Las florecillas del Papa Luciani

 

Parte VII

 

 

 

 


 

- De "Humilitas" - años 1996 - 1997

 

 

¡ Desafortunado con el auto ... el obispo debe hacer dedo !

 

"El obispo está de visita en una parroquia de un valle. La rueda del automóvil se desinfla y faltan tres o cuatro minutos al horario ...

Pasan en auto los cazadores ...; se les hace dedo de emergencia ... mientras se proveía al cambio de la rueda. Responden :

- En el auto tenemos los perros ... el fusil ... no está bien que el obispo esté en tal compañía ... y se van velozmente a cazar ...

El obispo va adelante, con paso vivo, solo ... a pie ..."

 

 

Una mesa alegre con los obispos

 

"También los obispos aman estar juntos. Y Luciani a menudo se encontraba para cenar con Mons. Muccin, obispo de Belluno - Feltre, o con Mons. Bortignon, obispo de Padua.

Era hermoso verlos también bromear, contarse sus aventuras y cómo trataban de resolver situaciones difíciles que se les presentaban a ellos ... Luciani solía decir :

- Los sacerdotes no vienen, o sólo raramente, a encontrarse con el obispo para informar cuando las cosas van bien, sino que vienen a contar las dificultades, la gente que no va a Misa, la falta de medios para restaurar la iglesia, el oratorio, el campanario.

Y, habitualmente, el encuentro de los obispos terminaba con una "quinita" caliente, que ayudaba a dormir toda la noche".

 

 

Dolores de hígado

 

"El obispo Luciani era esperado, hacia la tarde, en Roma, para la reunión de la Comisión de la Conferencia Episcopal Italiana ... A la mañana fue a celebrar la Misa en una fábrica para luego partir en auto para Roma.

Al terminar la Misa, acusa fuertes dolores de hígado ...; se llama al médico que dice : ¡ cólico ... quédese en casa !

- ¡ No puedo ! Fue la respuesta rápida y decidida; debo estar presente ... se trata de una cuestión importante ... Hagamos así : en el auto, pondré almohadones, me extenderé como sobre una cama ... Ud., doctor, deme medicinas y yo ... parto ...

De tal modo, llegó a Roma a la tarde. ¡ Por suerte, se pudo a la noche llamar por teléfono asegurando al médico que el mal había desaparecido !"

 

don Francesco Taffarel

 


 

Un encuentro en el puesto de periódicos

 

"Cómo puede suceder que uno cualquiera se cruce con un futuro Papa por la calle ...

Una mañana de agosto avanzado de 1978, al kiosko de la Plaza de San Pedro yo había ido a comprar mi periódico. Me encontré a espaldas del Patriarca de Venecia, card. Albino Luciani, que era el comprador que me precedía. Dándose vuelta, su mirada se encontró con mi cara y, tímidamente, dijo : "Yo lo conozco a Ud. "

Le confirmé mi identidad y agregué : "¡ Mucho mejor lo conozco a Ud., Eminencia. El Patriarca Luciani de Venecia !"

Conversamos largamente. Tanto me impactó su humilde conversación, de tener la sensación de ser yo el Patriarca y, mi interlocutor, el pobre cura con el cual se había encontrado por casualidad.

Alguna semana después, su voz desde el balcón de la Basílica vaticana contaba al mundo la inesperada aventura de su elección al papado.

Yo estaba encargado de la telecrónica en directa por los micrófonos del GR2 en la Plaza de San Pedro y, recordando el episodio del kiosko, me complací de haber tenido la primera audiencia del nuevo Papa escondido, in pectore, del Espíritu Santo".

 

Carlo Cremona

de "Avvenire" 27/9/95

 


 

Fragmentos de una entrevista a don Ettore Fornezza, párroco de S. Michele de Marghera (VE).

 

 

"Verás, conmigo serás cura"

 

- ¿ Recuerda el primer encuentro con el futuro Juan Pablo I ?

- Cierto, y fue en un contexto muy singular. Apenas yo había entrado en el seminario en Venecia; tenía 30 años y había trabajado 12 años como empleado; era el invierno del '69; había muerto el Patriarca Urbani y había sido nombrado para sucederle el obispo Luciani. Así, durante las vacaciones de Navidad, una veintena de seminaristas pensaron ir a Vittorio Veneto a encontrar al nuevo Patriarca. Fui con ellos pero, mientras ellos vestían en perfecto clergymen, yo tenía todavía el traje de calle, con corbata y todo. El obispo Luciani nos acogió con franca cordialidad en su "castillo"; se informó con cada uno acerca de la familia y de los estudios pero conmigo no hablaba una palabra. Al final del encuentro, saludó a todos los seminaristas y, dirigiéndose a mí, dijo : "Imagino que Ud. será el chofer ..." Le respondí que había entrado hacía pocos meses en el seminario con la esperanza de hacerme cura. "Verás - me dijo enseguida - conmigo serás cura". Y, luego de seis años, me ha ordenado sacerdote, no sólo, sino que he tenido la satisfacción de estarle cerca tantas veces y por un largo período, como uno de la familia.

 

-De cerca y en privado, ¿ qué le parecía el Patriarca Luciani ?

- Apenas llegado a Venecia, me nombró "crucífero" (el seminarista que lleva la cruz en las procesiones) y la cosa me consentía entrar a menudo en su estudio donde la cruz se guardaba habitualmente. A veces lo acompañaba sustituyendo al secretario, especialmente durante el verano y en las mayores festividades. Yo era el único seminarista de la ciudad y así tuve modo de conocer a sus familiares y de conversar con él en los diversos traslados.

Todavía hoy, a 20 años de distancia, vuelvo con gusto cada vez que puedo a Canale D'Agordo, a casa del hermano Edoardo, pues allí se respira todavía aquel aire de simplicidad y de gentileza que he gustado tantas veces. A la mesa - por ejemplo - el Patriarca Luciani se divertía pelando la manzana y en dártela ya lista, justo como se suele hacer en confianza entre familiares; tomaba luego el vino mejor y te lo servía ... Tenía, en fin, gestos de una gentileza exquisita y sabía poner a todos a gusto.

 

 

Jugando con los chicos

 

Cuando yo era capellán a S. Canciano en Venecia, lo llamaba a menudo en ocasión de una fiesta de los chicos que afluían al "patronato", aquél que, en otro lado, llaman el oratorio. Salía a la noche solo y se mezclaba con los chicos para jugar, para consumir con ellos una cenita improvisada, para divertirse con una comedia, un conciertito de carnaval, una película. Siempre me ha dado coraje para sostener con todas las fuerzas este tipo de compromiso pastoral.

 

 

Como saludo : una tiradita de cabellos

 

En la primera audiencia pública, como Papa, me ha saludado tirándome de los cabellos y recomendándome de saludar a mis padres. Cuando murió, he probado mucha nostalgia. P ero lo siento vivo y presente. Cada año recuerdo mi ordenación yendo a celebrar la Misa sobre su tumba, en Roma : le expreso así mi reconocimiento y le pido de tenerme todavía la mano sobre la cabeza".

 

don Licio Boldrin

 


 

"¡ Venecia, la bella Venecia !"

 

"Recuerdo que yo estaba presente en el ingreso a la diócesis. De frente a las autoridades y a la multitud de fieles, Luciani dijo, entre otras cosas (más o menos) : " ¡ Venecia, la bella Venecia !. Cuando era niño, mi tío me contaba, pues mi tío venía a menudo a Venecia, que, en lugar de los asnos a las trancas, ¡ aquí se ataban las barcas a los palos sumergidos en el agua !". A mis espaldas, sentí a algún monseñor torcer la nariz : "Nos han mandado un montañés". Dos vigilantes urbanos, un poco más allá, afirmaban al contrario satisfechos : "¡ Éste es uno de nosotros !"

 

 

Ni santo él, ni buenas las monjas

 

"A la monja del patriarcado que preguntaba luego de un mes : "Excelencia, disculpe, pero no se lamenta nunca; las cuestiones son dos : o Ud. es un santo o nosotras somos buenas". "¡ Ni yo soy santo, ni Uds. son buenas ! - respondió Luciani sorprendiendo a la hermana. - Mi madre decía que, todo aquéllo que llega en el plato, es Providencia . y, ¿ cómo podría la Providencia dar de comer alimento malo o que no está bien ?".

 

 

don Francesco Silvestri

 

 


 

Molestias compartidas

 

"Quisiera también yo dar un pequeño testimonio tal vez útil para descubrir todavía algo de la personalidad y del carácter del querido Papa Luciani. Se trata de una anécdota del viaje a Fátima de 1977 durante el cual el Patriarca Luciani tuvo, en el convento de Coimbra, un coloquio con sor Lucía.

Al llegar a Fiumicino, habíamos descubierto que, a causa del retraso de nuestro avión, habíamos perdido el que nos debía llevar a Fátima. El avión siguiente no habría salido sino hacia la noche, y ¡ eran las 11 de la mañana !. La sala de espera estaba llena de pasajeros agitados y ruidosos, en el calor del verano romano.

El Patriarca Luciani, sentado en un ángulo del lugar reservado a nuestro grupo, rezaba con el breviario. Se acerca el director del aeropuerto todo obsequioso, junto con nuestros responsables, con el rostro iluminado de la alegría de conocer a nuestro Patriarca. Se acerca y dice : "Eminencia, venga, le he hecho preparar una salita con varias comodidades donde podrá esperar con serenidad la hora de la partida".

Sonriente, con voz dulce, Luciani responde con firmeza : "Gracias, son muy gentiles, pero prefiero compartir las molestias con nuestros peregrinos". Y se quedó con nosotros".

 

Un' abbonata ad "Humilitas"

 


 

Testimonios del padre Venanzio Renier de Chioggia, presidente emérito del Tribunal eclesiástico del Triveneto.

 

 

Pasión de periodista

 

 "Tuve muchas ocasiones de hablar con él. Su primera pregunta era : " ¿ Qué tiene de lindo para decirme el padre ?".

"Eminencia, muchas firmas, porque Ud. es el Supremo Moderador del Tribunal Regional".

Seguían coloquios de varias clases. En el período en que él estaba escribiendo los artículos del título "Ilustrísimos señores", en el Mensajero de San Antonio, le daba sinceras felicitaciones porque me gustaban. El Patriarca se confió : "Mi pasión es escribir. Si el Señor no me hubiera llamado, habría sido periodista. Escribo también para estar entrenado. Si no lo hago por algún mes, la lapicera me resulta pesada. He regalado todos mis libros a la biblioteca del Seminario Gregoriano de Belluno : casi lo lamento, porque en ellos había subrayado tantas cosas que hoy me habrían sido útiles para los artículos. Alguno me critica porque colaboro en una revista : pero el Mensajero es leído por millones de personas. El apostolado de la prensa es vastísimo, más que la predicación".

 

 

Libertad criticada

 

"Una vez me arriesgué en decirle que algunos venecianos ( ¡ grandes señores ! ) no veían con gusto que el Patriarca vagara por la Plaza de San Marcos, entre la gente y sin sombrero. Él sonrió divertido. ¡ Y pensar que habría llevado aquel estilo de simplicidad y democracia aún en más alta sede !"

 

 

Un Cardenal en bici

 

"Se encontraba él en una parroquia de la que, por caridad cristiana, no me dijo el nombre. El tiempo estaba húmedo y lluvioso. Él debía ir de visita también a un suburbio más bien apartado. El párroco, con una facilidad sorprendente, presentó para el transporte una bicicleta, a él que hacía años que no se servía más de aquel medio y en Venecia había perdido del todo la costumbre. Sonriendo, me confió : "Me senté, no me caí al suelo, me encaminé y llegué para la Misa, la prédica y la visita a los enfermos : pero me busqué una enfermedad por la que debí quedarme alguna semana en cama".

Cualquier otro obispo hubiera ordenado enseguida un taxi, de hacer pagar al párroco. Él, en cambio, para no humillarlo, hizo de la necesidad virtud : ofreciendo todo al Señor, aún las consecuencias".

 

 

Gusto por las fiestas

 

"Pienso que tal vez no haya faltado nunca a la apertura de la fiesta votiva del Redentor, la tercera semana de julio, para la procesión sobre el puente de barcas con las 9 Congregaciones del Clero. En aquella solemnidad, tan querida a los venecianos, acostumbraba tener uno de los discursos más afectuosos a Cristo Salvador del mundo con la cruz.

Participaba también de la Misa solemne del domingo, a la que seguía el refresco en la biblioteca del convento, con el alcalde y las autoridades ciudadanas, con mucha cordialidad. Yo sentía que no faltaba la complacencia por la fiesta nocturna espectacular con los fuegos artificiales y las góndolas iluminadas. Signo evidente de que el Patriarca la había contemplado y gustado desde algún balcón".

 

Giuseppe Riggi

de "La Gazzetta del Sud" 

28.9.1994

 

 


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