestra carrera de aquel fin de semana de Milán al San Gottardo, de Basilea a Muttenz, del Santuario de Mariastein con los emigrantes italianos, desde la Saboya a Annecy (la tierra de San Francisco de Sales y de Sta. Juana Francisca de Chantal), desde el túnel del Monte Blanco y del Val d'Aosta hasta Venecia. Una pausa rica de recuerdos y de amistad que crecía en un diálogo sereno.

La mañana después, martes 15 de junio de 1971, retomamos la ya vieja "Lancia Flavia" y partimos para Roma : a la tarde habría iniciado la Asamblea General de la CEI. Todo anduvo bien hasta Fabro. Una parada para un cappuccino, una llenada de tanque, una controladita a agua y aceite y, después, en marcha hacia Roma. A 12 kms.  de Orvieto, el auto da signos extraños : algo no va. Disminuyo la velocidad; me detengo en el carril de emergencia cerca de una columnita SOS : "nunca se sabe". Abro el capot, observo : no meto mano, soy un "buranello" (natural de Burano), un isleño al que le cuesta también nadar ... Pruebo a arrancar, pero, esta vez, la "Flavia" ¡ ha decidido quedarse a observar el panorama ! Miro al rostro al Patriarca : nos sonreímos uno al otro y me sacó del comprensible dilema : "¡ Llegamos temprano ! Mejor hoy que ayer : haz sonar la campanilla SOS y esperemos : el tiempo es bueno". Poco después,, llega el camión de auxilio ACI : parece una consulta sin resultado. Nos engancha y remolca hasta la salida de Orvieto donde está el taller mecánico. El Patriarca hace sus comentarios : nos parece estar en una carroza, con la gente que nos sobrepasa y nos saluda : alguno, leyendo nuestra patente VE, toca la bocina. ¡ Puede suceder ... también en las mejores familias ! ¡ En panne !

El problema técnico nos hace pensar que habrá que programarse para llegar a Roma en tren, dejando el auto en Orvieto : "un pistón : yo aquí no tengo repuestos y hay que esperar hasta mañana a la tarde ". No nos queda que cambiar de programa : el horario de los trenes nos permitirá comer un bocado en el vecino restaurant, luego, en taxi, hasta el tren.

Pero logramos llegar a la Asamblea de la CEI, con anticipación, no obstante todo. El jueves a la tarde, los amigos me llevaron a Orvieto a buscar la vieja "Flavia" arreglada (cenamos, entre secretarios, en un bello ángulo de Todi, con el típico plato del pichón)".

 

Un viaje a Lourdes

 

"Del 29 de junio al 6 de julio de 1971 participará en la peregrinación a Lourdes con el tren de los enfermos de la UNITALSI Triveneta. Le había pedido de no acompañarlo : en 1958 había ido yo también como peregrino a Lourdes y no quería volver nunca más. "No tengo ganas : ha sido casi un compromiso que entonces había asumido". El Patriarca me había escuchado en silencio : le contaba del largo viaje en tren con los "marroquíes", las interminables jornadas de lluvia, las largas horas de oración en la "gruta", el "via crucis", la procesión con aquellas lacerantes invocaciones, la larga espera para el baño en la piscina y luego el rechazo personal ... El Patriarca me escucha : "No te preocupes; llevaré conmigo un seminarista : tal vez te habría hecho bien ir con los enfermos ..." Acompañándolo al tren de la UNITALSI, que partía aquella tarde, lleno de enfermos, estaba viviendo mi momento de rechazo : él nunca me lo hizo pesar. De regreso con los más de mil peregrinos vénetos y venecianos, me trajo de regalo (yo esperaba, al menos, una corona del rosario) una fabulosa caja de chocolates : me la entregó con un abrazo : "¡Te he echado de menos ...!" ¡Y yo me quedé mal !"

 

 

Recibiendo la Comunión  de manos del Patriarca  en ... ¡ traje de baño !

 

"Encuentro y Misa celebrada en el Camping "Nuova Venezia" en Treporti. Al aire libre : en el centro, una fuente y un paseo con negocios. Los visitantes no eran alemanes sino italianos, mejor, vénetos. El párroco, don Roberto, había preparado todo a la perfección : tocaba la pianola, cantaba, comentaba : había tanta gente : ¿ quizá por curiosidad ? ¿una Misa celebrada por el Patriarca en un camping ? Un silencio religioso y una participación excepcional : parecían todos "de casa". En la Comunión, la larga letanía de personas más o menos jóvenes : ¡ yo sostenía, con curiosidad, la "patena"! "El Cuerpo de Cristo", "El Cuerpo de Cristo" ... Llegó también una joven y bella señora en "tres piezas" : traje de baño, anteojos de sol y pañuelo en la cabeza : "El Cuerpo de Cristo"... dijo él y, esta vez, fui yo quien respondió : "¡ Amén !" No se perturbó. El párroco continuaba tocando y cantando. La Misa terminó y hubo un bello refresco con este extraño Patriarca que estrechaba las manos que se le tendían de los visitantes vestidos a la italiana en el camping y preguntaba la proveniencia. Escribí un artículo-crónica en el semanario católico de entonces "La Voz de San Marcos" : ¡ no le gustó aquella mención de las "tres piezas" !

¡ Pero, uno de aquellos domingos, nos la gozamos en Passariano de Udine en la Muestra del Tiepolo, como dos turistas, con tanta guía-catálogo comprada y un bello paseo con cerveza y pajita en la mano por el maravilloso parque antes de la caída del sol !"

 

don Mario Senigaglia

 


 

Lo han confundido con el secretario

 

"Quiero recordar otro encuentro, esta vez, más colectivo, realizado en Venecia en 1975. Yo formaba parte de una comisión ecuménica internacional entre la Iglesia Católica, la Federación mundial luterana y la Alianza de las Iglesias reformadas. El día en que nos ha sido anunciada la visita del Patriarca de Venecia, mis colegas sacaron a relucir la mejor vestimenta. Sobre todo, los no católicos se esperaban un jerarca imponente, solemne, en pompa magna, con gran séquito. Cuando la barca de motor atracó cerca de la sede de la reunión, bajó un cura vestido con sotana y abrigo negros; lo han confundido con el secretario. Durante un breve encuentro fraterno, el Patriarca, ornado sólo con una modesta cruz pectoral, ha conquistado a todos con su trato simple, sereno, cordial, sonriente. Nuestros amigos no católicos han recibido una profunda impresión".

Card. Josef Tomko

 


 

La oración solitaria

 

"Era la Cuaresma de 1978. En el silencio y la penumbra de la iglesia de Canale D'Agordo, Luciani, Patriarca de Venecia, estaba allí, de rodillas, con la corona en la mano, mientras recitaba el Rosario. Estaba solo, casi escondido detrás de la columna, a la derecha del presbiterio, tal vez en aquel lugar preferido de muchacho y seminarista. (...) Habría sido una lástima interrumpir aquella oración solitaria ... pero he podido así llevarme la última imagen viva de Luciani : él, de rodillas, con la corona e la mano. No lo veré más, sino en la TV, sonriente mientras entra en el Cónclave y más sonriente todavía de Papa en el balcón de San Pedro, que bendice a sus fieles "urbi et orbi". No lo veré más, con la corona e la mano, sino dentro del féretro, en la rigidez de su muerte.

Justo como un niño, Luciani estaba allá en la iglesia, de rodillas con la corona en la mano. Inmóvil, con la cabeza gacha, parecía que veía a alguien ... en la intensidad de una  oración simple, pero contemplativa, como es el Rosario".

 

don Cesare Vazza

 


 

"¡Yo también querría tener una barba tan espesa!"

 

"Quedándose delante de la estatua del Papa Luciani, en la iglesia de Agordo, el pensamiento vuelve al vivo recuerdo de los encuentros, que me vieron presente, tenidos con él, con grupos eclesiales en Venecia. El buen Patriarca conocía el difícil arte de no colocar en aprietos a ninguno y así, cuando sucedió, en el momento de las presentaciones, que yo fuera presentado con demasiada rapidez, dando la sensación de haber sido justo solamente la última rueda del carro, mirándome y sonriendo, el prelado dijo bondadosamente : " Querría yo también tener una barba tan espesa !", refiriéndose a la mía.

El episodio que, sin embargo, creo más significativo, se verificó en el patriarcado : estaban presentes personas de diferentes edades; muchos interrogaban al Patriarca, que respondía siempre con mucha cortesía; puntualizó también el valor del título cardenalicio. Luego enseguida, alguien le preguntó si le hubiera gustado convertirse en Papa. Pronta y humildemente, el Patriarca respondió : "Con todos los compromisos que el Papa debe afrontar, ¡ es mejor que no ! Ahora el Papa es viejo, pero el próximo deberá ir a todas partes del mundo, según las exigencias modernas, por lo tanto ¡ es mejor que no !". Así recuerdo a mi inolvidable Patriarca !"

 

Paolo Polesso

 


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