Artículos de la prensa argentina

( Parte III )

 

" Juan Pablo I en la opinión pública "

 

Testimonios recogidos con motivo del fallecimiento del Santo Padre.

 

 

 

- "El Papa Juan Pablo I tomó muy a pecho su misión. Él deseaba dar tanto". (Hermana Marie Charles de París).

 

- "Sentí ese tipo de pena que muchos conocen : la muerte de un ser querido. Nos queda la memoria de un hombre que irradió gozo y serenidad con su atrapadora sonrisa". (Cardenal Basil Hume, arzobispo de Westminster).

 

- "En las escasas semanas de su reinado, el Papa Juan Pablo I se ganó el aprecio de su Iglesia y del mundo ... Nos sentimos muy apesadumbrados por su muerte". (James Carter, presidente de EE.UU).

 

- "La Iglesia ha sufrido un rudo golpe. Parecía que la elección de este hombre, relativamente joven, iba a permitir a la Iglesia trabajar tranquilamente durante un largo tiempo bajo su guía. Pero, obviamente, los planes del Señor eran otros". (Cardenal Stefan Wyszynski, arzobispo de Gniezno-Varsovia).

 

- "Esa noticia me sorprendió mucho. No sabía si era un sueño o una realidad. Los últimos tiempos, hemos pasado del dolor a la alegría y, de la alegría, al dolor, pero no nos olvidemos que, en definitiva, Juan Pablo era el Pastor de Dios sobre la tierra y que el jefe superior es Dios". (Mons. Pío Laghi, nuncio apostólico en Argentina).

 

 

- "Era un amigo : uno de nosotros lo tuteaba y lo llamaba sencillamente padre. Lo acompañábamos muy a menudo por Venecia, en sus visitas a las parroquias, desde su llegada como patriarca a la ciudad. Al atardecer, en verano, el patriarca paseaba por el muelle : nosotros lo saludábamos, queríamos besarle la mano, pero él esquivaba las ceremonias. Nos preguntaba cómo estábamos, sus hijos, nos conocía a todos. En Semana Santa y Navidad íbamos a presentarle nuestros saludos; estaba contento de vernos. Era un hombre sencillo, que quería a todos y todos lo querían; no hay familia en Venecia que no lo recuerde con agrado, que no tenga una foto suya, tomada con ocasión de un bautismo o de una comunión". (Gondoleros del muelle de San Marcos, en Venecia).

 

- "Fue una cosa tan repentina que nos ha dejado muy consternados. Es una pérdida muy grande en la historia de la Iglesia en este nuevo capítulo que se estaba abriendo con grandes esperanzas. Estamos muy doloridos y creo que este sentimiento lo siente, no sólo el pueblo de Argentina, sino el mundo entero, porque nos había ganado el corazón de todos". (Cardenal Juan Carlos Aramburu, arzobispo de Buenos Aires).

 

- "Con un suspiro había conquistado el amor de todos, como un suspiro se ha ido. Su trabajo, aunque breve, ha dejado una luz que deja también un perfume de bondad". (Cardenal Giovanni Colombo, arzobispo de Milán).

 

- "Es imposible, no puede ser cierto. Recién había abierto sus brazos hacia todos nosotros y ahora se ha ido tan rápido". (Una desconsolada mujer en la Basílica de San Pedro).

 

- "Es imposible; usted debe estar bromeando. ¿ Usted se refiere a este Papa, al nuevo Papa ? No le creo". (Angélica Weir, turista venezolana).

 

- "Apenas vi al Papa el miércoles y, al día siguiente, estaba muerto. Debe ser la mano de Dios". (MIchael Moynihan, seminarista estadounidense).

 

- "Su pontificado, excepcionalmente breve pero tan rico de significado humano y cristiano, la promesa de una primavera espiritual, mostró al mundo el único camino que los hombres deben seguir para su propia redención. Los católicos, fieles a la claridad cual cristal de la fe, ruegan al Todopoderoso porque, a través de los méritos de Juan Pablo I, la Iglesia militante pueda tener pronto un pastor que esté realmente a su altura". (Movimiento tradicionalista Civiltà Cristiana).

 

- "No pude creerlo. Resultaba tan increíble que, cuando escuché las noticias, llamé al Vaticano. Juan Pablo I transmitía una alegría que dio una impresión de calidez y de cristiandad. Es un grandísimo golpe. El dolor por esta muerte será tan grande como grande fue la alegría por su elección". (Cardenal Jan Willebrands, arzobispo de Utrecht).

 

- "Fue un golpe extraordinario, debido a que se esperaba tanto del Papa Juan Pablo I. Tenía grandes esperanzas en este Papa. Era el Papa de la sonrisa y de la felicidad. La felicidad del Papa devuelve esperanzas a los cristianos y a todos los hombres del mundo y creo que éso es lo que todos necesitamos : reconquistar la esperanza". (Cardenal Vicente Enrique y Tarancón, arzobispo de Madrid-Alcalá).

 

- "El suyo era un pontificado muy promisorio. Todos estábamos llenos de esperanzas ante este presente a la Iglesia. El Papa estaba lleno de una riqueza que pudo haber florecido aún más. Creo que muy pocas veces alguien conquistó los corazones con tanta rapidez". (Cardenal Leo Suenens, arzobispo de Malinas-Bruselas).

 

- "Dios parece que solamente mostró al mundo la figura de un gran Papa y se lo llevó a vivir en su paz". (Cardenal Raúl Primatesta, arzobispo de Córdoba).

 

- "Queremos que el próximo sea como él". (Opinión unánime recogida en la Plaza de San Pedro).

 

- "Don Luciani era como nosotros. Pensaba en los pobres, porque él había nacido pobre". (Un vecino del "borgo Pío").

 

- "Hay demasiada tristeza. Dos Papas muertos en menos de dos meses y la situación del país, que da tantos motivos de preocupación. Don Albino nos trajo tanta alegría y tanta fe. Ahora, la verdad es que mis esperanzas se han caído, señor". (Una mujer de edad).

 

- "Quizás jamás un Papa en la historia de la Iglesia pudo igualar a Juan Pablo I en la facilidad, suavidad y rapidez con la que él penetró en el corazón de los hombres y las mujeres de todo el mundo, como un pastor que ama". (Padre Pedro Arrupe, superior general de los jesuitas).

 

- "Era como si uno de nosotros fuera el Papa". (Un emocionado empleado de banco).

 

- "Es como si cada familia hubiera perdido al ser más querido". (Padre Rinaldo Andrich, párroco de Canale D'Agordo).

 

- "Me impresionó mucho la desaparición del Papa, porque demuestra que la voluntad del Señor es verdaderamente misteriosa : es cierto que el pensamiento de Dios no es el de los hombres". (Rey Balduino de Bélgica).

 

- "Juan Pablo I estaba tremendamente inquieto por la violencia en el mundo y, en especial, por las penurias que provoca la guerra civil en el Líbano". (Walter Mondale, vicepresidente de EE.UU.).

 

- "El mundo recordará la sonrisa iluminada y la simplicidad de pastor del Papa Juan Pablo I". (Valery Giscard d'Estaing, presidente de Francia).

 

- "La humildad y la gentileza demostrada por Su Santidad seguirán siendo un recuerdo duradero e inspirador". (Reina Isabel II de Gran Bretaña).

 

- "La desaparición de Juan Pablo I hará temblar al mundo". (Rvdo. Donald Coggan, arzobispo anglicano de Canterbury).

 

- "Siempre se llora la desaparición de un espíritu de paz, de un espíritu liberal. Era un Papa con una sonrisa, una esperanza y buena voluntad, que siguió con cálida atención las negociaciones sobre Medio Oriente". (Shimon Peres, líder del Partido Laborista israelí).

 

- "Es una dolorosa resolución de Dios" (Cardenal Josef Hoeffner, arzobispo de Colonia).

 

- "Nuestro regreso a Roma, en tan corto tiempo, es verdaderamente inesperado, pero, como dice Job, Dios ha dado y Dios ha retomado. Pienso que el Señor nos ha hecho un bellísimo regalo en la persona de Juan Pablo. Conquistó el corazón de los hombres y fue precioso para la Iglesia". (Cardenal Humberto Medeiros, arzobispo de Boston).

 

- "Estamos aquí con dolor pero también con la conciencia de que el Papa Juan Pablo I iluminó a todo el mundo con su sonrisa y su bondad. Es decir, en este mundo se necesita humildad y simplicidad. Él dio a la humanidad ese calor y esa alegría de los cuales tanta necesidad tenía". (Cardenal Timothy Manning, arzobispo de Los Ángeles).

 

- "Es increíble hasta qué punto el Papa Luciani se había ganado instantáneamente el corazón del pueblo". (Un purpurado europeo).

 

- "Somos pobres y solamente hemos venido a presenciar cómo nuestro Pastor recibe cristiana sepultura. Lo reconocerán como santo. Sus días como jefe de la Iglesia, aunque escasos, no pudieron haber sido más maravillosos". (Habitantes de Belluno).

 

- "A Su Santidad Juan Pablo I. Has pasado en medio de nosotros como un sueño maravilloso, dándonos sonrisa, bondad y paternal bendición. Nuestra eterna gratitud te acompañe en los Cielos. 4 de octubre de 1978". (De un aviso fúnebre aparecido en "Il Messaggero" de Roma).

 

- "Estoy muy triste. Está lloviendo, lo sé, pero no me importa". (María Venerani, que viajó toda la noche desde Canale D'Agordo para los funerales del Papa en Roma).

 

- "Él me había impartido la confirmación. Su fe todavía está grabada en mi mente. Lo amábamos, no sólo por su humildad, sino porque también se parecía a nosotros". (Gabriele Del Magro, de Feltre).

 

- "Ha abierto caminos nuevos, iniciado un período de fuerte renovación dentro de la Iglesia. No se puede decir que la brevedad del pontificado de Juan Pablo I le haya impedido realizar su programa. Su brevísimo ministerio pastoral ha sido una síntesis maravillosa de sus inmediatos predecesores : Juan XXIII y Paulo VI". (Cardenal Eduardo Pironio, prefecto de la Sagrada Congregación  de Religiosos e Institutos Seculares).

 

- "Era un Papa distinto". "Fue el alba que no se hizo día". "Un soplo de frescura evangélica en San Pedro". "Detrás de la sonrisa, había un profundo conocimiento de la Iglesia". (Peregrinos en la Plaza de San Pedro).

 


 

Semanario católico "Esquiú", 8 de octubre de 1978

 

 

El Papa de la sonrisa

 

¿ La sonrisa del Papa o el Papa de la sonrisa ? O las dos cosas juntas. La sonrisa - dice Martín Fierro (n.d.a. personaje de la literatura gauchesca argentina) - le pertenece al cristiano. Y Chesterton vino a decir lo mismo : "La alegría fue una triste careta en el pagano y un gigantesco secreto en el cristiano".

Un periodista español, al tener conocimiento de la elección del Cardenal Luciani, expresó : "No permita Dios que le robemos su sonrisa".

La sonrisa parecía su carisma. Su nota distintiva. Su toque di simpatía. Era cálida, natural, espontánea, sincera, contagiosa. Su sonrisa era una floración de su interior. Era la luz encendida en la ventana de su cara, indicándonos que su corazón de Padre estaba dentro.

No era una sonrisa estereotipada, ni para la publicidad, ni para las sofisticadas reuniones sociales. Era una sonrisa sin preaviso. Fresca como un manantial. Saltarina como una gacela. Alegre como un cascabel. Contagiosa como un diálogo. No era la sonrisa que acostumbramos ver en los shows televisivos.

La sonrisa de Juan Pablo I era parte esencial de su vida. No podemos dudar de que la sonrisa era en él un apostolado.

Un testigo feliz de su paz interior. La sonrisa de Juan Pablo era el cultivo de su alma. Su sonrisa no era mecánica, de quita y pon, no era una sonrisa para la exportación; era una sonrisa nacida de su bondad y su paz interior. Una sonrisa en plenitud.

La sonrisa no es sólo uno de los mejores tranquilizantes contra todas las vicisitudes que nos aguardan en la ruta, sino que es un singular elemento para conservar el control de uno mismo.

Decía Dostoiewsky que, para él, era más elocuente la risa de un hombre que todos los estudios que pudiesen hacerse sobre su personalidad. Y, en este sentido, podemos afirmar que la sonrisa era, en Juan Pablo I, definitoria.

Era reflejo de toda una vida enraizada en la fe, la esperanza y el amor. Era el fruto de su optimismo de bautizado.

La sonrisa es una curva que, paradójicamente, puede enderezar muchas cosas. Y ésa era la esperanza de la humanidad de hoy.

Su cálida sonrisa era toda una promesa para un mundo convulsionado que hoy queda en suspenso ante su trágica desaparición. Su sonrisa era un exponente de su amor a la vida y exultante alegría que supo ganarse a la cristiandad y a la humanidad, apenas asomado a la "loggia de San Pedro", para su primera bendición "Urbi et Orbi".

La sonrisa del Papa se ha apagado para siempre. No la veremos más en las audiencias pontificias. Pero quedará grabada para toda la vida en quienes la vieron personalmente o a través de la pantalla televisiva.

Su fugaz paso por la Sede de Pedro fue más que suficiente para meterse en el alma del pueblo cristiano, porque su abierta sonrisa tenía sus raíces ocultas en su gran humildad y en su encantadora sencillez.

Él mismo se había autodefinido : "Soy apenas un pobre hombre habituado a las cosas sencillas y al silencio". Y así, sigilosamente y de improviso, se presentó en la Casa del Padre, con la luz encendida en su dormitorio y la sonrisa encendida en su rostro. Inesperadamente, se había cumplido en él la frase del salmista : "Agradable es a los ojos de Dios la muerte del justo".

¡ Como una calcomanía en el alma nos queda su sonrisa !

 

Heriberto Roanello

 


 

"Clarín", 8 de octubre de 1978

 

Entrevista al Cardenal Raúl Primatesta, Arzobispo de Córdoba y Presidente de la Conferencia Episcopal Argentina (fragmentos)

 

CIUDAD DEL VATICANO, 8 (De nuestro corresponsal, Julio Algañaraz).

 

(...) Trazar un balance de estos dos meses tan importantes, y dramáticos, que está viviendo la Iglesia, era el propósito central del diálogo. Fue también la primera pregunta.

"Es difícil hacer un balance tan amplio - respondió -, desde la muerte de Paulo VI hasta la muerte de Juan Pablo I. ¿ Por qué ? Porque ha habido demasiada publicidad y demasiada publicidad barata. Habría que separar los distintos momentos. El momento de la muerte de Paulo VI toma de sorpresa, aunque se habla de la muerte del Papa como algo que se esperaba, casi natural ya que era anciano y estaba enfermo. Hasta había despertado una cierta curiosidad. Pero su muerte llegó de repente. Esta es una lección que hay que tener en cuenta. Esa muerte trastornó los planes de mucha gente y comenzó de inmediato la inseguridad, las cavilaciones, los juicios, las ideas acerca de quién iba a ser el sucesor.

 

- ¿ Se volvió a cometer el error de tratar el tema en términos excesivamente temporales ?

- Sí, muchos hablaban como si hubiera una división política en partidos. Bueno, cada uno habla de la feria como le va en ella. Ésto creó, en el ámbito general, una desazón : ¿ Quién va a ser el Papa ? Será un cónclave difícil, decían, porque a los cardenales les va costar entenderse.

Pero falló otra vez la programátrica humana. Como cristianos, debemos poner la cuestión en términos de fe : el Espíritu Santo hizo que, en poco más de seis horas, los cardenales eligiéramos un Papa. Un Papa que cayó de repente, que era prácticamente desconocido. Un periodista tuvo la franqueza de reconocer : "Pasaba siempre cerca de mí y no le saqué ni una foto".

Pues bien, aparece el Papa Luciani y produce un primer desconcierto con su sencillez, con su cercanía. Aparece un pastor, ese hombre que, con una sola palabra, en la primera audiencia pública (el domingo 27 de agosto, en la plaza de San Pedro), al decir : "ayer ...", cambió todo, soltó amarras, puso en marcha una libertad de expresión que se fue continuando en tantos detalles. Hay que recordar la audiencia a los cardenales, cuando dejó de lado el discurso oficial, la serenidad y claridad con que habló a los diplomáticos, para hacer ver el sentido que puede tener la alta política o la diplomacia frente al Vaticano, frente al Papa, que es un pastor.

También el encuentro que tuvo con los periodistas - gente difícil, por otra parte -, en el que les dijo verdades pero también les exaltó la tarea que cumplen. Nunca se tuvo debidamente en cuenta que ésta fue la tercera audiencia de Juan Pablo I como Sumo Pontífice.

Después siguió, en el breve período de su pontificado, esa comunicación que tenía con el pueblo romano y con la gente que acudía aquí. Una comunicación que, rápidamente, se extendió por todo el mundo.

 

- ¿ La gente se enamoró del Papa, como reconocen los observadores ?

- Exacto. De un Papa sencillo, que hablaba al pueblo de Dios. Pero también de un Papa seguro en la doctrina, un hombre que marcaba una línea bien determinada. Desde el primer discurso, ésto fue muy claro : cuando habló de la Iglesia, de la Iglesia que es amor, que debe tener comprensión y ser abierta por todas partes. De la Iglesia que es caridad, pero que debe estar acompañada por el derecho y la disciplina. Así fue marcando otras pautas de servicio y acción.

Fíjese, por ejemplo, de un detalle que apreciaron mucho los destinatarios. Habló, así como de pasada, no de los sacerdotes en general sino de los párrocos. El párroco viene a ser como el eslabón más cercano que une al pueblo con la jerarquía. No es la jerarquía pero es lo que está más cerca. Y Juan Pablo I habló de los párrocos. Porque tuvo siempre esa idea del pastor, del pastor que da una doctrina. Y esa doctrina la dio categóricamente.

 

- Era un conocido pedagogo de la catequesis ...

-Un pedagogo que sabía aprovechar las situaciones. Como en la audiencia general, cuando invitó a dialogar a un chico y éste le dijo que no quería pasar de grado. Juan Pablo I hizo una interpretación memorable del progreso, refiriéndolo, en última instancia, al progreso espiritual en el amor de Dios. Así, con esa sinceridad, fue entrando en el pueblo. Por éso consternó tanto su muerte repentina.

Aquí hubo otra falla humana. Se decía antes del cónclave : los cardenales tendrán que elegir a un Papa no tan joven, porque un pontificado largo corre el riesgo de caer en la rutina. Se hacían también otras consideraciones totalmente humanas. Contra lo que cabía esperar, desde ese ángulo, se eligió a un Papa más joven, de 65 años. Y ese Papa joven, murió a los 33 días. Dios tiene sus caminos.

 

- ¿ Qué significado le da usted ?

- El cardenal Siri dijo el jueves, en la Misa de novendial que concelebramos en San Pedro en memoria de Juan Pablo I, algo muy interesante, simple y profundo : El Papa Luciani vino para abrir una etapa, la abrió y se marchó con Dios. ¿ Qué puedo agregar yo ? Antes se decía : será tan difícil elegir un sucesor de Paulo VI, un Papa de ese tamaño, ¿ quién podrá asumir la carga ? Y, en cambio, vino Juan Pablo I, en quien prácticamente nadie esperaba, y ahora, luego de lo que hizo en tan poco tiempo, nos preguntamos : ¿ quién puede tomar la herencia de Juan Pablo I ? La Iglesia espera. (...)

 

- El breve período de Juan Pablo I, ¿ fue un gran pontificado que no pudo ser ?

- ¿ Por qué no pudo ser ? Yo diría : que es. No hay que medirlo con el tiempo sino en valores. Juan Pablo I descubrió y trajo un mensaje, un estilo de vida. Dijo : somos demasiado complicados, hay que plantear los grandes valores en forma clara y sencilla. Fue un Papa simple con grandes ideas. Por éso, no hay que medir el tiempo de su presencia sino el influjo y la vuelta de timón que dio en su pontificado tan breve. (...)

 

- Estas multitudes en torno a Juan Pablo I, tanto en las audiencias públicas como en sus funerales, ¿ estarán presentes en el cónclave, al menos en el ánimo de ustedes?

- ¿ Quién puede dejarlas imprudentemente de lado ? El pueblo está ansioso de escuchar y responde. ¡ Qué lección ! La Iglesia encuentra al pueblo de Dios en un momento de mayor concientización.

 

- Un pueblo capaz de captar y capaz de decidir por sí mismo. Hay que tener en cuenta esa necesidad del pueblo.

- El ejemplo lo dio Juan Pablo I. Cualquier persona sensata tiene en cuenta esta indicación. El Papa Luciani, que había dejado de lado la silla gestatoria en las audiencias, la aceptó luego humildemente para que la gente pudiera verlo. No se puede ignorar al pueblo, que dice las cosas a veces sin palabras, pero las dice.

Recuerde los funerales bajo la lluvia del miércoles pasado. Se especuló mucho acerca de la necesidad de realizar las ceremonias dentro de la basílica debido al temporal que había en Roma desde varios días. Sin embargo, la Misa se hizo a cielo abierto, porque el pueblo de Dios quería despedirse de su Pastor. Nadie se sintió capaz de tomar la responsabilidad de cambiar esta realidad.

 


 

"Radiolandia 2000", octubre de 1978

 

 

 

 


 

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