Las florecillas del Papa Luciani

 

Parte XIX

 

 

 

 

 

 


 

TESTIMONIOS VENECIANOS Y OTROS (Parte IV)

 

 

¡Era el más santo!

 

 

Él me pidió que no le hiciera elogios (¡sólo para el Papa Luciani!), pero siento el deber de hacerlo por su gentileza en concederme la entrevista que, con tanta simpatía, ha querido concederme. Mons. Gino Bortolan, ochenta y seis años bien llevados y un montón de cargos a sus espaldas, entre los cuales: Director del Museo Diocesano de Sant'Apollonia, Director del Archivo Histórico Patriarcal, Secretario de la Comisión de Arte Sacro.

Dice que está cansado y que quiere renunciar a fin de año al cargo en el museo. (N. d. a.: renuncia que se hizo efectiva el 18 de diciembre de 2004).

 

 

 

 

 

Una foto que no gusta

 

Me indica un libro que yo agarro y se lo alcanzo. "Este libro ha sido escrito por mí por orden del Cardenal Luciani y cuando le di la primera copia, todavía en borrador, al Patriarca, no quería que pusiera la fotografía suya aquí adelante".

 

¿Por qué no?

 

- "Ehhh, no quería y entonces dije: "Oiga, Eminencia, no se trata de... ¡se trata de historia aquí! Es el último Papa que vino a Venecia y hay que recordar el evento, ¿no?". Y entonces se quedó callado y él, no por ofensa sino a propósito, me ha hecho poner mi nombre en el fondo, y yo no lo ponía ¿no? Ve, este libro aquí es el anuario de la diócesis y me dijo: 'Don Gino, pon alguna noticia también de las iglesias'. Este es el anuario que ha sido impreso mucho más completo del acostumbrado porque con cartas topográficas y también las fotografías de todas las ex catedrales hoy suprimidas que existen dentro del Patriarcado. La historia de todas las iglesias de la Diócesis. Ha pagado todo el Patriarca Luciani. Es el único libro que existe todavía. Pero para todas las iglesias de la Diócesis no existe otro que este".

 

 

 

Foto utilizada para la tapa

 del Anuario Diocesano 1974

 

 

Venía él a abrir la puerta

 

- "Estuve muy cercano al Patriarca. Vino en el '70. Yo era Director del Archivo Histórico Patriarcal y por eso estaba en contacto a menudo con el Patriarca por los documentos, y en el '72 me nombró Secretario de la Comisión de Arte Sacro. A cada rato subía y bajaba a casa suya. Piense que tocaba el timbre y arriba por la escalera de la curia. Es la misma escalera. Tocaba el timbre y venía él a abrir la puerta. Apenas abierta la puerta: 'Don Gino, ¿qué hay?' 'No sé, el documento, quería pedir una firma, un consejo, una aprobación'. Y se sentaba enseguida en la primera silla que había ahí, detrás de la puerta, apenas se entraba y allí se arreglaba todo en un instante".

"Una vez se trataba de cuestiones un poco más delicadas: 'Hay que oír a su Excelencia, Mons... de Roma...'. Se levantó, fue al teléfono, habló y arregló así, en un instante. Me encontraba bien por esto, ¿no?"

 

 

Mons. Gino, intercesor...

 

- "Luego, como iba y venía a su casa, había un poco de amistad también con las monjas. Las monjas decían: 'Don Gino, diga a su Eminencia que se ponga el sobretodo'. Era enfermito. Era muy delicado. Dicen, pero... Su médico, muerto también, que vivía cerca de mi casa, la misma casa, la puerta siguiente, e iba a menudo el médico. Era débil, débil. 'Diga a su Eminencia que se ponga el sombrero'. Porque no se encuentran más aquellos sombreros redondos de los curas y él no quería ponerse el sombrero y salía sin sombrero. Salía sin cruz delante, escondida, sin solideo. Y parece un curita cualquiera. También caminaba solo. Subía al vaporetto. Simplicísimo".

 

 

"¡Qué montañés testarudo!"

 

- "Luego, yo tenía bastante confianza. Era alumno del Vicario General que me quería mucho por eso por tantos motivos se iba a menudo a casa del Patriarca y ha tenido dificultades bastante grandes con los curas de izquierda. Había diferentes y decían: "¡Qué montañés testarudo, no entiende nada! ¡Cuando dice una cosa no cambia más!' Y, en cambio, era justo porque él amaba la ortodoxia. 'El Papa dijo así y se hace así. No puedo cambiar yo aún cuando personalmente - decía - yo hubiera tenido alguna otra idea.  El Papa ha hablado, ¡basta!'. Decía siempre así, ¿eh? Y no es que él fuera testarudo.

 

Una vez también me dijo: 'Sabes, don Gino, no puedo seguirte justo como querría porque ¡tengo tanto que hacer! De Roma me mandan todas las revistas teológicas para examinar'. Esconde su ciencia, su saber en la simplicidad en el hablar, pero que fuera profundo teólogo esto yo lo sabía. De una universidad teológica le mandaban las revistas para determinar si eran ortodoxas. Las vi yo con mis ojos las revistas sobre su mesa. Era simple en el hablar. Y otros sacerdotes: '¡Es un párroco de campo!' Vino en visita pastoral a mi iglesia - yo era párroco - y ha hablado en todas las Misas y todos escuchaban esta simplicidad.

 

Luego yo empecé el Camino Neocatecumenal aquí, en Venecia, y en Roma olía un poco... no sé... Tenían dudas de esta cosa nueva, de esta iniciativa nueva. Llamaron a Roma al Patriarca y me acompañó a mí que era el cofundador. El movimiento nació en España y yo fui el primero aquí. En fin, fuimos a Roma juntos. Luego me contó que él entró a hablar con otro cardenal. 'Sabes, dije así: 'Si don Gino Bortolan, párroco de Santa María Formosa, y don Luigi Zane que está junto a mí - ('que ha comenzado después que yo', dice don Gino) están contentos con este movimiento y yo, conociendo los dos sacerdotes, para mí está bien'. Y entonces el Cardenal "ad experimentum" dejó hacer".

 

 

"¿Estás loco?"

 

- "Una vez volvía con él de Torcello por la fiesta de la Asunción. Él iba siempre aquel día, y regresando pasamos delante de una islita que está cerca de Torcello, una parroquita: 'Tendría el deseo de retirarme. Tengo demasiado que hacer, Eminencia. Déjeme hacer de párroco aquí'. '¿Estás loco?' Porque tenía tanto qué hacer: yo era párroco de una parroquia muy grande; era Director del Archivo Patriarcal; era Secretario de la Comisión de Arte Sacro, por las iglesias que se estaban construyendo y luego por todos los permisos, las facultades por las artes, por las iglesias, por las ventas y entonces, en un cierto momento, en el '76, ha aceptado mi renuncia como Director del Archivo y me nombró, en cambio, Director del Museo de Arte Sacro que se tenía que hacer y transferido como párroco de Santa María Formosa a una iglesia rectorial, aquí en San Marco. Y me dijo: 'Un párroco lo encontramos, un experto es más difícil. Ahora tu harás de experto'. Contemporáneamente me hizo también delegado de la Escuela Dálmata, consultor del UCAI y me ha nombrado también monseñor".

 

 

"Consolador sufriente"

 

- "Íbamos con Mons. Bosa con frecuencia a casa del Patriarca y decíamos: 'Eminencia, no se tome tanto trabajo con estos curas que hacen...'. Él había suspendido la FUCI porque aceptaban el divorcio. Y él no quería aceptar nuestras... En fin, quería permanecer escondido. Así, de modo que no tuviera tanto peso, que no tuviera tanto sufrimiento. 'Mire, no todos los curas son así. Mire que nosotros lo estimamos, estamos listos para cumplir sus deseos'.

Una vez, lo vi yo con mis ojos, el papá y la mamá de una sacerdote que aún vive y que lloraban porque el cura se hacía un poco el tonto. En fin, así. Y, antes que estar disgustado el Patriarca con este cura que era un poco extravagante, era él que consolaba a los padres: 'Verá, es joven'. Yo estaba ahí cerca y oía. No se diga el nombre y el apellido porque vive todavía. Yo soy testigo".

 

 

El bar donde los Patriarcas se convierten en Papas

 

- "Vino a mi parroquia - yo era todavía párroco - y dejaron en herencia un vasto departamento a una obra pía destinado como alojamiento - aún ahora todavía - para personas solas, mujeres solas. Habitaciones, cocina. Y cuando fue inaugurado este reparto, digamos, para personas ancianas, vino el Patriarca en persona. Bendecidos los locales, dijo dos palabras y luego bajó. Cuando vino, yo dije: 'Eminencia', - como nadie había ofrecido nada - '¡venga, venga! En frente hay un bar. ¿Toma algo, un café, un vaso de vino?' 'No...'. 'Oiga, Eminencia, aquí dentro acompañé también al Cardenal Patriarca Roncalli. Se convirtió en Papa. ¡Venga también usted! ¡Quizá también usted se convierte en Papa!' Se puso a reír. ¡Uhhh, una gotita, una gotita así de vino tomó!".

 

 

En figurillas por el agua alta

 

- "Otra vez, apenas llegado, había agua alta y, en un cierto momento, no pasaba más para llegar a su casa a pie alrededor de San Marcos y el secretario, que se adelantó corriendo, busca un par de botas y yo dije: 'Excelencia - no era todavía Cardenal - vea, en Venecia debe aprender a caminar. Aprenderá usted también a conocer Venecia. Estaba parado. No podía ir ni hacia adelante porque el agua crecía".

 

 

 

 

 

 

El Patriarca estudia para Papa

 

- "Ve que estuve muy cercano. Pero cuando lo hicieron Papa no fui porque tenía tanto que hacer. Pero dejémoslo tranquilo. Iré más adelante.".

 

Pero, ¿qué cosa sintió cuando lo hicieron Papa? ¿Se lo esperaba?

 

- "Para mí no fue una cosa improvisada pero comprendí que era una persona digna, en su simplicidad. Comprendí también que en su profundidad de doctrina, ¿entiende? Luego, yo estaba también un poco preparado porque en la parroquia tenía una comunidad de monjas austríacas y las monjas venían a mí para la Misa. Un día, dos años antes de ser Papa, la Madre Superiora me dice: 'Don Gino, no venimos más a Misa con usted porque el Patriarca nos rogó que fuéramos a Misa con él, en alemán'. Aprendía el alemán. Luego, don Mario que era secretario, lo había hecho párroco junto a mí. Me dio la rectoría de Santa María del Giglio y a él la parroquia vecina, Santo Stefano. Es todavía párroco de Santo Stefano, porque empleó a un sacerdote orionino que estaba en Londres y decían el breviario juntos, en inglés. Había dicho: 'Si hubiera estudiado un poco menos griego y hebreo y supiera ya un poco las lenguas modernas, a mí me serían más útiles ahora'.  Luego está claro que alguien le dijo: 'Estás en la rosa, ¡prepárate!'. Es imposible admitir, estudiar el alemán y el inglés contemporáneamente.

Algunos grupos de cardenales, previendo el fin del Papa, han tenido ya una idea antes. Parece imposible que, en una jornada, todos los cardenales del mundo votan y eligen a uno. Y él enseguida Papa, ¿no?".

 

Pero tal vez, pienso, el estudio de las lenguas para los turistas, aquí...

 

- "¡No, no! Entonces, se habría puesto a estudiar antes. No un año antes de que muera el Papa. Estaba ya desde el '70. Luego decía: 'Yo no soy curial'. No iba a menudo a Roma. No iba con la Curia Romana. Paulo VI una vez le preguntó: 'Eminencia, ¿cómo es posible que no venga tanto a visitarme?'. y él respondió: 'Tengo ya bastantes dificultades. ¿Quiere que venga a cargar a Vuestra Santidad con mis dificultades?'

 

 

Nace el Museo Diocesano de Arte Sacro

 

- Otro cargo que me ha dado el Patriarca Luciani ha sido el del Museo. El Patriarca Urbani había ya iniciado la recolección de objetos sacros, paramentos, platería sacra y había encargado a un sacerdote que fuera por las iglesias porque estaba, luego del Concilio Vaticano II, la reforma litúrgica. Ciertos objetos, ciertos paramentos no se usaban más y sucedía que algún cura también, digamos la verdad, no muy ubicado, vendía: '¡No sirven, vendamos! ¡Hagamos otras cosas!'. No digo que pusieran el dinero en sus bolsillos, por Dios, pero no se pueden vender los bienes eclesiásticos sin un permiso, ante todo, de la autoridad eclesiástica, y luego el control de la autoridad estatal por una ley de 1939 que controla los bienes eclesiásticos sacros y este sacerdote ha sido un poquitito apurado se ve y tenía dificultades para recuperar estas cosas y llevarlas a la sacristía de San Marcos. No había todavía un local listo y las cosas estaban depositadas ahí. Los curas protestaban: '¡Cómo! ¡Tuve que llevar el paramento y ahora está puesto en un depósito en San Marcos!'. Entonces han cambiado de sacerdote y me encargaron a mí que era Secretario de la Comisión de Arte Sacro y éste ha sido Luciani. Y Luciani luego, dado que la Procuraduría de San Marcos había comprado al estado este y este local, ha querido que parte fuera destinada a Museo de Arte Sacro. Se hizo una exposición de los caballos de San Marcos. Me dieron a mí las llaves y me dijeron: '¡Basta, arréglate!' Y por eso párroco, Director del Archivo, Director del Museo, Secretario de la Comisión de Arte Sacro y ahora, por estos motivos, estuve siempre junto al Patriarca. Luciani amaba mucho el arte y había favorecido mucho el trabajo. Me apreciaba y también me sostenía. Y ahora yo presento mi renuncia este año".

 

Después, Mons. Gino me leyó el Decreto por el cual el Patriarca Luciani instituía el Museo luego de lo cual agregó: "Este ha sido Luciani que me ha encargado con buenas maneras. He visitado todas las iglesias de Venecia y yo decía: '¿No tienen algo en el desván, en los cajones?'. Diciendo así, los párrocos me ayudaron con gusto. Y esto ha sido obra del Patriarca Luciani que se puso de acuerdo con el Superintendente de entonces que era su amigo porque había sido inspector del arte estatal de la Superintendencia en Belluno y se conocieron en Belluno. El Patriarca Luciani enseñaba arte en el seminario y con él se ha encontrado en Venecia, uno Superintendente y uno Patriarca y han continuado la colaboración. Hemos trabajo con la amistad no con contratos. Pasaron treinta años y estoy todavía acá.

 

El Patriarca era también bastante diplomático. El Cardenal Luciani, con fecha 30 de agosto del '77, escribía al primer Procurador de San Marcos, ingeniero Giovanni Favaretto Fisca, pidiendo que,' de acuerdo con el Superintendente, fueran destinados al museo suficientes locales del complejo de Sant'Apollonia, suficientes para su actuación', y agregaba: 'y ni siquiera para el decoro de Venecia y de la Diócesis pienso se pueda volver atrás sobre un museo que sea simple depósito'. Los "desiderata" del Patriarca eran acogidos por la Procuraduría porque no ha dicho 'quiero, ordeno' sino "desiderata". Deseo pero subrayada la palabra "desiderata". No era estúpido. Mons. Gino continúa con la lectura: "El 12 de noviembre de 1977, terminada la exposición de los caballos de San Marcos ubicada en Sant'Apollonia por la Procuraduría, una comisión compuesta por el secretario de la Procuraduría, por miembros del mundo artístico estatal y ciudadano se establezcan los locales adecuados. El Cardenal Patriarca, - siempre Luciani - con fecha 19 de noviembre, agradecía a la comisión 'por la solución que parece feliz y rogaba a la Procuraduría de proceder a cuanto fuera de su competencia'.

 

Se interesaba de lleno también por los bienes artísticos y cuando tenía algún cura así: 'Don Gino, por favor, anda a ver. Diles que se queden tranquilos. Diles que no toquen, que pidan los permisos competentes'. Porque la autoridad civil amenazaba también con denuncias, ¿no?. Y un cura fue denunciado, un párroco, y recibió seis meses con la condicional, medio millón de multa. Y los curas protestaban porque el Patriarca no se interesaba. No imaginaba que fuera condenado, ¿entiende? Y entonces me encargaba a mí para que fuera en persona de ronda por estos curas. De San Marcuola él recibía una carta: 'Sabes, el párroco se deshace de las cosas antiguas'. Y entonces me ha llamado: 'Don Gino, por favor'. Y fui allí. Y el párroco: '¡Mire qué hermoso escritorio, moderno!'. '¿Y el viejo?'. 'Está roto. Me tuve que deshacer!'. Cuando le dije al Patriarca: 'Oiga, Eminencia, es un buen cura pero de arte ¡no entiende nada!'. Hay que compadecer también otras ocasiones similares, otros sacerdotes, otras iglesias. Di vueltas. Me mandaba en persona. Por esto tenía tantos contactos con Luciani".

 

 

 

 

Todavía el '68

 

- "Ha sido un período muy difícil. Luego del Concilio hubo un momento de desbande. El '68, ¿entiende? El '68 ha influido también entre los curas y continúa todavía un poquitito".

 

Lo sé, lo sé porque me acuerdo que el año pasado fue publicada en "Il Gazzettino" una carta de un cura que se oponía a la beatificación del Papa Luciani. Por eso no me parece extraño.

 

- "Y aquel cura dijo cuando oyó que se había convertido en Papa: '¡También el Espíritu Santo se equivoca!'. Y cuando murió dijo este cura: '¡Ah, el Espíritu Santo se arrepintió!'. ¡Piense un poco!".

 

 

Antes de despedirnos, Mons. Bortolan me dijo que había conocido ocho Patriarcas pero el más santo, para él, era Luciani.

 

 

Mons. Gino Bortolan

de una charla con la autora

18 de noviembre de 2004

 

 

 

Museo Diocesano de Arte Sacro de Sant'Apollonia

 

 

Dos imágenes del claustro

 

 

 


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