Las florecillas del Papa Luciani

 

Parte XIV

 

 

 

 

 

 


 

TESTIMONIOS VENECIANOS Y OTROS (Parte III)

 

 

 

Polémica por una carta irrespetuosa

 

En "Il Gazzettino" del 30 de agosto de 2003 apareció publicada una carta escrita por don Enrico Torta, párroco de Ca' Vio (Patriarcado de Venecia), respecto de la Causa de Beatificación del Papa Luciani, que ha suscitado bastantes comentarios de desaprobación, a los que me uno desde esta página como autora del sitio y profunda estimadora del Papa Luciani. Quiero agregar la vergüenza que siento tratándose de un cura del cual Luciani ha sido obispo y padre, que quiere ponerse en lugar del Santo Padre y, en cierto modo, desaprobando la libre elección de Juan Pablo II de autorizar el comienzo de la Causa de Beatificación. El Señor perdone la ofensa hecha a la Iglesia Universal.

Gloria C. Molinari

Venecia, 5 de enero de 2004

 

He aquí la carta reproducida integralmente y luego dos de las intervenciones en respuesta al párroco veneciano:

 

"La Iglesia debe saber recoger cosas nuevas"

Me permito una reflexión luego de haber leído el artículo sobre el Patriarca Albino Luciani.

 

No es este el tiempo ni para las adulaciones de rito, ni para las polémicas. Quizá, este, es el tiempo del silencio sobre el pasado y de una gran libertad para hablar sobre el presente. Silencio y estima recíprocos serán el binomio vencedor. Somos todos, no lo olvidemos, del Papa para abajo, parciales lectores de la historia: sólo juntos, como humildes hermanos de la verdad, podremos tener a "Cristo nuestra justicia" en el corazón. Por ahora, cada día, estamos todos bajo el signo de una infinita misericordia. Somos santos, lo sabemos, no porque buenos, sino porque el único bueno, si creemos verdaderamente en El, nos ha santificado para siempre.

 

Ninguno puede olvidar las grandes aperturas nacidas con el Concilio. Yo he vivido en pleno el '68 con todas sus utopías y sus sueños y con el dolor en el corazón por tantos caminos recorridos en la impaciencia y en la sangre.

 

Yo no soy un cura o un laico de la "intellighenzia": soy un cura normal, que hizo sus seis años de teología, al que le gusta escuchar y reflexionar; si es posible, leer y entender. Sobre todo confrontarme.

 

Yo creo que cada uno de nosotros, si tiene el corazón puro, tiene en sí, en las admirables caras de la verdad, un fragmento de la luz de Cristo. Lo importante es ponerlo sobre la mesa, dialogar, estimarnos en una verdadera "empatía". Venecia no es una ciudad cualquiera: ha sido y es encrucijada de pensamientos fuertes y de fuertes problemas sobre el hombre. No olvidemos qué ha sido para nosotros la realidad de Marghera. Vino el Concilio, puso la Palabra en el centro, nos invitó a la inculturación; nos dijo que levantáramos bien las antenas en los "signos de los tiempos".

 

La fe no es consumo religioso: es un riesgo jugado con Cristo en un Dios Crucificado. Algunos, quizá  miedosos de ir con la barca "al centro del lago, entre las ondas", prefirieron tirar el ancla en las "cosas antiguas" sin querer descubrir y recoger, en la red divina, las "cosas nuevas".

 

La Iglesia no puede ser un lugar del "quieta non muovere": es contra la Esperanza. La bondad, hoy, en estos tiempos de difícil cambio cultural, no puede ser más sólo una sonrisa o palabras de seductora emoción.

 

Bondad más grande es encaminarse juntos, con fatiga y paciencia, en los caminos de la escucha recíproca. Sin hacer callar a ninguno, en fraterna humildad, sin arrogarnos seguridades sino la Cruz y la Pascua de Cristo, sin dictados influyentes y, a menudo, autoritarios.

 

Si la Santa Sede elevará a los altares al Papa Luciani yo estaré feliz. Y también le rezaré, a mi modo. Pero estamos un poco, honestamente, inflacionados. 

 

De mi parte, si, en lugar de ser don Enrico, pudiera estar "vestido de blanco", aún antes pondría en el altar a una madre de mi parroquia que, desde hace casi cincuenta años, está crucificada de amor con el hijo discapacitado y lo besa como el primer día, ícono viviente de un Dios que se hace carne en el silencio de tanta humanidad desconocida.

 

don Enrico Torta,

párroco de Ca' Vio

de "Il Gazzettino",30/8/2003

 

Don Cesare Vazza replica al cura veneciano acerca del Papa Luciani: «Fue un maestro de humildad: ojalá todos tuviéramos un poco»

Agordo

La intervención de don Enrico Torta, párroco en Ca' Vio, en la prov. de Venecia, publicado por "Il Gazzettino" de días atrás, está haciendo discutir al Agordino. Las palabras escritas sobre el Papa Albino Luciani , ex Patriarca de Venecia, no pasaron inobservadas. Lo hace notar, primero, don Cesare Vazza, párroco en La Valle Agordina quien, sin dudas, llega a la conclusión de que la imagen de Luciani (que surge del artículo) está bien lejos de la realidad.

 

«¿Temeroso? ¿Cerrado? ¿Autoritario? Francamente le diré - dice don Vazza, dirigiéndose al cura de Venecia - que Ud. al verdadero Luciani no lo conoce, sino superficialmente. Cierto también él tenía límites, como cada persona humana, y los reconocía humildemente. Aún si estaba bajo el signo de la infinita misericordia de Dios y por esto se santificó en la fidelidad a lo cotidiano, llevando su cruz hasta la muerte».

 

Entre las afirmaciones de don Enrico Torta en el artículo "La iglesia debe saber recoger cosas nuevas"  también esta: "Si la Santa Sede elevará a los altares al Papa Luciani yo estaré feliz. Y también le rezaré, a mi modo. Pero estamos un poco, honestamente, inflacionados. De mi parte,  si pudiera estar "vestido de blanco", aún antes pondría en el altar a una madre de mi parroquia que, desde hace casi cincuenta años, está crucificada de amor con el hijo discapacitado y lo besa como el primer día".

 

Sobre esto don Vazza está de acuerdo, sobre el hecho de que haya tantas madres crucificadas de amor que merecen la aureola de la santidad. Pero el párroco agordino no duda en preguntar: "¿Y el Papa Luciani ?". De aquí la respuesta a don Enrico Torta. «¿Por qué el párroco de Ca' Vio quiere hacer la parte del diablo en el proceso de Beatificación cuando, a su tiempo, será establecido uno de oficio? Nosotros sacerdotes debemos tener la ingenuidad y la necesidad de prevenir el juicio de la Iglesia; basta escuchar y meditar las palabras dichas por el Papa actual en la audiencia del pasado 28: Luciani fue, ante todo, un maestro de fe, sin ceder a modas pasajeras y mundanas. Fue un pastor cercano a la gente, con serenidad y equilibrio. La humildad constituyó siempre, para él la primera regla de vida». Amarga la conclusión de don Cesare Vazza: «Tuviéramos nosotros un poco de esta humildad».

 

También el párroco de La Valle habla de amargura y perplejidad. Lo hace volviendo al artículo del sábado. «Es un artículo velado por tantas sombras. Ante todo, el "don" da a entender (entre  líneas) que los festejos por el 25° de la elección del Papa Luciani son adulaciones de rito. Da a entender que Luciani ha sido un temeroso que ha preferido tirar el ancla en las cosas antiguas, sin querer descubrir y recoger, en la divina red, las cosas nuevas. da a entender que la bondad de Luciani es sólo una sonrisa. En cambio, es un caminar juntos, sin hacer callar a nadie, sin arrogarnos seguridades, sin dictados influyentes y, a menudo, autoritarios».

 

de "Il Gazzettino", 2/9/2003

 

 

"Albino Luciani, ¡el Papa de la sonrisa!"

Sonríe y sonreirá siempre a todos desde el Cielo. (Fragmento del artículo en respuesta al cura veneciano)

 

(...) Quedé estupefacto leyendo, en "Il Gazzettino" del 30 de agosto pasado, la intervención de un párroco de la diócesis veneciana que concluía un largo desahogo histórico-eclesial suyo (debería haber sido una reflexión sobre Albino Luciani), invocando que "si la Santa Sede elevará a los altares al Papa Luciani yo estaré feliz. Y también le rezaré, a mi modo. Pero estamos un poco, honestamente, inflacionados. De mi parte, si, en lugar de ser don Enrico, pudiera estar "vestido de blanco", aún antes pondría en el altar a una madre de mi parroquia que, desde hace casi cincuenta años, está crucificada de amor con el hijo discapacitado...".

 

Querido don Enrico, yo no lo conozco, ¡pero sus palabras me han dejado no poco perplejo!

 

Me permito solamente recordarle que Ud. debería saber que, de estos santos en la tierra, como aquella mamá de su parroquia, desgraciadamente hay tantos y todos los días entre nosotros, pero tendría también que recordar que aquellas almas buenas y elegidas van derecho, derecho al Paraíso, sin ningún proceso de beatificación. Y, créame, podría ahorrárselo el término "inflacionados"; no es de buen gusto y desentona, sobre todo, si escrito por Ud. que es un cura. El Papa Luciani sabrá sonreír a todos, también a quien se expresa con irreverencia para con él. El continuará sonriendo al mundo entero y a vivir en la fe de tanta gente, de tantos jóvenes que, por otra parte, no lo han conocido en vida pero que lo pueden apreciar a través de sus escritos y de sus enseñanzas que son siempre actuales.

 

Giuseppe Mazzariol

Presidente de la Archiconfraternita Misericordia

Revista "Messaggio dell'Arciconfraternita di S. Cristoforo e della Misericordia di Venezia"

Nº 4, 2003

 

 


 

Un refugio

 

El párroco de la iglesia de San Francesco della Vigna, fray Adriano, me contó que el Patriarca Luciani solía ir a su parroquia. Sobre todo, cuando tenía problemas, se quedaba a almorzar o cenar o, también, a dormir en una celda preparada por los frailes.

 

Padre Adriano Campesato O.F.M.

de una charla con la autora

abril de 2003

 

 


 

Los '70: los años difíciles...

 

En aquellos años, la Venecia religiosa advertía los fermentos espirituales que se agitaban en la entera Iglesia Católica. Como ciudad de la cultura estaba agitada por problemas de arte, de historia, políticos y civiles. Como ciudad industrial (Mestre y Marghera), el nuevo Patriarca estuvo ocupado, desde los primeros tiempos de su misión, por el desarrollo de tierra adentro que favorecía el multiplicarse de las familias obreras que, abandonados los campos por las fábricas, pedían sacerdotes e iglesias, pero, en contra, procedía imparable la despoblación del centro histórico y de las islas.

 

Su acción fue siempre guiada por equilibrio debido a serenidad y claridad interiores, claridad en las intervenciones sobre el aborto, el divorcio y la ideología marxista que le procuró muchas amarguras de parte de los grupos de cristianos de la así llamada "apertura", demostrando claridad y estudio profundos en la consideración de fenómenos como la violencia y el terrorismo que produjo el asesinato de Aldo Moro.

 

Pero, justo, este comportamiento suyo, en perfecta línea con las enseñanzas del Concilio Vaticano II y los mensajes de Paulo VI, le procuró, como se dijo antes, mucho dolor. ¡Cuánto ha sufrido Albino Luciani durante su patriarcado en Venecia! Mucho, quizá demasiado. Los años setenta han sido signados por contestaciones y polémicas internas en la Iglesia, fomentadas también por algunos sacerdotes.

 

Acerca de su pensamiento sobre la violencia le venía contestado que contrabandeaba opciones ideológicas y políticas del todo opinables, etc. En aquellas mismas semanas, las ACLI (n.d.a. Asociaciones Trabajadores Católicos Italianos) invitaban a los inscriptos a adherirse al nuevo grupo del Manifesto, salido del PCI y también a simples adherentes a la FUCI se encontraron en esta posición. Otras polémicas signaron el interior de la diócesis con motivo de la visita de Paulo VI en 1972.

 

Algunos sacerdotes se pusieron en contra del Patriarca y formaron un grupo de curas obreros. La vanguardia revolucionaria y la vanguardia del Clero se encontraron acomunadas. El 1 de marzo de 1972, Luciani responde a algunos párrocos que pedían aclaraciones con una carta a los Superiores del seminario en la cual indica "las características del verdadero sacerdote" entre las cuales resultaban la obediencia y la docilidad al Papa y al Patriarca. Un grupo de sacerdotes escribió una carta al Vaticano pidiendo el alejamiento de Venecia de Luciani. Todo esto le procuró una de las penas más profundas de su patriarcado. El conoció la carta y no tomó ninguna medida contra los firmantes.

 

El referendum de 1974 sobre el divorcio provocó aún disenso entre el Clero y algunos firmaron a favor del divorcio. La FUCI publica un documento a favor. El Patriarca, entonces, disuelve la FUCI y escribió a los párrocos para que leyeran la Notificación de los Obispos, sin agregar algún comentario. "Roma locuta est, causa finita est", dijo San Agustín y nuestro Patriarca. Yo sentí personalmente decir que, como persona privada, él habría podido también discutir algún aspecto pero, como Obispo, debía aceptar plenamente las enseñanzas de la Iglesia.

 

El cardenal Luciani vivió entonces en su diócesis las mismas contestaciones de la Iglesia Universal. Y, sobre todo, sintió cuánto fue puesta en duda la autoridad del Santo Padre, por lo cual orientó su Magisterio hacia una total obediencia y en una rigurosa ortodoxia doctrinal.

 

Cuando predicaba el suyo era  el lenguaje de la fe del pueblo, no de la intellighentia. Era, sobre todo, el lenguaje de todo hombre cristiano.

 

Por lo tanto, años duros y difíciles y, para algunos, para olvidar, pero también años que mostraron el verdadero rostro de aquel que por treinta días será el "Papa de la sonrisa".

 

Ningún extremismo, entonces; ni siquiera centrismo, sino doctrina rigurosa y ortodoxa.

 

Mons. Gino Bortolan

de "Humilitas", abril de 2003

 

 


 

"Yo voy y cumplo con mi deber de obispo"

 

La iglesia del Sacro Cuore en Mestre, a cargo de la orden franciscana, ha sido objeto de la contestación, ya sea por parte de personas de la Iglesia veneciana, o fuera de ella, debido al costo de la misma. Deseada por el Card. Urbani y bendecida (no consagrada) por el Patriarca Luciani el 15 de agosto de 1971. La contestación había llegado hasta a amenazar con ocupar la obra donde se estaba construyendo la iglesia en via Aleardi por parte de personas que provenían, la mayoría, de la facultad de Arquitectura de Venecia. Luego, no lo hicieron. Los contestadores habían también manifestado su oposición con inscripciones vulgares y amenazantes en los muros de la nueva iglesia.

 

El padre Antonio Vitale Bommarco, arzobispo emérito de Gorizia, fue el ideólogo y sostenedor de la nueva iglesia. En una entrevista realizada por fray Luigi Ruffato contó lo que el Patriarca Luciani dijo cuando realizó la bendición de la iglesia:

 

"Recuerdo bien lo que me dijo: "Vinieron a verme algunos contestadores para invitarme a no bendecir la nueva iglesia del S. Cuore de Mestre. Respondí: 'Yo voy y cumplo con mi deber de obispo'". El Patriarca Luciani estaba contento con nuestro proyecto de iglesia. No hemos recibido cartas de sacerdotes contestadores aunque alguno ha hablado en contra durante las horas de religión en las escuelas superiores".

 

del libro "Cinquant'anni di vita cristiana" 1952-2002

   de fray Luigi Francesco Ruffato y fray Andrea Vaona

Parroquia del S. Cuore di Venezia-Mestre

noviembre de 2003

 

 


 

¡Ya no eres como antes!

 

Testimonio del propio Albino Luciani de cuando era seminarista y el párroco lo exhortaba:

 

Cuántas veces me ha dicho: "Pido siempre al Señor que tú puedas llegar a sacerdote, pero si un día no tienes más ganas de seguir adelante, mira que eres libre. ¡No me tengas en cuenta!". Eran preguntas, oraciones y exhortaciones aprendidas - me parece estar seguro - del párroco. A quien hice preocupar durante una de las vacaciones del seminario menor. No me ahorró, en aquella ocasión, avisos y advertencias, aún tristes: ¡Ya no eres como antes! Estás distraído, desobediente, poco devoto!". No habiendo, desgraciadamente, obtenido mucho, he aquí, el último día de vacaciones con el folio de la relación para llenar y entregar al rector sobre el escritorio. Yo estoy de pie, él sentado; escribe pero, cada tanto, suspende. Se ve que está perplejo; mueve la cabeza; yo me siento verdaderamente en culpa e infeliz; finalmente deja de escribir, firma, pone el sello parroquial, cierra la carta y me la entrega, diciendo:"No he podido hacer menos que escribir al rector que este otoño no estoy contento contigo. Más bien te advierto que le pido que te castigue". ¡No era de veras de aquellos que perdonan y defienden todo!

 

Mons. Albino Luciani, obispo

de una homilía, 20 de septembre de 1961

"Opera Omnia", 1988

 

 

 


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