Las florecillas del Papa Luciani

 

Parte VIII

 

 

 

 


 

- De "Humilitas" - años 1998 - 1999

 

 

Navidad

 

"Luciani vivía la Navidad también en el recuerdo de su familia y de su niñez. En el obispado, deseaba celebrar la Novena de Navidad a la que puntualmente participaba.

Dirigía a las monjas y al secretario presentes una reflexión y una invitación a formular un propósito de vida. Alguna noche, antes de retirarse a su habitación, venía también a echar una ojeada para ver cómo iban los preparativos del pequeño pesebre, colocado en la capilla privada.

En aquellos días, en la cena, sabía serenamente renunciar a la fruta, al vino, y pedía de cenar lo que había quedado del almuerzo.

Una vez, en Navidad, un sacerdote era huésped en la Casa de Ejercicios de Vittorio Veneto. Luego del pontifical en la Catedral, Luciani lo invita :

- Ven hoy a almorzar conmigo, es Navidad; estoy solo porque quise que mi secretario fuera a encontrarse con sus padres, hasta que sea posible. Yo tengo un poco de remordimientos por no haber ido lo bastante frecuentemente a hacer compañía a mis padres, especialmente a mi madre, que me lo pedía con insistencia.

 

don Francesco Taffarel

 


 

Del mísero ingreso a Venecia a los triunfales funerales en el Vaticano

 

"Cuando el Patriarca Luciani, en el ahora lejano 8 de febrero del '70, hizo su ingreso en Venecia, cuántos de nosotros recordábamos abril del '49 o marzo del '59 en que Venecia había acogido a sus últimos tres Patriarcas, no podíamos no constatar la enorme diferencia. Triunfales aquéllos por flujo de gente, por imponencia y señorío de forma, por esplendor de sol; mísero, en cambio, y gris (hasta el tiempo era tedioso) éste del nuevo Patriarca, en obsequio a la nueva línea impuesta por las nuevas fuerzas innovadoras del post - 68 de la diócesis.

Recuerdo que, entrando a la basílica de San Marcos, un colega amigo, que de Luciani se decía estimador, más bien mortificado por la excesiva simplicidad de aquella acogida, me dijo : "¡ Verás qué triunfo serán, en cambio, sus funerales !". Palabras que me han vuelto a la mente en estos días en la grandiosidad de la Basílica vaticana donde, a través de los medios de comunicación, pudimos decir que todo el mundo estaba reunido".

 

 

mons. Giuliano Bertoli

ex Rector del seminario patriarcal de Venecia

 


 

El Papa Juan sabe convencer ..., ¡ en cambio, don Albino no !

 

"¡ Nuestro don Albino ! Era así que lo llamaban los fieles de la iglesia victoriesa. Un hombre simple, humilde y con un gran espíritu de pobreza. "Le había dicho al Papa Juan que podía pensar en otro y no en mí - confió a Giacomo Peterle -. A su tiempo, me fue propuesta la nómina como obispo. Dije enseguida que no me parecía ser apto y que, de todos modos, me quedaba muy a gusto en Belluno en mi trabajo. Luego de dos pedidos y dos rechazos, fui invitado a Roma.

Me habló personalmente el Papa Juan rogándome que aceptara. No teniendo otros argumentos para resistir a los ruegos de aquel hombre santo, le dije : Santidad, no estoy tan bien ... tengo alguna dificultad en la respiración. - Entonces, estamos bien - dijo el Papa Roncalli, por toda respuesta ... estamos bien porque lo mando a Vittorio Veneto, sobre la colina, en el castillo ... ¡ si supiera que aire bueno ! ... yo lo sé porque, desde Venecia, he ido allí varias veces. Le hará ciertamente bien. A lo que no supe más qué responder u observar. Y, acá estoy. Tenía razón el Papa : es un buen clima, ¡ también un bello lugar ! Es buena también la gente".

 

Un obispo en rodaje

 

"Además de la humildad, se mostró particularmente sensible hacia otro valor : la pobreza. Cuando llegó a Vittorio Veneto, Luciani trajo consigo sólo su ropa y la biblioteca. No poseía la televisión que aceptó de regalo sólo para poder seguir la peregrinación de Pablo VI en Tierra Santa - escribió don Arrigo Gobbo, su ex secretario, fallecido hace años.- Las comidas eran de una frugalidad extrema y no recuerdo que haya tenido nunca un período de vacaciones. Del dinero que recibía, se servía para ayudar a los pobres y aún a no pocos sacerdotes en dificultades.

" ¿ Pero, es de veras un Obispo ? Ésto se preguntaban los fieles de la diócesis de San Tiziano -. ¡ Quizá esté todavía en rodaje !"

Albino Luciani era de contextura delgada y frágil. La voz era débil. El comportamiento humilde. A menudo escondía las insignias episcopales, sea que fuera a visitar a los enfermos en las casas de reposo o de cura, sea que entrara en una hostería a tomar un "ombra" ( vino ) con algún sacerdote.

Pero, con el transcurrir de los meses y de los años, bien rápido los fieles cambiaron de opinión. El tono tenue y frágil de su voz terminó por infundir seguridad a quien lo escuchaba".

 

Nicola Scopellitti

 


 

Don Albino "guardia de seguridad"

 

Recuerdos de don Alfieri De Lorenzo, sacerdote de pura sangre cadorina que tiene un gran recuerdo de don Albino Luciani como prefecto y vicerrector del seminario de Belluno. Don Alfieri me mostró un pequeño anotador, lleno de nombres y de números, que contiene las medidas exactas de las sotanas que su mamá Amelia hacía, como modista renombrada, a varios sacerdotes, entre ellos Luciani. Era cómodo para él tener a esta modista que vivía cerca del seminario, en los viejos locales, sobre S. Pedro. Y, del anotador, resulta que él fue tres veces para hacerse la sotana o el abrigo. Y la modista anotaba : altura 140, hombros 21, tórax escaso ... " y por ésto se preocupaba, como una mamá, por la salud de don Albino", agrega don Alfieri.

Pero hubo un episodio que entristeció a Amelia. Fue al Seminario a llevar la ropa nueva a un seminarista y el vicerrector Luciani la detuvo en la portería y quiso mirar dentro de su cartera. ¡ Un gesto no habitual y sospechoso ! "¿ Cómo es posible ? ...", preguntó don Alfieri al vicerrector. Y, cándidamente, respondió : " lamento esta curiosidad, pero tuve que obedecer al Rector que pensaba que la mamá llevara al Seminario también algún periódico prohibido".  En aquellos tiempos, los seminaristas no podían leer ni siquiera "Il Gazzettino" o "L' amico del Popolo", por miedo a que se distrajeran en el estudio y en las prácticas de piedad. Así se explicó el gesto de Luciani y la sospecha del Rector se ha aclarado y disuelto".

 

 

Las escapaditas al bar a espaldas del vicerrector

 

"Don Alfieri recuerda con gusto a Luciani más como prefecto que como vicerrector. ¿ Por qué ? ... "Era uno de nosotros, vivía con nosotros, estudiaba con nosotros, paseaba con nosotros ... Y era bello e interesante conversar con él, que sabía de todo".

Recuerda con gusto también los paseos, guiados por Luciani, hacia Limana, Castion, Salce ... "Él iba siempre delante del grupo, absorto en la conversación, con los dos vecinos y seguía adelante, sin nunca darse vuelta ... para ver que nosotros entrábamos en algún bar, fumábamos algún cigarrillo, haciéndola franca".

Don Alfieri sostiene que Luciani era un hombre "superior" : fiel a las reglas, pero también libre. Era exigente, pero también comprensivo, humano, cercano a los  problemas personales de ellos".

 

Cesare Vazza

 


 

"Patriarca, ¿ qué broma nos has jugado ?"

 

"Reía de gusto, Albino Luciani, mientras nosotros, de la compañía teatral del seminario, representábamos las intrigas siempre iguales y siempre diversas de las comedias de Carlo Goldoni. Yo había sido promovido aquel año al rol de actor luego de un breve período de entrenamiento en la dirección y, me resultaban estrechas - literalmente, porque los viejos vestidos para la representación eran de alguna medida inferior a la mía - las ropas del señor Maurizio, uno de los Risteghi. Y reía de gusto el Patriarca aún cuando, terminada la comedia, lo invitamos a posar para la foto recuerdo de rito que tengo en mis manos. Se prestaba con gusto y posaba en medio de nosotros, actores de una extravagante compañía en la que, por necesidad, los hombres hacían la parte de las mujeres.

Leo la fecha de la foto : febrero de 1978. Me vuelvo a veinte años atrás, a aquel atormentado y extraordinario 1978, el año del secuestro de Aldo Moro y del triste llamado de Pablo VI a los hombres de las Brigadas Rojas, el año de su elección al solio pontificio.

Veinte años, y me parece ayer, como la tarde de aquel 26 de agosto, cuando en la TV trasmitieron en directo desde la Plaza de San Pedro, la fumata. ¿ Era blanca, era negra ? No se entendía. Yo debía salir para un compromiso pero, al final, me quedé pegado al video y fue la alegría más grande que hasta entonces nunca había probado. "Eminentissimum ac reverendissimun Dominum,Albinum ..., pronunciaba sonriente el cardenal Felici. Era él, me parecía imposible. Patriarca, ¡¿ qué broma nos has jugado ?! "Sanctae Romanae Ecclesiae Cardinalem Luciani". Sí, no había ninguna duda, era de veras él. Nuestro obispo. Aquél que, encontrándome, me decía con su sonrisa desarmante : "¡ Me avergüenzo, cerca de ti, yo, patriarca, tan pequeño y tú, seminarista, tan grande !". Aquél que, cuando en las celebraciones en San Marcos, le decíamos, apoyándole la mitra en la cabeza : "Un momento, Eminencia, que está torcida", respondía buenamente : "No es la mitra que está torcida, es mi cabeza la que está mal hecha". Corrí a la iglesia y me aferré a las campanas, que entonces eran de cuerda, y las hacíamos repicar, repicar por quién sabe cuánto tiempo".

 

 

don Sandro Vigani

 


 

Disculpas por la púrpura

 

"La última vez que lo encontré personalmente fue en Venecia el Lunes Santo de 1978. Me acogió, junto a dos amigos, en su estudio. Estaba vestido de rojo - púrpura y se excusó. "¡ Tengan paciencia ! Me esperan en media hora en San Marcos para un encuentro con los chicos de la ciudad. ¿ Saben ? A ellos les gusta ver al Patriarca vestido de rojo. Disculpen". Se hizo traer por el secretario un abrigo negro y, mientras se lo ponía, repetía : "Tienen de veras que disculparme ..."

 

Mario Carlin

 


 

Recuerdos de un compañero de seminario, Erminio Scola.

 

 

Un poeta castigado

 

"En el seminario, Luciani era un chico vivaz; era fuerte en italiano y en historia, mientras  yo era fuerte en matemática", cuenta Erminio. Luciani recibió también un castigo del maestro Troian, durante una lección de historia, porque él estaba distraído. Escribía poesías en una hoja ... Troian le llamó la atención, le ordenó que le entregara la hoja y lo castigó : "Estarás una hora de pie, inmóvil". Luciani obedeció tranquilo, sonriendo".

 

 

"¡ Tienes razón tú !"

 

"Después del seminario menor, ambos amigos pasaron al seminario de Belluno. Una vivaz discusión con Luciani durante un paseo : "Hablábamos de los Papas del pasado y yo expresé un juicio duro, negativo de un Papa. Luciani se enfureció y dijo : Te equivocas, éste es un gran Papa ... Pero yo, testarudo, reafirmaba mi juicio negativo. Luciani, entonces, de golpe, bloqueó la discusión y me dijo : ¡ Tienes razón tú ! Vuelto al seminario, consulté el libro de historia y vi que la "razón" era suya, mientras yo me equivocaba del todo ... Aquí he visto la bondad y la humildad de Luciani", concluye Erminio.

 

 

Ronquidos en la noche

 

"Envidiaba a Luciani porque, no obstante el frío de las habitaciones, lograba dormirse enseguida y ¡ también roncaba ! Mientras yo comenzaba a dormir luego de la medianoche. Le pregunté un día : ¿ Cómo haces para dormir con este frío ? ... Luciani me ha entendido enseguida y me dio su edredón. ¡ Qué gran placer ! Finalmente también yo podía dormir bien".

 

 

Cesare Vazza

 


 

Una sangre poco común para una vida por salvar

 

"Había apenas cumplido los 16 años en el lejano 1938. En el mes de noviembre fui internado en el Hospital de Belluno, afectado de un mal que no perdona. Fui operado, pero luego de algunos días, durante la medicación, la arteria femoral se rompió y comenzaron a presentarse las hemorragias; se pidió ayuda a mi pueblo; eran necesarias transfusiones de sangre. Llegaron de mi pueblo chicos y chicas pero, a veces, el grupo sanguíneo era más bien raro.

Una noche de la primera semana de diciembre, fui afectado por una fuerte hemorragia. A la mañana, me encontraron desmayado y desangrado; pidieron de nuevo ayuda a mi pueblo. Se encontraron cuatro muchachos; fueron llevados para la prueba de sangre pero ninguno de los cuatro me pudo ayudar. No iba bien para mi grupo y se fueron. Yo entré en coma. A la noche, vino don Albino Luciani que salió del seminario para hacerme una visita; me encontró en fin de vida; le fue referido todo lo que había ocurrido : necesitaba sangre; él se ofreció. Hicieron la prueba de su sangre e iba bien para mi grupo. He recibido su transfusión mientras yo estaba en coma y no habría sabido nada de todo lo que había ocurrido hasta el día siguiente. A la mañana, me desperté y la enfermera me dijo : Vino don Albino y te ha dado sangre, pero tú estabas durmiendo.

Pasaron algunos días. Llegó el 13 de diciembre, a la noche apareció don Albino; a mala pena lo he conocido, estaba siempre mal, tenía la fiebre altísima, tenía la bolsa de hielo en la cabeza. Él me preguntó cómo estaba; luego me dijo : he vuelto todavía a darte un poco de sangre, y me saludó y se fue. Al día siguiente, la fiebre había desaparecido y su sangre me quedó; no salió más de la herida y me ha quedado para siempre. Desde entonces, la llevo encima. El milagro había sucedido; creo en este milagro como creo en Dios, creo en su santidad como hombre de caridad, hombre de amor. Con su ejemplo, nos enseñó cómo se puede amar, cómo se puede servir. ¡ Debemos recordar !

El Papa Luciani, no solamente Papa, sino como hombre dotado de sus virtudes porque aquel patrimonio de enseñanzas que nos ha dejado permanezca con nosotros. En febrero del '98, escribí una carta al Papa dando mi testimonio de los hechos ocurridos 60 años atrás, pidiendo la beatificación y el nombramiento como patrono de los donantes de sangre.

El Papa Luciani ha sido uno de los primeros donantes de sangre de mi pueblo".

 

Achille Fontanive

 


 

"Piensa qué cosa diría mamá si estuviera aquí"

 

 

Fragmentos de la entrevista a Antonia Luciani, hermana del Papa.

 

- ¿ Qué recuerda de su encuentro luego de la elección ?

"Mi mamá, cuando era joven, en Venecia había encontrado al cardenal Giuseppe Sarto, futuro Pío X. A nosotros, niños, nos decía : "Piensen, he visto al hombre que se convirtió en Papa". Aquel 2 de septiembre de 1978, cuando Juan Pablo I me ha recibido en audiencia, le he dicho : "Piensa qué cosa diría mamá si estuviera aquí". Él me tomó el rostro entre las manos y me abrazó".

 

 

 

 

- ¿ Qué le dijo el Papa ?

"Trató de tranquilizarme a mí y a mi hermano Edoardo. El Señor nos ayudará porque no he hecho de veras nada para llegar hasta acá. Por lo tanto, estoy tranquilo yo y estén tranquilos también Uds". Luego, nos confió que el primer pensamiento después de la elección había sido el de tomar el nombre de Pío XIII. Pero que había cambiado enseguida de idea pensando en los sectores de la Iglesia que hubieran instrumentalizado esta opción".

 

- El del 26 agosto ha sido un cónclave relámpago. Según Ud., el cardenal Luciani ¿ se esperaba de ser elegido ?

"Mientras él estaba en Roma, en espera del cónclave, me mandó una carta. "Son momentos de grave responsabilidad", escribía, "aún cuando no hay ningún peligro para mí, no obstante las charlatanerías de los periódicos". Cuando vi en TV el ingreso de los cardenales en la Sixtina, me pareció que la telecámara se detenía un poco más en su rostro : estaba preocupado. No excluyo que se esperara alguna cosa".

 

- Luego el anuncio de la elección ...

"Cuando oí la voz del cardenal Felici pronunciar el nombre "Albinum" caí de rodillas y exclamé : "¡ Pobre Albino !"

 

- Una reacción un poco extraña. ¿ No estaba contenta de haberse convertido en la hermana del Papa ?

"Sabía que para él era un peso enorme. En los últimos meses, continuaba diciendo : "Pablo VI, pobre Papa".

 

- En los últimos meses se ha hablado de un milagro que fue atribuido a la intercesión de su hermano. ¿ Ud. ha recibido señales de este tipo ?

"He recibido muchas y continúo recibiendo. Tantas personas dicen de haber obtenido gracias rezándole a mi hermano".

 

- ¿ Qué piensa de un eventual proceso de beatificación ?

"Pienso que él, Albino, por cierto no lo querría. Yo creo que está en el Paraíso, que ya sea Santo. Pero que no le gustaría ser puesto en los altares".

 

 

Andrea Tornielli

de "Il Giornale"

28.09.1999

 


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