La historia de mi conversión

 

Diciembre de 1973 : Tenía 13 años. Estudiaba en una escuela parroquial y era mi último año de escuela primaria. Al año siguiente, me enviaron a una escuela secundaria pública. Así, decidí abandonar las prácticas religiosas, más aún, no quería poner más el pie en la iglesia. Esta decisión la había tomado a causa de un hecho estúpido que me había sucedido. Conocía los mandamientos muy bien, la diferencia entre el Cielo y el infierno pero no me importaba nada de mi vida eterna.

 1976 : Dios me llamó, por primera vez, de forma un poco demasiado violenta. Un día recibí una descarga eléctrica mientras intentaba encender la luz detrás de la TV. No podía recordar qué me había sucedido mientras tanto. Lo único que recuerdo es que hablaba con dificultad, temblaba y no podía caminar bien. Pensé en mi muerte. Pero estaba con vida. Tenía miedo. Recé el Rosario y éso es todo. Dios tenía todavía que esperar dos años para probar de nuevo.

 6 de agosto de 1978 : El Papa Paulo Vi muere. Estaba sorprendida. Yo me decía que el Papa Paulo era mi Papa. Estaba acostumbrada a oír hablar de él, a verlo, en todos aquellos años de mi niñez y adolescencia. No podía creer que un Papa  podía también morir. Así, no solamente no tenía ningún interés por el cónclave que debía realizarse sino que también rechazaba al Papa que debía venir.

 26 de agosto de 1978 : Mi madre estaba descansando, escuchando la radio. Me había llamado. Fui a su habitación y me dijo que teníamos un nuevo Papa : era Albino Luciani de Venecia. (Venecia, ¡¡¡ la ciudad de mis sueños !!!. Habitualmente, yo dibujaba góndolas cuando estaba en la escuela primaria). Por lo que se refiere al nuevo Papa, nunca había oído hablar de él en toda mi vida pero, de pronto, misteriosamente, salí de la habitación, tomé un palo y me puse a golpearlo contra dos columnas metálicas que se encontraban en el patio. El sonido era similar al de las campanas. Dios me estaba llamando de nuevo. Luego, fui corriendo hasta la terraza (mientras tanto, se sentía el repicar de las campanas de la parroquia)  y comencé a saltar y a gritar de alegría. Quizá, alguno, mirándome, hubiera pensado muy bien : "¡ Pero esta chica ha enloquecido !" Primero, ella rechazaba al Papa y ahora ...". Tenía todavía que esperar dos horas para ver al nuevo Papa.

 Estaba yo mirando unas diapositivas que había hecho durante las vacaciones de invierno con mis compañeras de escuela cuando me puse a prestar atención a la TV : estaba por aparecer el Papa en el balcón de San Pedro. Cuando lo vi, quedé impresionada, fascinada. Estaba viendo el rostro del Señor en un hombre; estaba mirando un santo. Me dije : "¡ Qué cara de Papa tiene !". Dije éso porque la palabra Papa representaba, en mi imaginación, justo aquel rostro que yo estaba viendo en la TV. Luego, comencé a interesarme, no solamente en conocer todo sobre el nuevo Papa, sino en la Iglesia, en mi religión. Me di cuenta de que la gente se aficionaba a él, se había enamorado de él  y yo también sentía la misma cosa.

 16 de septiembre de 1978 : Estaba leyendo en la cocina. A las 18.30, oía el repique de campanas de la parroquia que llamaban para la Misa de las 19.00. Comencé a sentir una "fuerza" extraña que me invitaba a ir a Misa, pero la resistía diciendo : ¡¡¡ no, no !!! Me acordaba cuando mi abuela me pedía que la acompañara a Misa y siempre yo le decía : "No, hoy no puedo. No, no quiero. No, la próxima vez", y así sucesivamente. Siempre encontraba excusas para no ir a la iglesia. Pero, aquel día, la fuerza insistía e insistía y yo decía : ¡¡ no, no !! Era tan irresistible que me sentía como si me hubiera arrancado de la silla. No podía decir más que no y fui a Misa con mi abuela sintiendo mucha alegría.

 29 de septiembre de 1978 : A las 6.30, mi madre me despertó porque tenía que ir a la escuela y me dio la mala noticia. Estaba todavía adormecida y respondí : "Pero, ¿ qué estás diciendo ? ¡ El Papa murió el mes pasado !" "¡¡¡ No, el nuevo !!!" No podía creerlo ( y, ¿ quién podía ?). Cuando supe que era verdad, estallé en un llanto incontenible y empecé a gritar. Lloré todo el día. Ciertamente, no fui a la escuela y, ni siquiera, a la clase de inglés por la tarde. ¡¡¡ Qué tristeza !!! Algunos días antes, había tenido un extraño presentimiento sobre el Papa Luciani; algo malo; una especie de miedo y no sabía el por qué.

 30 de septiembre de 1978 : Volví a la iglesia para la Misa y de allí en adelante no abandoné más mi fe.

 Noviembre de 1978 : Fui a ver al párroco para la confesión luego de cinco años de no haberla hecho más.

 Aquella vez, Dios me había llamado de un modo muy dulce y le dije que sí a Él. Tal vez, la muerte del Papa Luciani ha sido "necesaria" para acelerar mi conversión y quizá para cuántos otros bienes ... 

 Gloria C. Molinari


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