El Papa Luciani

Intercesor

 

 

 

Oración para pedir la intercesión del Papa Luciani

 

 

" Señor Jesús,

Tú que nos has dado la gran alegría

de venerar al Papa Juan Pablo I como Tu Vicario

en la tierra y, por lo tanto, en Tus inescrutables designios

nos has hecho probar el inmenso dolor de su inesperada desaparición,

concédenos las gracias que Te pedimos, para que,

seguros de su intercesión ante Ti,

podamos un día venerarlo en los altares :

entonces, su bondad y su humildad, propuestas como ejemplo para los fieles

serán una perenne invitación a traducir en la vida

su enseñanza y a difundir serenidad y amor.

Amen".

 

Imprimatur

+ Mons. Maffeo Ducoli

Obispo de Belluno-Feltre

 

Pedido de beatificación del Papa Luciani del episcopado brasileño (1990)

Los diez "milagros" del Papa Luciani

 

Algunas de las gracias recibidas por la intercesión del Papa Juan Pablo I : curaciones, conversiones, vocaciones sacerdotales, ocurridas en vida y después de su muerte.

 

 

- Actualizado 10/12/2004

 

 

"Del comunismo al convento"

 

 

 

"El Papa Luciani  ha sido una presencia decisiva e importante en mi vida: Es aquel que ha cambiado mi historia, dándole, desde la adolescencia, una dirección precisa.

A distancia de tantos años no ha disminuido el fuerte sentido de gratitud, de comunión, de afecto hacia este humilde pero tan gran hombre de Dios.

Escribo con simplicidad mi experiencia, volviendo con el corazón a aquellos primeros pasos hacia el conocimiento y el encuentro con Dios, a quien me ha conducido de la mano, como verdadero padre, el Papa Luciani.

 

En 1978 yo tenía sólo 15 años. No he tenido una educación religiosa en el sentido tradicional del término porque, no obstante mi padre era un católico muy activo en lo social, en casa no se hablaba nunca abiertamente de Dios, de la Iglesia. Mi madre era una comunista convencidísima, estilo "viejo modelo", o sea, comecuras. Papá, en cambio, era muy religioso, ocupado en primera persona en obras asistenciales.

 

Yo he sido siempre propensa a estar de parte de mamá, más bien que de papá. Luego de la Confirmación, había dejado de ir a la Iglesia y de acercarme a los sacramentos, realidades para mí del todo inútiles. En la edad de tercer año de la secundaria, tenía todos mis sueños; deseaba ir al liceo del que veía a los estudiantes desfilar por las calles de la ciudad con las banderas rojas... Pero mi padre, un buen día, volvió a casa del trabajo con una novedad: había encontrado la escuela apropiada para mí: de monjas. Un nuevo curso para peritos empresariales y correspondiente en leguas extranjeras. Yo no estaba para nada de acuerdo. Pero no hubo nada que hacer porque también mamá acogió la propuesta.

 

Frecuenté la primera superior con las monjas. Año escolar 1977/1978. Fue un año muy pesado. El ambiente de las monjas no me gustaba para nada. Estuve en continua tensión dentro de mí. Con mi padre se había creado una relación de total rotura. ¿Por qué escribo esto? Para hacer entender cómo estaba yo en aquel tiempo. Porque cuanto he experimentado luego es tan "desconcertante" que se puede paragonar a la experiencia de Saulo en la vía de Damasco. Un encuentro imprevisto que te cambia por dentro. El año 1978 ha quedado en mi historia como el año decisivo. El año importante. Mi año. ¿Por qué? Porque es el año en el que encontré la persona que me guía hacia Cristo: el Papa Luciani.

 

Yo era poco más que una chiquilla.¿Y qué sabe una chiquilla de la vida? Y, sin embargo, aquella experiencia me quedó grabada en el corazón. La llevo conmigo; forma parte de mí no obstante los largos años transcurridos; está viva como si hubiera sido percibida sólo pocos días antes... Es una experiencia seguramente extraña, no usual. Una experiencia de la que, a decir verdad, he hablado siempre poquísimo y sólo con las personas de las cuales tengo la máxima confianza. Con la conciencia de que es el Espíritu que obra en la historia de cada uno de nosotros, narro cuanto he vivido con simplicidad y sinceridad.

 

El verano de 1978 estuve, como cada verano, en Moena en Val di Fassa. Recuerdo muy bien la noche del 6 de agosto cuando se dio la noticia de la muerte del Papa Paulo VI. Quedé muy golpeada por aquel anuncio aún cuando, la verdad, no sabía nada acerca de este hombre; no me había nunca interesado por las cosas de Iglesia. Seguí con mucha atención el funeral de este Papa en la televisión. Me encontré, en los días siguientes, leyendo los varios artículos de periódico sobre el inminente cónclave.

 

El 25 de agosto seguí la entrada de los cardenales en la Capilla Sixtina.

26 de agosto. Fui al pueblo a dar una vuelta, y luego, no sé por qué, pasé por la iglesia. Estuve allí cuando de golpe advertí dentro una cosa inesperada, una fuerza, que me ha empujado a salir rápidamente de la iglesia. Yo sentía como una voz interior que me decía: "Corre, corre, corre, vuelve a casa". Mi casita estaba fuera del pueblo y la callecita para llegar allí estaba bastante en subida. Recuerdo que corrí. Entré en el living justo en el momento en que estaba por asomarse a la logia de San Pedro el nuevo Papa. Mis padres estaban delante del televisor. Papá, de pie; mamá sentada en el sillón. Apareció el nuevo Papa. Yo volví a advertir claramente la voz. "Este será tu Papa". Oí, pero no entendí. Tanto es así que no me hice ni siquiera la señal de la cruz en la bendición. Gesto del que tanto me arrepentí seguidamente.

 

El Papa Luciani. Lo vi al día siguiente mientras leía el discurso a los cardenales, en latín. En aquellos 33 días lo vi sólo una vez en el noticiero porque justo en aquel septiembre hice un largo viaje a Inglaterra y Escocia con mis padres.

 

¿Quién era para mí este Papa? Ninguno; no sabía nada de él. La experiencia del 26 de agosto estaba lejana... Por lo menos, no pensaba más en eso.

 

Comenzó la escuela. Llegó la mañana del 29 de septiembre. Llegué a mi aula como de costumbre, sin haber oído nada de lo que había ocurrido en la noche. Me puso al corriente una compañera. Fue una ducha fría. Me quedé muy mal. A casa fui muy turbada. Sentí una gran pérdida porque había "muerto mi Papa"... Aquellas palabras volvieron de golpe al corazón. No recuerdo otra cosa que haber de improviso grabado en un cassette del noticiero la voz de aquel Papa... No recuerdo siquiera haber seguido su funeral en televisión.

 

Recuerdo el 16 de octubre y la elección del Papa Wojtyla. Recuerdo la indiferencia total que aquel evento me dejó en el corazón. Todo había vuelto exactamente a la normalidad.  Pero, a cierto punto, yo sentí clara y fuertemente dentro de mí todavía aquella "cosa" que me empujó a buscar material sobre el Papa Luciani. Sentía en mi corazón "una presencia" y el gran deseo de conocer a este Papa. Tomé una foto suya de un periódico, la pegué en un cartoncito y la puse en mi cómoda. Sé que puede parecer una cosa de personas no del todo equilibradas, pero yo sentía dentro la presencia del Papa Luciani. Empecé a dialogar con él. Compré los libros que encontré en comercio sobre su vida, algunos discursos suyos, "ILUSTRíSIMOS SEñORES". Se convirtió en mi "amigo", una presencia constante, buena, paternal. Me comparaba con él acerca de lo que me tocaba vivir. Pero no contaba esta experiencia. Sabía que nadie me habría creído.

 

De mi habitación comenzó a desaparecer el cuadrito de Karl Marx. Llamaba al Papa Luciani simplemente don Albino; había aprendido a quererlo mucho, tanto. Nunca lo había visto en vida y de él tenía sólo alguna imagen tomada de los periódicos. No había, en ese tiempo todavía, las posibilidades de hoy de video... Yo, de hecho, no lo había conocido para nada y, sin embargo, lo sentía cercano. Se me hizo familiar.

 

Cuando se viven grandes experiencias es una urgencia del corazón darlas a conocer. Sí, pero, ¿a quién? ¿Quién habría creído alguna vez quizá sólo un poco una cosa así? Escribí al hermano del Papa. Me llegó la respuesta que, por desgracia, no tengo más. Fui a Canale en julio de 1979. Tenía un carácter timidísimo; nunca y luego nunca, en situación normal, habría tenido el tupé de ir a tocar el timbre de personas desconocidas. Es más, los parientes de un Papa. Pero, como aquel Papa se había misteriosamente convertido en "padre", sentí dentro casi el deber de ir a aquella casa. Recuerdo como si hubiera sucedido hace pocos días. Fue un encuentro que he llevado siempre en el corazón.

 

El tiempo pasaba y dentro de mí ocurría lentamente, pero con fuerza, una transformación. Comencé a tomar en la mano el Evangelio, a leerlo, a pensarlo. Mi vida empezó a tomar un rumbo nuevo. El Papa Luciani estaba cada vez más presente en mí y me guiaba a descubrir a Jesucristo, con tanta paciencia y pedagogía.

 

De todos modos, con las monjas no me encontraba bien. Me parecía un ambiente cerrado, lleno de prohibiciones y reglas superadas. De todos modos, entré en contacto con un sacerdote que guiaba un grupo de jóvenes voluntarios para las misiones. Me uní a ellos así como al grupo que iba el sábado a hacer visitas a los ancianos en el geriátrico.

 

Pero las cosas no se pusieron bien en casa. A mamá no se le pasaba por alto mi cambio y, luego de haber entendido que no se trataba de caprichos de adolescente, levantó una verdadera barricada. No me fue más posible ir a hacer obras de "caridad". Fueron tiempos muy difíciles. Amaba mucho a mi mamá pero, al mismo tiempo, había descubierto cuán importante era vivir el Evangelio. No me quiero extender en mi experiencia pero, si no hubiera tenido la guía del Papa Luciani, tal vez habría dejado en el olvido todo.

 

No conocía sacerdotes, pero aquel que me guiaba ha sido don Albino. Increíble o no, yo lo he "tenido" como mi padre espiritual y así ha sido realmente. Más pasaba el tiempo más advertía dentro una fuerza creciente; una atracción siempre más profunda hacia el Evangelio me llavaba a rezar, a ir a la iglesia, hasta a confesarme. He tenido varias vicisitudes, que no narro, que me llevaron también a cambiar de escuela. Pero dentro crecía una cosa nueva, que no entendía. El Señor entraba en mi vida; el Papa Luciani me condujo de la mano a Jesucristo. Y por ÉL aferrada. Entendí lo que me había nacido en el corazón: el llamado. Yo que detestaba a las monjas; yo que no tenía ningún contacto con ambientes eclesiales; yo que era comunista. Yo que tenía sólo a una persona de mi parte, que me entendiera y ayudara y es más "no aquí en la tierra".

 

He pasado muchos momentos difíciles, de verdadera persecución. Ninguno acogió, cuando lo dije, mi propósito de hacerme monja. He estado obstaculizada en todos los modos. Verdaderamente también yo estaba en la más grande confusión porque mi vocación ha sido siempre una lucha abierta. Yo misma he luchado con Dios. Pero Dios es grande y maravilloso. Tiene sus caminos. Y el Papa Luciani no me ha dejado nunca. Nunca.

 

Entré en el convento en 1983. Pero las pruebas no terminaron, más bien, se hicieron más duras de soportar. Hubo también las enfermedades serias de mis padres: ictus mamá, infarto papá. Pasaron los años; hice la primera profesión religiosa en 1987. En 1990 murió mi mamá, imprevistamente, mientras papá internado, paralizado por un tumor en la espina dorsal. Fue una prueba muy dolorosa para mí. Y, sin embargo, también en aquel período yo advertí la presencia de "mi Papa" a mi lado, para darme coraje, para sostener mi fe hecha frágil. Profesé en perpetuo en 1993.

 

¿Qué más decir? Mi vida ha sido y está bajo la protección de este santo hombre de Dios. Yo espero ser siempre digna de haberlo tenido como maestro y padre. Espero llevar el Evangelio con palabras y gestos de bondad, de humildad y simplicidad como él me ha enseñado. Agradezco al Papa Luciani y a aquellos que lo aman.

 

Espero que esta mi pequeña experiencia de bien recibido de él pueda servir para reconocer la santidad ante el mundo entero.

 

Sor Stefania Pinacoli,

Bergamo, 9 de febrero de 2004

de "Humilitas", Nº 2, 2004

 

 

 

"Soy una hermana franciscana de Cristo Rey, nacida el 27.8.1923. Actualmente me encuentro en Tarzo (TV) en la Casa de reposo "Villa Bianca" para hacer mi convalecencia que es y será todavía larga.

El 19 de febrero de 1983 sufrí un infarto cardíaco mortal, mientras participaba en el retiro de las Hermanas de la comunidad de S. Donà di Piave. Desde aquel día, estuve cerca de la muerte varias veces, y animada a rezar a algún santo, elegí como mi protector aL Papa Luciani. ¿ Por qué  - me preguntarán - justo él ?

Lo conocí cuando era obispo en Vittorio Veneto, me ha impactado siempre y su figura se me ha quedado siempre en el corazón, por su humildad y simplicidad en el trato con todos, por la alegría que irradiaba con su sonrisa. Hablando con él, uno se sentía muy a gusto.

Mi veneración creció cuando fue elegido Papa y cómo se presentó en la logia la noche misma de la elección.

No apenas supe la noticia de su imprevista muerte, comencé a rezarle enseguida, como se reza a un santo, y puede decir que he sido siempre escuchada.

Luego del infarto, mi vida estaba pendiente de un hilo; intensifiqué mi oración, segura de su ayuda y de su intercesión, aunque estuviera serenamente lista a hacer la voluntad de Dios, sea que me quisiera en su Casa, sea que me dejara todavía aquí, para continuar haciendo el bien.

Luego de largas discusiones por parte de los médicos acerca de la gravedad y del riesgo de una operación, me dejaron a mí la responsabilidad de decidirme por la operación al corazón, porque habría una posibilidad mínima de éxito, en caso afirmativo.

Me aconsejé con mis superiores y parientes : no todos estaban favorablemente de acuerdo. Entonces, decidí yo, con serena confianza en tantas oraciones que se elevaban a Dios Padre por la intercesión del Papa Luciani.

El 20 de octubre de 1983 entré en la sala de operaciones en Padova, llevando conmigo una estampita del Papa Luciani.

La operación, dirigida por el prof. Valfrè con su equipo, duró cerca de seis horas : fui operada a corazón abierto. Buena parte del corazón fue retirada, al menos, la más enferma se dijo, pero se realizó un doble by-pass aorto-coronario.

Luego de la operación, transcurrí tres días en terapia intensiva, sin saber si estaba en este mundo. Recuerdo que, la mañana del tercer día, fui despertaday una gentil enfermera me presentó la estampita del Papa Luciani para que la besara y luego no la vi más. 

Un rato después, vino el capellán y me dio la comunión. Con gran alegría por tener a Jesús en mí, me di cuenta de estar todavía viva : las oraciones habían sido escuchadas y agradecí a Dios Padre, a la Virgen Santa y al querido Papa Luciani.

A mediodía, me llevaron a Cardiología, a mi habitación en medio del júbilo de todos. Pero, no logré encontrar más mi estampita del Papa Luciani. Pedí a mi hermana religiosa que me asistía que fuera a ver dónde había ido a parar.

Ella, entonces, una vez encontrada la enfermera de terapia intensiva, se informó y le dijeron : "La imagen del Papa Luciani la hemos colgado aquí, porque, así como ayudó a su hermana, sea de ayuda también para los demás y para que con su sonrisa distribuya tantas gracias en quien lo invoque".

Enseguida, tuve serias complicaciones pero nunca perdí el ánimo segura de que, si el Papa Luciani me había hecho salir viva de la sala de operaciones, por el momento no moriría.

Por lo tanto, fui llevada desde el hospital de Padova al de Treviso, para poder reestablecerme un poco, según el consejo del prof. Valfrè.

El 9 de noviembre, la enfermera de Tarzo vino a buscarme con el auto y me acompañó al hospital de Treviso, a la unidad cardiológica, donde tuve tantas curaciones necesarias, hasta el examen del estómago, porque temían la úlcera, pero todo resultó negativo.

El 25 de noviembre fui dada de alta también de este hospital y, con una gran alegría mía, regresé a Tarzo, a Villa Bianca.

La enfermera que me vino a buscar, una vez llegada a casa, exclamó : "¿Sabes que nunca lo hubiera creído que tendría que traerte aquí viva ?". "Pero yo, cuando le recé al Papa Luciani - le respondí con mucha serenidad - me sentí segura y, una vez que salí viva de la sala de operaciones, no pensé más en morir, aún cuando veía un continuo ir y venir de monjas y parientes alrededor de mí.

El 24 de junio, en Crea di Spinea, donde es párroco mi hermano, hubo una Misa de acción de gracias, presentes todos los parientes que han rezado conmigo y por mí y también amigos y numerosas personas de pueblos vecinos. La Eucaristía fue vivida por todos como una acción de gracias festiva a Dios que da a cada criatura la vida para hacer el bien.

Ahora yo sé que con este corazón, reparado, pero que ha retomado su actividad, puedo vivir aunque si no con plena eficiencia : transcurro serenamente mis días, haciendo de sacristana, con ayuda de la caridad fraterna. En nuestra casa aquí en Tarzo tenemos, en efecto, la Adoración Eucarística diaria.

No tengo palabras para expresar mi agradecimiento al querido Papa Luciani y a todos aquellos que han rezado y me han ayudado a confiar en la oración y a abandonarme totalmente a la voluntad de Dios".

 

Sor Ines Pinaffo

de "Humilitas", Nr.1/86

 


 

Me permito comunicar a este Centro mi testimonio relativo a una curación extraordinaria.

Hacia fines de junio de 1985, mi hermano, el Sr. Rino Pinaffo, residente con la familia en Francia, en Confouleux 81800 Robenstans, llamó por teléfono al hermano sacerdote, don Aldo Pinaffo, párroco de Crea di Spinea (VE) diciendo que, un yerno suyo, el Sr. Jacques Albenge Zaching, estaba internado en el hospital en condiciones muy graves con diagnóstico cierto de un tumor maligno en la cabeza. Los cirujanos estaban muy inseguros acerca de la conveniencia de una eventual operación, dada la gravedad de la situación. El hermano nos advertía, en nombre también de la esposa y de los cuatro hijos, de la dramática realidad. Pidió, unánime y confiado, una oración a mí y a las hermanas de Villa Bianca de Tarzo (TV) para que, por intercesión del Papa Luciani, del cual yo misma estoy convencida de haber recibido una gran gracia, también él pudiera encontrar consuelo y curación.

Yo le escribí enseguida, exhortándolo a rezar con confianza al Papa Luciani y le mandé una postal con la foto del Papa invitando a ellos y a los otros parientes a rezar un Pater Noster, un Ave María y tres Gloria confiando en su intercesión.

Mi otra hermana religiosa, que se encontraba en Roma, fue a la tumba del Papa Juan Pablo I a pedir que la operación quirúrgica tuviera un éxito positivo. A la vigilia de la operación, como me escribieron, supe que uno de los cirujanos se había retirado afirmando que el Sr. Albenge, aunque fuera operado, habría tenido solamente algún día de vida; el otro cirujano estaba muy inseguro acerca de qué hacer. Mientras, por todos lados se rezaba, los médicos se decidieron por la operación que duró cinco horas. Encontraron una bolsa de sangre y, en el cerebro, el tumor que no era posible sacar, sino en parte, porque se habrían lesionado partes vitales.

Antes de informarle a la esposa del éxito negativo de la intervención, le suministraron sedantes.

La situación era muy seria : el marido sólo viviría algún día. El tumor, repito, era maligno, ni era posible extirparlo completamente porque, como dije, localizándose en partes extremadamente delicadas y vitales del cerebro, el enfermo habría muerto durante la intervención.

Pasaron ocho días, llenos de preocupación y ansiedad. Los médicos sometieron al enfermo a todos los controles clínicos. Con gran sorpresa y estupor de los parientes, los médicos nos informaron que el Sr. Albenge aparecía completamente curado porque del tumor no se veía más rastro. Por lo tanto, fue enviado a casa.

En septiembre del mismo año, mi hermano don Aldo fue a verlo para darse cuenta del hecho y encontró al pariente en su puesto de trabajo. Se celebró una Misa de acción de gracias a Dios por la gracia obtenida por intercesión (y yo estoy del todo convencida) del Papa Luciani. Estaban presentes todos los parientes.

Hacia mediados de enero de 1986, al Sr. Albenge se le hicieron los controles de nuevo. Los médicos, constatando la curación confirmada, se dijeron sorprendidos : "¡ Cómo puede curarse tan bien, sin someterse a alguna radiación ?". Debo agregar que, en los primeros días de mayo, el Sr. Albenge se sometió todavía a los exámenes del caso que confirmaron la completa curación.

La familia agradece vivamente a cuantos han rezado por la curación del pariente y desea, con viva esperanza, que el Papa Luciani pueda ser, cuanto antes, elevado a la dignidad de los altares.

En fe.

 

sor Ines Pinaffo

"Villa Bianca"

de "Humilitas", Nr.3/87

 

El Sr. Jacques Albenge Zaching tiene hoy 56 años y está perfectamente curado. Continúa viviendo trabajando los campos.

 

 Andrea Tornielli-Alessandro Zangrando

de "Papa Luciani, il parroco del mondo", 1998

 


 

"La Sra. Emilia Aresca de Tiberti, habitante de Castelnuovo Calcea (Asti), en Via Valleggia 19, sufría durante bastantes años de graves dolores de espalda, tanto como para impedirle realizar sus acostumbradas tareas de la casa.

Las curas de los médicos no sirvieron para aliviar sus sufrimientos, más bien, el mal se agravaba. El Primario ortopédico del hospital de Nizza Monferrato la visitaba. Fue sometida a rayos, a hornos, debió llevar el busto ortopédico, pero todo sin beneficio alguno. En el hospital de Nizza se conserva su historia clínica que puede ser consultada.

El día de la sepultura del Sumo Pontífice, la señora asistió conmocionada a la celebración de las exequias. En medio de sus dolores, durante todo el desarrollo de la sagrada función no cesó de suplicarle que le obtuviera el alivio de sus dolores, así : "Oh, tú, Papa Luciani, que estás cerca de Jesús, Jesús te escucha; yo no lo merezco, pero si tú lo dices ..."

A la noche, en la cama, siguió rezando, hasta que, extenuada, se quedó dormida. Al amanecer, habiéndose despertado, se sintió ligera, ligera, que dudó de la gracia; no acusó ningún dolor. Se maravilló por aquel estado, trató de bajar de la cama, pero tuvo que reasegurarse con gran conmoción que todo dolor había desaparecido.

Desde aquel día, 28 de septiembre de 1978, hasta hoy, 8 de octubre de 1984 ha desaparecido absolutamente aquel mal.

Ahora, la señora continúa siempre rezando al Papa Luciani; hace celebrar una Santa Misa en cada aniversario de su muerte, hace frecuentes limosnas según sus posibilidades para obras buenas en honor del Santo Pontífice.

La señora beneficiada tendría tanto gusto si su gracia fuera publicada en su boletín "Humilitas", en honor del querido Papa Luciani.

El suscripto, sacerdote salesiano capellán del hospital de Nizza Monferrato, que ha recogido lo citado más arriba de la viva voz de la misma señora, asegura la honestidad de la misma persona y, por lo tanto, la verdad de cuanto le ha sido referido y que aquí ha sido reportado.

 

Sac. Adone Mario Cicuta,

Salesiano, Capellán del Hospital

de "Humilitas", Nr.3/86

 


 

"Me llamo Andrea, tengo 18 años y soy un seminarista de Ravenna, muy aficionado al recuerdo de la figura del Papa Luciani.

En 1978 tenía 10 años y, a la elección de un Pontífice, prestaba la atención típica de un chico de esa edad, o sea, la seguía con un cierto desapego.

Pero una cosa me golpeó profundamente y fue el saludo que el neo-electo dirigió al mundo el día después de la elección. No sé bien por qué, quizá la sonrisa, quizá la marcada tonada véneta en el hablar, tal vez la gran bondad y mansedumbre que brotaban del modo de moverse de Juan Pablo I, pero aquellas palabras se me estamparon enseguida en la mente y en el corazón y todavía hoy las recuerdo muy bien. Probé una extrema felicidad por lo que había sucedido, felicidad que aumentaba al pensar en poder ver y oír a aquel hombre quizá por cuánto tiempo. Albino Luciani fue una luz fulgurante encendida de pronto sobre la figura del papado, después del gris de los últimos años de Paulo VI ( por otra parte, grandísima figura de la Iglesia contemporánea, estimado muchísimo por mí ). Y bien, a mis ojos de niño apenas de diez años, la repentina desaparición de aquel hombre, que se había convertido para mí en algo más que una persona a respetar o para ver sólo en la TV o en los periódicos, fue casi un trauma : desde entonces nació en mí la sed de aprender particulares, curiosidades, signos biográficos sobre la vida de un hombre que me había fascinado tan fuertemente, pero que demasiado pronto el Señor nos quitó a todos nosotros, casi como si no fuéramos dignos de merecer una gracia tan grande.

Este interés mío en el Papa Luciani me ha llevado a ampliar los horizontes de mi búsqueda, a extenderla a otros personajes no conocidos por mí directamente pero de los cuales había sentido hablar como, por ejemplo, otros dos Papas, ex Patriarcas de Venecia, como San Pío X y Juan XXIII.

Desde aquí luego continuó el camino que me ha llevado a la vocación a la vida sacerdotal, que todavía recorro con mucho entusiasmo y convicción. He aquí por qué me es querido el recordar las raíces de esta mi elección, profundizadas justo en la figura de Albino Luciani, en aquellos 33 días que, si poco o nada han significado a los ojos de muchos, han bastado para dejarnos a la espalda una imagen ahora superada de la figura del Pontífice, abriendo a ella las puertas a los nuevos tiempos, llegando hasta a interrumpir la secular secuela de Papas italianos, también ella ahora no más justificada totalmente.

Ésto a nivel histórico, sin contar luego lo que la elección de Juan Pablo I ha obrado en tantísimas personas". (...)

 

Andrea Bonazzi

Ravenna

da "Humilitas", Nr.4/86

 


 

"A Gloria de la S.S. Trinidad : Padre, Hijo y Espíritu Santo : Albino Luciani - Juan Pablo I - escribo :

En agosto de 1984, tuve noticia de que mi hermana Libera tenía que someterse a una intervención quirúrgica porque estaba afectada de neoplasia de la trompa. La enfermedad se manifestaba grave y de naturaleza dudosa.

En mi dolorosa sorpresa, me sentí enseguida interiormente empujada a rezar al Papa Luciani. Cada día rezaba delante de una imagen suya con tanta fe; y un pensamiento estaba tomando cuerpo en mí : Querido Papa Luciani, hazme ver que tienes crédito ante Dios obteniendo "gracia" para Libera; y yo rezaba ...

Mi hermana se sometió a la operación. Se sometió a todas las pruebas y curas (dolorosas y humillantes) con loable serenidad, optimismo y fuerza de ánimo invocando, estimulada por mí, la protección del Papa Luciani con los familiares, especialmente, el marido.

Luego de algunos meses, fue sometida a una segunda intervención "laparatomía explorativa" en Monza, por el prof. Mangioni; la superó con decorosa normalidad, quedándose en aquel hospital durante quince días, alternando exámenes clínicos de control. Antes de dejar el hospital, con el marido, esperaba, con tanta serenidad y ansia, la respuesta ...

Y vino el profesor con el "responso". Él, bastante amorosamente y complacido, posándole la mano sobre el hombro, dice : "Querida señora, no obstante las dudas, las perplejidades, las incertidumbres, sorprendido, le tengo que decir que las pruebas resultan negativas; pero, usted ... ¿ a quién tiene que reza por usted ?"

No puedo describir los sentimientos probados por ella en aquel momento, que se expresaron en un estallido en lágrimas; pero ella sabía muy bien y no dudó para nada que el Papa Luciani le había obtenido la gracia, y ya se había prometido que iba a ir a su pueblo natal "Canale D'Agordo" para agradecerle, promesa que efectuó el día 6 de agosto de 1986, alrededor de dos años después.

Para mí, las palabras del profesor son la respuesta del "crédito" que el Papa Luciani tiene ante Dios. Por éso, con confianza, recurro a él en las necesidades mías y en las de los demás.

El Papa Luciani es de veras el Papa de la sonrisa y, como me he complacido en calificarlo : transparencia de Dios ! ..."

 

sor Rosa T.

Hermana de caridad del Instituto de las Santas 

Bartolomea y Vicenza

residente en Belluno

de "Humilitas", Nr.1/87

 


 

"Soy una chica de 25 años de Buenos Aires, Argentina. Me encuentro en San Benedetto del Tronto haciendo estudios.

La semana pasada, cuando me encontraba en Vittorio Veneto para hacer una visita, vi un número de "Papa Luciani-Humilitas". Hoy terminé de leerlo y me he conmovido.

Quiero decirles que yo amo muchísimo al Papa Luciani,  que lo tengo justo como un santo. Él ha cambiado mi vida.

Durante años, no iba más a la iglesia, desde cuando terminé la escuela primaria.

Cuando lo vi por TV por primera vez estaba muy emocionada porque nunca había visto un Papa tan dulce, amable, sonriente.

El 16 de septiembre de 1978, sábado a la tarde, me he sentido atraída a ir a Misa, pero no quería. Hasta el final no podía hacer más oposición y fui.

Veo en este hecho que el Señor ha querido servirse del Papa Luciani para hacerme regresar a la práctica católica que no he abandonado nunca.

Ahora encuentro que hay un centro dedicado a la promoción de su figura y puedo decir que el Señor me ha escuchado. He rezado tanto para que se hiciera una cosa así. Y agradezco al Señor. Yo siempre trato de estudiar su figura, de leer todos los libros que puedo encontrar. Me uno también al deseo de sor Marie Cecile du Sacre Coeur de Francia y de todos aquellos que desean lo mismo : ver algún día que sea introducida su causa de beatificación que tanto bien haría a la Iglesia Universal.

No obstante ello, pido siempre la intercesión del Papa Luciani como si fuera un santo. Hago celebrar la Santa Misa cada año en su memoria y por su beatificación en Buenos Aires (todos los 28 de septiembre).

Hace cuatro años, tuve la gracia de poder conocer su pueblo natal, Canale D'Agordo, y ahora tengo ganas de conocer el Centro Papa Luciani para ver la obra de ustedes. Espero poder hacerlo pronto". (...)

 

Gloria C. Molinari

Buenos Aires, Argentina

de "Humilitas", Nr.1/87

 

 

NOTA : La autora estuvo de visita en el Centro Papa Luciani el 24 de diciembre de 1986, antes de la publicación de la carta en "Humilitas".

 

El testimonio completo de la conversión de la autora se encuentra en :  "La historia de mi conversión"

 

 


 

(...) "Hoy, volviendo a pensar con calma en los contactos que tuve con él, no sé justamente darme cuenta cómo es posible que haya podido demostrar hacia mí tanto afecto y benevolencia.

El primer contacto verdadero con don Albino lo tuve en Belluno en el lejano 1943 cuando, teniendo tiempo libre en mis tareas de oficina, colaboraba para "L'Amico del Popolo" y era corresponsal provincial de "L'Avvenire d'Italia".

Me encontró en Piazza dei Martiri y me dijo : "He leído tus primeros artículos en nuestro diario católico y me complazco contigo, sólo que, ¿ sabes ?, es una opinión personal mía, ¡ cómo sonaría bien si tú, cuando firmas, pusieras primero el nombre y luego el apellido !". Pero la lección la aprendí desde aquel pequeño novato que yo era.

Desde entonces, mis contactos con él fueron muy raros y justo por ésto me sorprendo todavía hoy por cuanto estoy por escribir :

De septiembre a fines de noviembre  de 1961, fui internado de urgencia en el hospital de Padova para una intervención quirúrgica, pero un no benévolo destino me obligó a estar en cama por haberme sobrevenido dos bronco-pulmonías postoperatorias. Resultado de una consulta médica : no hay esperanzas de supervivencia, tanto que la voz se esparció un poco por todos lados y todos se esperaban, de un momento a otro, el anuncio de mi muerte.

Pero, el entonces obispo de VIttorio Veneto, Luciani, no se olvidó de mí y por dos veces lo vi junto a la cabecera de mi cama y cuando le dije que pensaba morir en casa, con una señal de la Cruz sobre la frente y con las palabras "Dios me ayudó a mí en los sufrimientos pasados y te ayudará ciertamente a ti", se despidió de mí, sonriendo.

A fines de noviembre, me hice llevar a casa para cerrar mi jornada terrena, pero "incredibile dictu", después de tres días que estaba en Falcade, la fiebre que oscilaba siempre en los 40 grados, desapareció completamente y, en Navidad, trabajaba en mi ambiente hotelero, como si nada hubiera sucedido. tanto es así, que el 28 de diciembre, se detuvo frente a nosotros un ómnibus que transportaba religiosas y enfermeros del hospital de Padova, venido a propósito a Falcade para ver si verdaderamente estaba todavía vivo.

Recuerdo que, mientras el grupo se dirigía al comedor, un enfermero, en voz baja (pero que yo había oído bien), dijo a una monja : "Aquél del bar, ¿ es el hermano del Sr. Fol ?". Y ella : "No, no, es aquél que estaba moribundo en Padova". (...)

 

Ernesto Fol

de "Humilitas", Nr.1/87

 


 

"Me llamo Antonietta Dall'Agata. Nací en Godega (TV) el 26.2.1930. Pertenezco a un Instituto Secular y vivo en Vittorio Veneto hace 22 años, en una casa diocesana, donde me ocupo de sastrería para eclesiásticos.

Conocí al Papa Luciani cuando era obispo de esta ciudad. He confeccionado sotanas también para él, tanto como de obispo como de cardenal : sotanas negras. Sé que en Venecia usó las vestiduras rojas de su predecesor.

Sus prédicas en la catedral de Vittorio Veneto, tan simples en la forma y tan llenas de doctrina y de carga persuasiva, me llenaban el alma de alegría.

En las breves palabras que nos dirigió cuando emití los primeros votos (éramos tres novicias) dijo : "Aún cuando se quema la casa y, desde la ventana, ven todo oscuro, no tengan miedo. Arrójense hacia abajo : un Padre amoroso las espera con los brazos abiertos". ¡ En aquellos días, estaba muy dolorida por la reciente pérdida de mi queridísimo papá !

Mons. Luciani sacaba a menudo ejemplos de la vida de San Francisco de Sales y de Santa Teresa del Niño Jesús, y de sus escritos.

Desde hace muchos años, sufro de dolores artríticos, neuríticos y, últimamente, también artrósicos.

El 29 de septiembre de 1978, me encontraba desde hacía tres meses en el hospital civil de Udine, a la espera de ser intervenida quirúrgicamente de dos hernias al disco. Hacia las ocho de la mañana, dos enfermeras vinieron a prepararme. "¡ Qué golpe - me dijeron -. El Papa ha muerto !". Aguanté el llanto para no crear dificultades durante mi transporte a la sala de operaciones : desde hace tiempo, me encontraba imposibilitada de moverme, como si estuviera paralizada. Observé los rostros serios de los doctores y oí sus murmullos de sorpresa y disgusto por la muerte del Papa.

Al despertarme, luego de la intervención, advertí sensiblemente la presencia, cerca de mi cama, del Papa vestido de blanco y con mitra, que me dijo (no sé cómo) : "¡Fuerza y coraje !". Los doctores pensaban que, luego de la operación, habría quedado inmovilizada, en cama, para toda la vida. Cuando hice los primeros pasos, corrieron a la habitación y me rodearon sorprendidos. Todavía hoy, me dicen : "¿ Cómo hace para caminar ?"

Sostengo que este hecho se debe al Papa Luciani. No obstante la situación de sufrimiento en la que me encuentro por las condiciones de mi salud y los continuos dolores, logro todavía moverme, aunque sea con fatiga y con el bastón ortopédico, y a realizar mi actividad de modista.

 

Dall'Agata, Antonietta

de "Humilitas", Nr.2/87

 


 

"Soy una señora de 85 años, casi totalmente enferma, residente en Gaeta, viuda desde hace muchos años y profundamente creyente.

Quiero exponerle mi caso y, en breve, le cuento cómo se han desarrollado los hechos de modo que usted mismo pueda evaluar cuánto hay de milagroso en lo que me ha sucedido.

Hace siete años, mi hija Maddalena, hace ya tiempo padecía de algo que no estaba bien claro, fue internada en el hospital de Roma para efectuarse estudios.

Por seis largos meses, los médicos han tratado de individualizar el mal que la afligía, hasta que, al final, luego de una angiografía equivocada, mi hija cayó en coma.

Entonces, un sobrino mío, cardiólogo, que había seguido su calvario, le dijo a los otros médicos que no había nada más que hacer y que no había ninguna esperanza más de salvación.

En efecto, mi hija no comía más y había llegado a pesar, ni siquiera, cuarenta kilos.

A mí, que me había quedado en Gaeta, los familiares no me dijeron nada, pero mi corazón de madre comprendió que era un caso gravísimo y entonces, llorando desesperadamente y encomendándome a la Virgen, me encontré entre las manos un pequeño periódico. Desde una de sus páginas, el Papa Luciani me miraba sonriendo y yo, entonces, dirigí a él mi llanto desesperado rogándole que intercediera ante la Virgen. Entonces, sentí dentro de mí su voz que me decía con dulzura : Soy yo, ¡ quédate tranquila !

El mismo día, en Roma, mi hija, por una diálisis, empezó a recuperarse, a mejorar y, operada finalmente de un feocromositoma en un riñón (en efecto, había nacido sin el riñón derecho), se curó luego rápidamente.

Ahora, gracias a Dios, está bien.

De lo dicho anteriormente, yo quisiera hablar con alguno de ustedes para agregar todo aquello que no puedo escribir, sino explicarlo personalmente a alguien competente.

 

Rosa Simoncini viuda de Fiorentini

Gaeta

de "Humilitas", Nr.3/87

 


 

(...) "Me permito contarles una pequeña gracia que recibió de él mi mamá. Algún año atrás, tenía como un río de fuego (en un brazo) que le era insoportable, a causa del aplastamiento de un nervio entre las vértebras cervicales.

Ha hecho una cura médica sin éxito y tenía que someterse a una operación.

Yo, mientras tanto, rogaba por intercesión del Papa Luciani. Y así, luego de un tiempo, no obstante las malas condiciones de sus vértebras, no tiene más aquel dolor.

Considero que el Señor quiera al Papa Luciani como dispensador de sus gracias.

 

Gloria C. Molinari

Buenos Aires, Argentina

de "Humilitas", Nr.1/88

 

 


 

(...) "Yo no he tenido nunca la suerte de conocer personalmente al Papa Luciani, pero he seguido todos los discursos que hacía en la televisión desde la elección hasta el funeral, y puedo decir que me considero ya muy afortunado, especialmente por haber visto y oído su primer y memorable coloquio con la multitud, mejor dicho, con "viejos amigos", en aquel magnífico 27 de agosto de hace diez años.

Con aquel diálogo me hizo entender enseguida, no sólo a mí, sino a todo el mundo, cómo era familiar con todos, simple y, sobre todo, humilde, y que su inconfundible sonrisa había entrado en el corazón de cada hombre.

Pensaba que su Pontificado habría durado más tiempo y que, tal vez, un día me hubiera encontrado con él y hablado pero, en cambio, el buen Dios, quiso otra cosa y llamó a su humilde y amable siervo luego de treinta y tres días de Pontificado definidos "espacio de una sonrisa".

Lloré mucho la mañana del 29 de septiembre cuando supe por la abuela que el Papa Luciani había muerto pero, apenas crecí, me consolé con las palabras de San Agustín "No debemos llorar porque nos lo ha quitado, sino alegrarnos porque nos lo ha dado".

De los años que han pasado, o sea, desde el '78 hasta hoy, he visto en mí como una maduración interior que me empujaba a una mayor devoción y confianza total en el queridísimo Juan Pablo I, a tal  punto que comencé a rezarle mucho para que mamá se convenciera de hacerme entrar al seminario (1986), porque justo no quería, a tal punto, que me inscribió en una escuela contra mi voluntad.

Han pasado dos años y poco a poco veía en mi madre un verdadero y propio cambio interior : ahora va casi todos los días a Misa, recibe la Comunión, reza y le he hecho hacer amistad con mi queridísimo obispo.

Este año, sin que yo le dijera nada, ha sido ella quien me dijo de ir al seminario y de haberse arrepentido de no haberlo hecho dos años atrás. Para tener este resultado, tuve que rezarle tanto a Nuestro Señor, por intercesión del Papa Luciani y ahora estoy en el seminario para seguir mi vocación.

Recientemente, he ido (12 de agosto) a rezar ante su tumba para agradecerle lo que ha hecho por mí y por lo que continuará haciendo.

El único deseo, ahora, sería ir a visitar Canale D'Agordo, Venecia y el Centro de ustedes, pero pienso que, tal vez, el verano próximo podré hacer este viaje.

Todos los días, luego de Laudes y Vísperas, rezo siempre la oración que el Papa Luciani nos ha enseñado :"Señor, tómame como soy, con mis defectos, con mis faltas, pero hazme como tú me deseas".

Quisiera que este testimonio (aún indigno), fuera publicado (aún reducido por ustedes) en la magnífica revista "Humilitas", para hacer saber a la gente cuánto amo yo y le rezo al queridísimo Papa de la sonrisa.

Los saludo a todos fraternalmente en Cristo,

 

Sante De Angelis

Seminario San Giovanni

Anagni (FR)

de "Humilitas", Nr.1/89

 


 

"Soy profesor de Letras y Vice-director de la escuela secundaria de Carate Brianza, pero sobretodo, estoy felizmente casado y soy padre de cuatro niños. Hace más de ocho años, encontramos al obispo de Belluno durante unas vacaciones en Falcade. A mi esposa, entonces a la espera del primer hijo, él nos dijo que nos confiáramos a Juan Pablo I, protector de las mamás embarazadas. La cosa entonces no nos impactó mucho. A distancia de quince meses, nació también nuestro segundo hijo (una niña) y, por ambos embarazos, mi esposa fue obligada al reposo absoluto en el primer trimestre por amenaza de aborto.

Luego de algún año, deseábamos un tercer hijo, pero después de un largo período de espera, mi esposa tuvo un aborto espontáneo. Enseguida quedó embarazada. Fue nuevamente obligada al reposo y luego víctima de una gran hemorragia que, según dichos del ginecólogo a cargo, como de aquellos del hospital en el que fue internada enseguida, era signo, si no de aborto ya cumplido, de aborto inminente y casi del todo inevitable.

En el hospital, tuvo otras dos hemorragias y, en aquel punto, dolorido y casi desesperado, me volvió a la mente el Papa Luciani, al cual pedí con todo el corazón la intercesión junto con mi esposa. Desde entonces, no se repitieron más las hemorragias y el 25 de abril de 1991 nació felizmente Paola Maria. Del todo inesperadamente, en la primavera de este año, mi esposa se encontró encinta nuevamente.

Acertado el embarazo, preocupado también por las posibilísimas complicaciones (ocurridas en todas las situaciones análogas precedentes), pedí de corazón al Papa Luciani que intercediera por la salud de la mamá y del niño. Tal oración perduró luego durante todos los nueve meses y - por primera vez, sin ningún problema - el 25 de noviembre nació Giovanni Paolo Maria. Por la gratitud que nutrimos hacia la "paterna y materna" intercesión del Papa Luciani, me he sentido en la obligación de comunicarles estos hechos".

 

Andrea Zambotta

Carate Brianza (MI)

de "Humilitas", Nr.1/93

 


 

Queridísimos, respetuosamente, me permito de referirles algunas gracias recibidas del Papa Luciani.

El 26 de agosto del '78 estaba escuchando mi radio para satisfacer mi curiosidad católica. He aplaudido con alegría sabiendo que había sido elegido Papa, Su Santidad Juan Pablo I.

La noticia de la muerte, un mes después, me ha golpeado profundamente. He encontrado en este Papa una cualidad cristiana excepcional y así, luego de su muerte, he comenzado a rezarle. Como viudo, padre de cinco hijos, tenía el problema de los dos más grandes que se habían precipitado a una vida pagana, abandonando el catolicismo.

Entonces, invoqué a aquél que yo considero ya un santo y estos dos muchachos han retomado su vida cristiana.

Otra vez, yo había sido acusado falsamente en un tribunal y todos los vecinos creían que no habría sabido defenderme. Entonces, recurrí a Juan Pablo I y fui absuelto desde la primera audiencia.

 

T. Nord Kivu

República de Zaire

de "Humilitas", Nr.3/93

 


 

"Desearía contarles un pequeño (¡ o grande !) hecho, sucedido aquí, en Heliópolis, donde realizo mi apostolado.

Una mamá de ocho hijos está en coma desde hace una semana por una meningitis. La asiste la mamá, cristiana. Está por morir y yo lloro más que los suyos. Una noche, entonces, digo en la oración al Papa Luciani : "Oye, tú puedes ver a esta mamá, yo no. ¡ Piénsalo tú ! Esta gracia no te será reconocida jamás, pero tú eres humilde y sé que ésto no te importa".

Puse la medalla del Papa en el pañuelo de la mujer. A la mañana, encuentro a la religiosa de la noche. Tengo miedo de preguntarle cómo está. Ella me mira y me dice que ahora está por morir."¡ Luciani, piensa en ella !", ruego dentro de mí.

A las 7.30 voy por el pasillo y viene a mi encuentro la mamá de la mujer : "¡ Hermana, se ha despertado, habla, ha bebido un poco de agua y está bien !". Lloramos juntas al Señor y al Papa Luciani".

 

sor Vittoria Cibien

Heliopolis (Egipto)

de "Humilitas", Nr.4/96

 


 

"Quien escribe es una chica de 21 años : soy Sonia y vengo de Caorle, un pueblo en la provincia de Venecia.

El año pasado, estuve de vacaciones de verano en Alleghe y así tuve forma de ir a visitar Canale D'Agordo y de entrar en contacto con la estupenda persona del Papa Luciani.

Me ha llevado a escribirles un significativo episodio que me ocurrió en noviembre del '96. Me encontraba en casa, sola, a la mañana, cuando me llamó por teléfono un camillero de ambulancia : "Estamos llevando a su padre al hospital de Mestre. Ha ocurrido un accidente automovilístico, pero usted quédese tranquila que todo irá bien".

Suspendida la comunicación, no les puedo decir en qué estado me encontraba, sobre todo porque no tenía a nadie cerca de mí que me confortara y me ayudara; sobre mi cama colgué un cuadrito del querido Papa Albino, y así, aquella mañana, le dije que protegiera a papá y que hiciera de modo que no le hubiera ocurrido nada malo.

Desde aquel momento me tranquilicé; sabía que no estaba sola, porque había recibido a Jesús Eucaristía aquella misma mañana durante la Santa Misa y luego porque hablaba con mi buen Papa, y ésto me daba coraje y paz.

Luego de varias horas, me llamaron del hospital : el auto de papá, que aquella mañana estaba llegando a Venecia para ir al trabajo, se había caído en plena calle porque, a causa de los frenos, que en aquel momento no habían funcionado, no había logrado frenarse en un stop. A aquella hora (8.30 de la mañana), el tránsito era muy intenso; un camión rozó el auto de papá por milagro, mientras dos automóviles lo han embestido de lleno, destruyéndole completamente el auto.

Mi papá no ha reportado ni siquiera una fractura del accidente, sólo alguna contusión, curada perfectamente con un poco de reposo en casa. Los que tuvieron conocimiento de la dinámica del accidente han dicho que se trataba de un milagro. Yo sé a quién atribuir este milagro : a él, al Papa que sonríe todavía en el Cielo a cuantos lo invocan en la oración.

Por ésto les he escrito, para agradecer al Papa Luciani por lo que,  por su intercesión, Jesús me ha concedido, y quisiera, además, poner a toda mi familia y a los míos bajo la protección del querido Papa Luciani. Yo lo considero un querido amigo mío. Lo siento siempre cercano y hablo con frecuencia con él". (...)

 

Sonia Dorigo

Via Dello Zodiaco, 630021

Caorle (VE)

de "Humilitas", Nr.2/97

 


 

(...)"He conocido al Papa Luciani todavía en "Stella Maris" de Venecia y tuve ocasión de tener bellas charlas con él. Voy al grano : hace poco tiempo, habría debido, a juicio de los profesores, ser operada de un mal más bien malo; pero la Madre Superiora ha rezado conmigo al querido Papa Luciani y creo que por su intercesión ante Aquél que todo lo puede, volví al profesor y me dijo : "Por ahora, las radiografías son buenas y no se piensa en la intervención quirúrgica prevista". No quiero exagerar, pero, para mí, el Papa Luciani  estuvo cerca de mí y es un santo, un gran santo".

 

Cecilia Gallina

Col San Martino (Treviso)

de "Humilitas", Nr.3/97

 


Conversión de Rodolfo Tortoriello (Buenos Aires - Argentina)

 “ La señora Alicia Ruiz de Gima, de Buenos Aires, me ha contado la historia de la conversión de un primo suyo, Rodolfo Tortoriello, entonces de 29 años, el cual no era un católico practicante. Recibido de ingeniero en 1978, hace un viaje por Europa con un amigo suyo en una combi alquilada. Comienzan por España, luego Francia. Llegados a Italia, a la muerte del Papa Paulo VI, van hacia el sur y vuelven a Roma para la fumata blanca. Así han podido ver a Juan Pablo I el día de la elección. Y continúan su viaje hacia Florencia, Venecia, las playas. Los dos muchachos querían sólo divertirse. Pero, las cosas cambian para Rodolfo. Vuelven a Roma el día después de la muerte del Papa Luciani. Rodolfo se encuentra en la Plaza de San Pedro y hace la cola para visitar el cuerpo luego de una larga espera. Había visto a mucha, pero a mucha gente que lloraba y que se daba cuenta de cómo se sentía abandonada. También él se puso a llorar. Había sentido algo extraño y él manifestó que era una de las pocas veces en que había llorado. Sentía un dolor muy grande que no lo podía explicar; no sabía cómo explicarlo. Poco después, llega la conversión".

De un diálogo con la autora,

Octubre de 2000

 


"En Italia, Emilia Aresa había sufrido durante años dolores de espalda que le impedían realizar las tareas de casa y ninguno de los médicos consultados había estado en grado de encontrar una solución. Estuvo presente en el funeral de Juan Pablo I y, con lágrimas, oró : "Papa Luciani, tú que estás tan cerca de Dios, ruega por mí y obténme la curación o, al menos, hazme estar bastante bien para cumplir las tareas de casa. Si tú hablas con Jesús, te escuchará ...". A la mañana siguiente, cuando se levantó, todo dolor había desaparecido y no apareció más".

de "Giovanni Paolo I - The Smiling Pope"

Istituto Editoriale Europeo, Napoli 1987

 


 

"En enero de 2000, en el crucero donde trabajé, un Oficial Administrativo había sufrido una especie de ictus (que luego han dicho, por exceso de trabajo). Vino hacia mí la esposa, llorando (también ella trabajaba allí realizando tareas administrativas) y diciendo que su marido se encontraba en el hospital de a bordo; que no se movía, no tenía reacciones. Le dije que rezaría por él. Por lo tanto, una vez terminado mi turno en la recepción, fui a la capilla a rezarle a Dios por intercesión del Papa Luciani por la curación de este compañero de trabajo. Al día siguiente, él se había reestablecido como si no hubiera ocurrido nada. Cuando lo volví a ver, le dije quién lo había ayudado".

La autora


 "Aquí, en los Estados Unidos, una madre, encinta del tercer hijo, tenía graves complicaciones, tanto que los médicos le dijeron que, no sólo no había esperanza para el niño por nacer, sino que ella también moriría de no abortar. Se negó. Le enviaron un pedacito de la sotana blanca usada por el Papa Luciani, junto con la oración por su beatificación. Con gran estupor de los doctores, nació un bellísimo niño; nunca habían visto un resultado más positivo, teniendo en cuenta las complicaciones relevadas. Decidieron, por lo tanto, señalar el caso a las revistas médicas especializadas. El niño, que ha sido llamado Davide Matteo Giovanni Paolo está ahora sano, feliz, ¡ con una sonrisa irresistible !".  

de "Giovanni Paolo I - The Smiling Pope"

Istituto Editoriale Europeo, Napoli 1987  

 


 

 "Querido don Albino,

Lo que estoy por contarles debería darte placer a ti, pero, seguramente, llevará consolación también a cuantos han sufrido no poco por tu imprevista  partida de este "valle de lágrimas". Y tú sabes bien que, junto a los familiares y a tus directos y fieles colaboradores, hay tantas personas humildes en todas partes del mundo que te quieren mucho y que continúan dialogando contigo.

He conocido, días pasados, a un operario de Lendinara (una pequeña ciudad en la provincia de Rovigo, donde tú has estado y donde yo inicié, hace más de treinta años, mi servicio pastoral), Italo Carità, 52 años, casado y con una hija de 20 veinteañera. Me lo presentaron, el párroco don Vittorio y sor Anna, ambos convencidos de encontrarse frente a algo extraordinario. Este señor era conocido como un "come curas" (palabras suyas) excepcional, empedernido blasfemo y del todo indiferente a cualquier reclamo religioso.

La señora Graziella, esposa paciente y devota, luego de los primeros años de matrimonio y en espera de la hija, había ahora renunciado a la idea de conducir al marido por el recto camino.

A la muerte de Paulo VI, con el cónclave que le siguió - y tú sabes de éso seguramente más que nosotros - se difundió la noticia de tu elección a la Cátedra de San Pedro : el señor Italo, en el momento, reacciona con pesadas expresiones, irrepetibles, tanto que la esposa, después de haber manifestado su alegría por la elección de nuestro Patriarca de Venecia, decide no volver a hablar más del argumento.

Pero, en los días siguientes, comenzando por aquella conversación con la multitud que tuvo el domingo desde la logia de San Pedro : (... Ayer por la mañana, mientras iba a la Sixtina ...), en aquella casa de la calle Trento, justo en Lendinara, estaba sucediendo algo extraño : el señor Italo miraba el noticiero, escuchaba a este Papa nuevo que hablaba simple ... Hasta cuando, apenas un mes después, llegó la increíble noticia de su muerte. A la hora del almuerzo, el noticiero difundió las imágenes y comentarios de aquel Papa sonriente que ya había desaparecido. Italo estaba comiendo y, junto a él, estaba la esposa, encinta y próxima al grato evento. Juntos cuentan lo que sucedió : mientras pasaban las imágenes de la audiencia pública, la del Papa con Daniele Bravo, el chico romano de quinto grado de la primaria que ayudó al Papa en la explicación del acto de caridad, de golpe, el señor Italo rompió en un llanto incontenible, se cubrió el rostro y se quedó como fulgurado en el alma, cambiado y dado vuelta como una media, en fin, convertido al instante.

Ahora, a más de veinte años de distancia, venimos a saber todo ésto y encontramos en su casa un gran retrato de Juan Pablo I; desde entonces, ha ido cada año a Canale D'Agordo a dar las gracias y su comunidad cristiana testimonia un milagro que dura en el tiempo. Tú sabes bien que nunca me hubiera permitido de hablar con nombre y apellido de un hecho tan delicado, si el directo interesado no me hubiera rogado hacerlo, en honor a la verdad y para edificación de los buenos.

Volviendo a pensar en lo sucedido, me vengo preguntando si no haya llegado el momento de incluir para las causas de los santos, los milagros instantáneos que suceden, no tanto en el cuerpo, cuanto en el espíritu. Porque, aún cuando ahora tú mismo te escondieras detrás de las puertas del Paraíso, creo que justo cambiar la cabeza y la vida de la gente en la dirección del Evangelio, haya sido el objetivo de toda tu existencia. Y, justamente, serás feliz por éso.

Con afecto.

 

don Licio Boldrin

de "Humilitas", Nr.4/99

 

 


 

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