Las florecillas del Papa Luciani

 

Parte XX

 

 

 

 

 

 


 

TESTIMONIOS VENECIANOS Y OTROS (Parte V)

 

 

 

Mons Valentino Vecchi (1916 - 1984), conocido también simplemente como 'Monseñor', ha sido Rector del Seminario Patriarcal, luego Delegado del Patriarca para la Tierra firme y párroco de la Catedral de San Lorenzo en Mestre hasta su muerte. Una vida dedicada a la Iglesia con tanta pasión. Muchísimas las obras realizadas. Se puede decir que casi media Mestre fue construida por él. Un hombre recordado por todos, apreciado y, a veces, incomprendido y hasta hostilizado. Un personaje importante para la Iglesia veneciana. Digo personaje porque, luego de haber leído su vida, comprendí que se trataba de un hombre fuera de lo común, un sacerdote que ha amado a Jesús hasta el dolor, tanto moral como físico con la enfermedad incurable que lo llevó a la muerte. Una vida muy movida, para nada aburrida. Quería hacer esta introducción antes de dejar aquí algún testimonio que se encuentra en el libro "Valentino Vecchi - Inchiesta su un sacerdote, una chiesa, una città" de Paolo Fusco.

 

 

Gloria C. Molinari

 

 

 

 

Cómo me gustaría que fuera el nuevo Patriarca

 

Habla don Armando Trevisiol, cuando era capellán de Mons. Vecchi, en la hoja parroquial "La Borromea":

 

"Me gustaría un Patriarca que condujera personalmente su 850 o, al máximo, el 1100 de serie, sin la escolta de la policía; un Patriarca que prefiriera los pantalones y el saco cruzado a la mitra y a la sotana roja; un Patriarca que no temiera demasiado a las intervenciones del Osservatore Romano y de la Secretaría de Estado; un Patriarca que estornudara antes que se embriagara con el polvo de gloria del pasado de la Serenísima, de la Basílica de oro y del encanto de Venecia; un Patriarca que se aburriera mucho con aquellas estupendas ceremonias que se llaman "pontificales"; un Patriarca que me invitara a cenar y aceptara de buen grado una invitación a almorzar mía y de mis conciudadanos..." Los consensos, pero también las críticas más o menos oficiales, no tardaron en llegar, especialmente de quien dentro de esta o aquella imagen ha visto a hombres del pasado o del presente. Y el párroco de San Lorenzo se divierte tal vez dentro de su corazón.

 

El nuevo Obispo viene de Vittorio Veneto. Es Mons. Albino Luciani, cuatro años más grande que Mons. Vecchi, nativo de Forno di Canale (BL), sacerdore desde 1935, por varios años docente del seminario de Belluno, obispo desde 1958. Su retrato parece encajar con el soñado por el capellán de S. Lorenzo, que tendrá también un diálogo con él en Vittorio Veneto y volverá radiante. "El Patriarca... me dijo que compartía mi escrito. (...) Nos sentamos a la mesa; él estaba en sotana negra con la cruz pectoral dorada, pero su discurso fue tan humano, cordial, atento, que casi ni me di cuenta. (...) Mestre servía de tejido a la conversación; aparecía con sus problemas, con su mentalidad, con sus necesidades en cada parte del discurso. Creo que, si nuestra conversación quedará viva en el recuerdo, a Mons. Luciani le costará trabajo dormir en la cama o sentarse en el trono patriarcal de San Marcos, sin sentir viva la preocupación de Mestre. (...) ¡Me gusta!". Y a pensar así no es el único si, siempre en la "Borromea", un grupo de laicos de S. Lorenzo agradece al nuevo Patriarca por haber renunciado a la pompa magna de la regata en el Canal Grande y al "presenten armas" a su ingreso, como signo de simplicidad evangélica, para quien cree y para quien no cree.

 

 

La humillación más grande de la vida de Monseñor

 

El caso Agorá.  (n. d. a : Agorá es el nombre de un proyecto de Mons. Vecchi. Se trataba de la construcción de tres edificios para albergar una pequeña curia de tierra firme con adjunto un centro polifuncional católico. La obra contaba con el beneplácito del Card. Urbani y había apenas comenzado cuando Luciani fue nombrado Patriarca).

 

El nuevo Patriarca, Mons. Luciani, tenía todavía vivo el recuerdo de una quemadura sufrida cuando era Obispo de Vittorio Veneto. La curia de la pequeña ciudad véneta había quedado involucrada en la quiebra de su administrador y había tenido que pagar las deudas vendiendo, con la autorización de la Santa Sede, bienes diocesanos. Así el nuevo Obispo no era demasiado propenso a aventurarse por caminos tan tortuosos, no conociendo luego, en primera persona, los recursos y las capacidades de aquel "administrador delegado" de cuello blanco.

Es entonces, según los testimonios, que el párroco de S. Lorenzo fue sometido a una inspección administrativa, interpretada por él como una bofetada moral y una delegitimación; y está obligado a cerrar las cuentas con los bancos, vendiendo la propiedad del inmueble. (...) Ha sido esta, tal vez, la humillación más grande de la vida de Vecchi.

"No me habló nunca de las inspecciones", recuerda Piergiorgio Coin (n. d. a.: amigo y benefactor de Vecchi). "A mí me lo habían dicho, por lo tanto sabía y entendía la dignidad de este hombre en quien se estaban siguiendo controles. Pero no es escandaloso ser controlados: él fue un hombre que dio vida a tantas iniciativas y tantas iniciativas han puesto en movimiento conspicuas cantidades de dinero. La Curia tenía el deber de controlar. También en mi sociedad hay un colegio de síndicos que controlan lo hecho por los administradores".

Monseñor ha salido "limpio" de la investigación.

 

 

¡Obediencia y fidelidad a pesar de todo!

 

"Con el Patriarca Luciani - escribe Vecchi en 1980 - luego de las dificultades iniciales hubo una mejora, pero luego las cosas que se referían al Delegado se envenenaron al punto que, luego de una experiencia de silencio y de vida espiritual, volví a presentar la renuncia en forma cortés pero decidida (n. d. a.: Mons. Vecchi había ya presentado la renuncia al Patriarca Urbani al cargo de Delegado para la tierra firme porque, según él, era incompatible con el de párroco de S. Lorenzo) aconsejando también las fechas y los posibles sustitutos al cargo de párroco de S. Lorenzo el 29/3/76. Luego todo quedó en silencio como de costumbre". Las dificultades de relación - que, a decir verdad, en la Iglesia veneciana no fueron sólo de Mons. Vecchi, ni, por otra parte, existen obispos que sean incondicionalmente en plena sintonía con los propios presbíteros - no han todavía desembocado en el choque abierto. Don Valentino era demasiado fiel y obediente (no por cobardía sino porque creía en ello) para oponerse a su superior; no era todavía tan remiso para estar en paz si las líneas de fondo no eran compartidas y si la confianza del Patriarca hacia él no era plena. "Libre y fiel" era su lema, hecho propio y encarnado en el curso de toda su vida. he aquí el motivo de la renuncia presentada varias veces.

 

 

Mons. Vecchi con el Patriarca Luciani y otro sacerdote en San Vito di Cadore

 

 

También dos hombres santos, por el hecho de que son hombres antes que santos, pueden al contacto rozar, produciendo chispas, pero la caridad no ha faltado nunca. Veamos qué dice Monseñor de su obispo: "No ofendo a ninguno - el escrito está en la "Borromea" al día siguiente del nombramiento como cardenal de Luciani - si digo de no conocer otro obispo que, en la reflexión profundizada del misterio cristiano, cumpla un más grande esfuerzo por la unidad de la fe. Él siente el peligro de incertezas y desviaciones causadas, para la gente común, por el poder de los medios de comunicación, y está preocupado cuando alguien, a menudo por falta de humildad, se lanza en hipótesis aventureras: "No somos nosotros que juzgamos la Palabra de Dios, sino que es la verdad que nos juzga sobre nuestro conformismo a las modas de hoy...". Sobre la interpretación auténtica de los contenidos de la fe, él habla siempre con firmeza, porque éste es su "servicio", ésta su responsabilidad. Así cuando miro hoy a mi obispo y no le pido muchas cosas, sino de presentarme, con toda la intensidad del amor, la verdad que me salva, y de testimoniarla con su vida".

 

En ocasión de la visita pastoral de 1975, Mons. Vecchi tiene todavía modo de hablar del Card. Luciani.  "En cuanto a mí, debo decir que, aún habituado al encuentro con el Patriarca, de hecho no me habitúo nunca. De él espero cada vez que el Señor me hable, y cuando quiero forzar su respuesta o su mano para un más generoso acto de amor, tengo siempre la impresión de desfondar una puerta abierta. Sé que mi Obispo tiene cualidades excelentes de inteligencia y de memoria, de dulzura y de voluntad; sé que la timidez lo hace reservado y el desapego lo hace vivir en la pobreza; pero sé también que él está como nosotros necesitado de amistad y listo a buscar con nosotros las nuevas dimensiones de los hechos humanos para vivir con mayor fidelidad a Dios. Puede parecer un poco ridículo que un cura alabe así a su obispo y sienta la necesidad de hablar de ello, pero, ¿no es tal vez un bien reconocer los dones que Dios ha dado a aquellos que se ha elegido para guiar a su Iglesia? Y luego, le debo reconocimiento; y todos le estamos agradecidos y queremos que la fatiga de la larga "visita" sea atenuada al menos por nuestra gratitud".

 

Según el secretario del Card. Luciani, Mons. Mario Senigaglia, las relaciones entre Vecchi y su superior han sido fundamentalmente buenas. No ciertamente como aquellas que hubo entre Vecchi y el Card. Urbani; pero en aquel caso hubo una larga familiaridad iniciada en los bancos de la escuela, una amistad más profunda. Y luego los tiempos habían cambiado y muchos fermentos derivados del '68 habían llevado a enfrentamientos, amarguras, incomprensiones, roturas entre el obispo y algunos de sus sacerdotes. Y también esto ha creado un clima distinto; pero es otra historia que habría que escribir.

 

No es en el plano pastoral-doctrinal (sobre cómo afrontar las graves emergencias de la época: aborto, divorcio...) que hubo incomprensiones entre el párroco de S. Lorenzo y el Patriarca. Había estado el feo episodio de la Agorà; la irresuelta cuestión del cargo de Delegado, que Monseñor no quería que fuera sólo de fachada. De parte suya el Card. Luciani, según su secretario, "ha complacido a Vecchi en muchas opciones, cuando hacía pedido de algunos curas. Luego no siempre ha compartido algunas actitudes exteriores de Vecchi": su protagonismo, su "profetismo". Pero no le hizo nunca faltar la confianza: dejándolo en su puesto, cierto, sino también queriéndolo, un poco más en alto...

 

Vecchi, de lo que es dado reconstruir (téngase presente que, en estos argumentos, los que saben, deberían ser tenidos en el secreto, los que no saben, directamente cuentan lo que se dice), ha quedado en la terna de los "episcopables" también durante el patriarcado de Luciani. En particular se recuerda un episodio: el Patriarca sentía la necesidad de hacerse ayudar por un obispo auxiliar y, a tal fin, hace presente el caso en Roma (n. d. a.: el último obispo auxiliar había sido Mons. Giuseppe Olivotti, veneciano, muerto en 1974).  La respuesta es positiva y, en la terna de propuestas, está con toda probabilidad también Mons. Vecchi. Pero de Roma el candidato impuesto es un externo: el Card. Luciani no puede aceptarlo, parece una bofetada a sus sacerdotes. Mejor, decide, quedarse solo.

 

 

El Patriarca que se opone y el "monje" que se va

 

Eran años de búsqueda, aquellos, para varios sacerdotes de la Diócesis. Para alguno búsqueda social o hasta política; para otros espiritual, de confirmación de la vocación con una "especialización" más, si así se puede decir. Don Giorgio Scatto, en aquel mismo enero (1974), dejaba la parroquia de Marano para algunos meses de oración y meditación en la comunidad de Bose. Era el principio de un camino que se habría de encontrar con el de Monseñor. Luego de haber referido su proyecto al Patriarca Luciani y haber encontrado su oposición, don Giorgio habló de ello con su secretario, don Mario Senigaglia, y este le dijo que también Vecchi estaba por irse a otro "desierto", el de Argelia, con la intención, "si se encuentra bien, si las cosas van con un cierto rumbo, de quedarse".

 

El 18 de agosto de 1974 hacía su ingreso en San Lorenzo un nuevo capellán, don Giorgio Scatto, un joven cura (n. d. a.: ordenado por Luciani en 1971) de fuerte espiritualidad cuyos dos pilares eran la oración y la cercanía a los pobres. (...) San Lorenzo lo acogía luego de profundas incomprensiones entre el sacerdote y el Card. Luciani, que había malinterpretado un período suyo de silencio y de búsqueda transcurrido en la comunidad de Bose. Don Giorgio iba a la parroquia del centro solamente por obediencia, imaginándola una comunidad aburguesada, que pensaba demasiado en el hacer: justo lo contrario del binomio pobres y oración que tanto buscaba.

 

A finales de 1978, don Giorgio querría reducir los tiempos de búsqueda. "Cuando Monseñor vio que mi orientación estaba decidida - cuenta - me presionó para que asumiera la dirección del Sicar (n. d. a.: Se trata de una casa de espiritualidad creada por Vecchi para ofrecer ocasiones de silencio y cercanía a la Palabra de Dios). Expuso su proyecto también al Patriarca: don Giorgio, le dijo, habría podido quedar en servicio en S. Lorenzo, aún realizando un servicio en el Sicar para la parroquia y para el territorio. Pero a mí esta perspectiva no me gustaba: era más la gestión de una obra que él había ideado y creado que no el inicio de una experiencia espiritual que yo quería emprender con otros criterios".

 

Don Giorgio pide, por lo tanto, al Patriarca el discernimiento acerca de una vocación que siente impelente: quiere enseguida un sí o un no; y, en tanto, madura la opción de continuar su búsqueda lejos de la Diócesis, en una comunidad calabresa. La respuesta del obispo es de no partir, so pena del empobrecimiento de la Iglesia de Venecia, pero de esperar todavía un poco. Don Giorgio le escribe todavía. "No puedo esperar más". En esta situación - recuerda hoy el sacerdote - Mons. Vecchi, vista su determinación, ha piloteado con mucha delicadeza y equilibrio mi partida de San Lorenzo y de la Diócesis. (...)

 

Don Giorgio, por lo tanto, llega a Rossano Calabro, sin roturas con la Diócesis, favorecido por la mediación de Monseñor; no escribe y no llama por teléfono, para vivir un momento de desierto y de verificación. (...) La partida fue en julio de 1978. En agosto muere el Papa Paulo VI, en agosto el Card. Luciani era llamado al solio pontificio. Don Giorgio espera los eventos en Calabria: sin el Obispo en Venecia faltan los interlocutores. (...)

 

En febrero de 1979, don Giorgio está de nuevo en Venecia para encontrar al Patriarca. Mons. Vecchi le dice: "Comprendí: este es tu camino, sigue adelante". Y el camino de don Scatto continúa, gracias al discernimiento del Card. Cè, que le permite dar vida a una nueva experiencia monástica, patrimonio espiritual de la Iglesia diocesana de Venecia, en la pequeña parroquia rural de Marango de Caorle.

 

 

Un Papa que hace soñar

 

El 6 de agosto de 1978 muere en Castelgandolfo el Papa Paolo VI. Se repite nuevamente el rito del Cónclave, con el Patriarca Luciani que deja la diócesis para ir a elegir al nuevo guía de la Iglesia. Y la emoción en Venecia es grande cuando la televisión, al anochecer del 26 de agosto, transmite la imágenes de la fumata blanca e informa al mundo que el nuevo Papa es justo él, el Card. Albino Luciani, Patriarca de Venecia. Un Papa que enseguida hace soñar al mundo: como había renunciado a la pompa magna al ingreso como Patriarca en la Diócesis de Venecia, así ahora de Papa renuncia a la coronación oficial, haciendo enseguida pensar en el comienzo de una nueva época.

 

"Una cierta costumbre de vida - escribe Monseñor en la "Borromea", comentando en caliente las noticias romanas - nos ha permitido entrever en la humildad el motivo de su grandeza. (...) Cuando se hablaba del Papa que debía ser elegido, la perspectiva era muy humana. Los periódicos laicos, sin pestañear, proponían una consultación cargada de problemáticas; los comentadores cristianos pensaban en una cansadora composición de equilibrios: los más simples pretendían un hombre ideal y estaban fascinados, sin riesgos y sin temores, por un personaje de sueño y de leyenda... Y, en cambio, he aquí, justo para nosotros que hemos comido a la misma mesa y hemos orado ante el mismo altar, presentarse un hombre concreto y real. Un hombre que hemos conocido bien porque nos era familiar con su hábitos y hasta con sus límites. Aquí se juega nuestra fe en Cristo, justo porque lo hemos conocido personalmente como sacerdote, obispo y cardenal.

 

Ni esto nos protege contra los riesgos del tiempo y de la mediocridad, si no prestamos atención a la palabra de Cristo que ha transformado Simón en Pedro. Luego de la elección, ¿será el mismo hombre? ¿El que caminaba con nosotros y nos amonestaba, y nos sonreía y soportaba, rebeldes, como jóvenes impacientes? ¡No! Algo ha cambiado, más bien, ha cambiado "el más" en el momento en el cual el Señor le dijo: " Tú eres Pedro y sobre esta piedra...". ¿Alguien se sorprende de nuestra certeza? Pero nosotros no tenemos miedo de las profundas transformaciones del espíritu... Si aquel que teníamos la costumbre de encontrar, reservado y simple, sube a la cúspide de la humanidad, esto no nos quita seguridad; ni pensamos en coincidencias, ni recuperaciones... para la fe es normal, es verosímil, es lógico justo porque es gratis, es total, es absoluto. (...) El Papa Juan Pablo continuará, por lo tanto, a sorprender a los sabios y a los poderosos y levantará a los miserables; doblará los corazones endurecidos sin hacer violencia; abrirá los brazos con calor humano a los pobres y pequeños y se hará creíble. El Papa Juan Pablo conocerá también la amargura que viene de los presuntuosos que se creen realistas, pero no ven y no saben maravillarse. Nuestra comunidad particular y aquella local, la Diócesis de Venecia y la parroquia de S. Lorenzo, cantan, interpretando el evento como signo de liberación de los pobres y de los simples, de los humildes y de los puros. ¿No es quizá esto que esperamos en el mundo de hoy? En el lugar de Pedro hay, una vez más, el hombre que Dios quiere; esperado, preconizado, anticipado... y todos los pobres, los simples, los puros, están impacientes por verlo en acción y no quedarán desilusionados porque él es uno de ellos".

 

 

Monseñor quería arrodillarse ante él pero...

 

Mons. Vecchi no ha hecho ni siquiera a tiempo a oír ni, tanto menos, visitar a su Obispo convertido en Papa . Pero ha escrito a su secretario, el orionita don Diego, para que se hiciera intérprete de su alegría y fidelidad: las obligaciones parroquiales no le habían consentido estar presente "en los días de la gloria". "Hablaba con alegría del Papa - escribe - en todas las Misas, rezaba con fervor junto a los fieles, seguía por televisión y radio. Ahora espero con alegría el día en que me será posible arrodillarme ante él y repetirle mi "prometo" de la ordenación sacerdotal". Un deseo que no se realizará: el 14 de septiembre (...) partía para un viaje ya programado a Tierra Santa (...), y luego de treinta y tres días apenas de la elección, el 28 de septiembre, mientras ya se razonaba acerca de quién sería el nuevo Patriarca de Venecia, la emoción deja el lugar al dolor y al luto, por la imprevista muerte del Papa Luciani, cuyo corazón no soportó las nuevas responsabilidades.

 

"No nos habíamos todavía acostumbrado a su nombre - escribe Vecchi a sus parroquianos - y las iglesias todavía llevaban los festivos anuncios de su elección. El nacimiento y la muerte, la alegría y la consternación en el brevísimo espacio de un mes. (...) Logramos apenas comprender los designios de la Providencia pero es cierto que, si ha sido un don del Espíritu su elección al Pontificado, es también un don del Espíritu su partida tan imprevista. Un hecho para leer en la fe, en silencio y con humildad de corazón. (...) Un Papa que no ha dejado un magisterio escrito, documentos, pero que ha hecho a tiempo para indicarnos cómo el camino a seguir sea el de encontrar palabras simples para comunicar, para ir al encuentro del hombre. Un Papa que ya había dicho cómo en la Iglesia es necesario reencontrar el gusto de la sonrisa y la fuerza del empeño. Si su vida ha sido un don, su existencia no ha sido arrancada: tiene un sentido completo, entra, serena y simple, en la Casa del Padre. En Venecia, visitando por primera vez el Seminario, recuerdo que preguntó: "¿Puedo entrar?". En su última jornada terrena, con la misma discreción, ha entrado en el descanso de Dios".

 

"¿Cómo es posible - se pregunta todavía Monseñor - que, llegado a las cumbres de la grandeza y responsabilidad humanas, él, aún reservado, atento a las dificultades del ahora y de la integridad de la fe, haya podido adquirir tanta seguridad? ¿Cómo ha podido continuar una catequesis tan simple como si el mundo entero no estuviera allí atento a cada palabra suya y a cada gesto suyo? El hecho se explica sólo teniendo en cuenta su gran humildad espiritual: una forma de pobreza sufrida en todos los campos y en todos los tiempos de su vida; un reconocimiento radical de los propios límites que no lleva a la pusilanimidad sino a la libertad. (...) Así el humilde Papa Juan Pablo I ha sabido transmitir a nosotros el mensaje de alegría y de salvación ofrecido por Cristo".

 

 

del libro "Valentino Vecchi - Inchiesta su un sacerdote, una Chiesa, una città"

autor: Paolo Fusco

febrero de 2001

 

 


Home - Anécdotas y testimonios - Parte I - Parte II - Parte III - Parte IV - Parte V - Parte VI - Parte VII - Parte VIII - Parte IX - Parte X - Parte XI - Parte XII - Parte XIII - Parte XIV - Parte XV - Parte XVI - Parte XVII - Parte XVIII - Parte XIX - Parte XX - Parte XXI - Parte XXII

 

 

GCM 2000 - 2005