Las florecillas del Papa Luciani

 

Parte XVII

 

 

 

 

 


 

El Patriarca Luciani en Fátima

 

¿Cómo sucede que Luciani fue a Fátima y se encontró con sor Lucía? Un día de mayo de aquel año 77, el padre jesuita Leandro Tiveron, confesor de Luciani, preguntó al Patriarca: "Eminencia, ¿vendría con nosotros a Fátima?" "Sí, respondió el Patriarca Luciani - voy con gusto. Es un deseo que llevo en el corazón desde hace tiempo. Es una secreta promesa que hice a la Virgen". Promotor y guía de la peregrinación fue el padre Tiveron; animadora, la señorita Luisa Vannini de Gorizia. A ella debemos las notas aquí publicadas, escritas a mí en una carta de junio del 79...

 

El Patriarca Luciani partió del aeropuerto de Fiumicino en Roma hacia la medianoche del día 9 de julio habiendo perdido el avión fijado para la peregrinación. Llegó en las primerísimas horas de la mañana del domingo a Lisboa donde, en vano, lo habían esperado el Patriarca de aquella ciudad y el obispo de Leiría. En auto llegó a Fátima apenas a tiempo para la solemne concelebración Eucarística en la inmensa cuenca de la Cova da Iría, delante de la basílica. Una multitud de más de veinte mil personas, llegadas de todas partes, estaba esperando. He aquí aparecer la imagen de la Virgen llevada en procesión sobre un almohadón de flores, precedida por el cortejo de diáconos, sacerdotes y obispos. Mientras pasa, una multitud saluda con un aplauso sin fin mientras los coros entonan el Ave María de F átima. En el Evangelio el Patriarca nos abre su corazón.

 

La noche del domingo, el Patriarca Luciani participó como simple sacerdote al Vía Crucis a lo largo del camino del calvario. He sabido que pasó gran parte de la noche en oración. A la tarde había estado en la basílica para orar ante las tumbas de Francisco y Jacinta.

 

El lunes 11 de julio fue el día tan esperado. Participamos de la Eucaristía concelebrada por el Patriarca con otros sacerdotes en la capilla del monasterio de las Carmelitas de Coimbra, donde vive sor Lucía. Luciani, acompañado por la Priora y por la señora Olga De Cadaval, noble veneciana, que asiste desde hace años a sor Lucía en las traducciones de la correspondencia que llega de todo el mundo y es una preciosa colaboradora suya, entró en el recinto de clausura. Sor Lucía se arrodilla a tierra y besa las manos del Cardenal Luciani que la hace levantar (N. d. a.: se supo luego que sor Lucía se había dirigido a él llamándolo Santo Padre). Al principio estaban presentes la Priora y la señora De Cadaval, mujer de gran sensibilidad y cultura y profunda piedad. Luego el Patriarca hizo presente que entendía el portugués porque lo había estudiado en ocasión de su viaje a Brasil en el 75. El Patriarca se quedó solo con sor Lucía. El diálogo duró dos horas.

 

El Cardenal Luciani llegó con gran retraso al restaurante donde estaban los vénetos. Yo estaba sentada casi frente a él. Dijo poquísimas palabras; bromeó sobre la charla con sor Lucía; comió poco y de prisa. Noté una fuerte palidez y una viva emoción en su rostro. En Fátima me había prometido que me habría concedido un breve coloquio. Quería hablarle de mi vida. Se disculpó diciéndome: "Ahora no puedo, venga en Venecia. Tengo que regresar a Fátima; quiero hablar con la Virgen". Dijo, justo, hablar. "Sor Lucía me ha dejado un grave pensamiento en el corazón. Ahora no podré olvidar más Fátima". Estas son las palabras que me dijo; las recuerdo muy bien, mientras él salía del restaurante para subir al auto que la señora De Cadaval le había puesto a disposición para volver a Lisboa.

 

He sabido que el Patriarca era esperado en Venecia. Tenía que presenciar una solemne celebración Eucarística en el Convento de las hermanas capuchinas de Cristo Rey. Alguno aventuró la idea de que hubiera preferido anticipar su regreso para evitar que le fueran dirigidas preguntas apremiantes sobre el coloquio con sor Lucía.

 

El Patriarca Luciani, en el viaje de regreso a Lisboa, luego de la parada en Fátima, recitó el rosario junto a don Diego Lorenzi, su secretario, y a don Giuseppe Carbone, orioninos. En Lisboa no quiso encontrar a nadie. Estaba emocionado aún cuando hacía de todo para no hacerlo notar.

 

Algún tiempo después, una mañana, en Venecia, tomando el café, el Patriarca dijo a sor Vincenza: "Sor Lucía, luego de su muerte, será recordada y amada en todo el mundo como lo fue Bernadette de Lourdes" (...). En otra ocasión, recordando Fátima, Luciani dijo: "Sor Lucía es una mujer extraordinaria, fuerte y segura. Tiene el temple de los campesinos. Tiene una memoria prodigiosa. Habla con frases breves, fraccionadas, que van derechas al corazón de los problemas y de los hechos. A los 70 años conserva la frescura de una joven. Tiene dos ojos límpidos. Es simple, espontánea, serena y sonriente. Vive como la última de las carmelitas. Habla a corazón abierto; no busca las palabras; está profundamente convencida de lo que dice y lo dice con pasión. Sor Lucía del Corazón Inmaculado de María es una hija dilecta de la Iglesia".

 

Uno de los momentos determinantes de la vida de Albino Luciani sucedió en Fátima. Lo cuenta don Germano (N. d. a. : don Germano Pattaro, sacerdote veneciano). 'El último día, antes de dejarme, el Papa Luciani me habló de su coloquio con sor Lucía... "Un hecho que me ha turbado por un año entero - me dijo -. Me ha quitado la paz y la tranquilidad espiritual. Desde aquel día no he olvidado más Fátima. Aquel pensamiento se había transformado en un peso en el corazón. Yo trataba de convencerme de que era sólo una impresión. He rezado para olvidarlo. Habría deseado confiarlo a alguna persona querida, a mi hermano Edoardo, pero no lo he logrado. Era demasiado grande aquel pensamiento; demasiado embarazoso; demasiado contrario a mi ser. No era creíble. Ahora la previsión de sor Lucía se ha cumplido. Estoy aquí, soy el Papa. Siento repugnancia de hablar de estas cosas, pero lo hago para que tú puedas leer en mi ánimo que no he pensado nunca y, tanto menos, deseado ser Papa. Si tendré vida, volveré a Fátima para consagrar al mundo y, particularmente, a los pueblos de Rusia, a la Virgen, según las indicaciones por Ella dadas a sor Lucía. Tenemos todos una gran sed de paz y de perdón".

 

Camillo Bassotto,

de "Venecia en el corazón", 1990

 

 


Dos entrevistas al Dr. Da Ros, médico personal de Albino Luciani desde los tiempos de Vittorio Veneto:

«Podía soportar pesos peores»
Antonio Da Ros era su médico pero hablará sólo al tribunal

«Estaba en perfecta salud y no tenía los pies hinchados»

BELLUNO. “¿Luciani en los altares? Está descontado”. En 25 años desde que murió Juan Pablo I, Antonio Da Rosa no ha querido hablar nunca. No quiere hacerlo ni siquiera a la sombra de la catedral basílica de Belluno, antes de tomar asiento en el interior.

Es la persona que sabe todo sobre la salud de Luciani. Pero que nunca ha querido decir ni siquiera una coma. Lo hará, al máximo, delante de los jueces del tribunal diocesano donde testificará.

Da Ros da fe al obispo Savio de haber encontrado el coraje de responder "a lo que muchos, en el mundo, primeros entre todos, a los obispos brasileños".

Han sido justo ellos, en efecto, los que solicitaron, una decena de años atrás, la apertura del proceso de beatificación. ¿El "coraje" de Savio ha sido el de haber vencido alguna resistencia?


  Da Ros responde con una sonrisa que deja presuponer una respuesta afirmativa. El médico de Vittorio Veneto confirma que, en esta diócesis, "Luciani se ha comportado extraordinariamente". No sólo por haber creído y realizado el Concilio, sino por evidentes "comportamientos de santidad". "Ha llegado sin un centavo, se fue sin un centavo. Y sin dinero había partido de Venecia hacia el Vaticano. Todo lo que tenía, en efecto, lo distribuía a quien tenía necesidad".

Da Ros recuerda el grave crack financiero provocado por algunos de sus sacerdotes.

"Ha hecho de modo que fuera devuelta hasta la última lira". Da Ros no quiere ni siquiera tomar en consideración la pregunta obligatoria, la de sobre las posibles causas de la muerte. "El Papa estaba en perfecta salud - afirma - y no puede ser absolutamente verdad que su físico haya cedido a las responsabilidades del Pontificado; Luciani tenía la fuerza de llevar adelante aún tareas tan gravosas".

 

Inútil pedirle si da alguna credibilidad a la teoría de la muerte violenta. Pero, ¿la historia de los pies hinchados? ¿Es verdad que Juan Pablo I ha debido usar la silla gestatoria porque no lograba caminar? Personajes autorizados, también al interno del Vaticano, han admitido esta hipótesis.

"¿Quién, entre ellos, ha visto los pies de Luciani? No se pueden contar estupideces". Da Ros, en fin, tendría tanto que contar. También porque, desde que Luciani murió, ninguno desde Roma ha advertido la oportunidad de escucharlo.

Francesco Dal Mas

de "Corriere delle Alpi", 24/11/2003

 

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Su médico personal:

“Hablé con él la noche anterior y estaba muy bien”

(Entrevista completa publicada en “Il Giornale”, el 27 de septiembre de 2003) por Andrea Tornelli al Dr. Antonio Da Ros

"He sido por casi veinte años el médico de Albino Luciani. Durante los 33 días del Pontificado lo he visitado personalmente tres veces; he hablado con él por teléfono la noche del 28 de septiembre, pocas horas antes de su muerte, y me había dicho que estaba bien. Nunca he comprendido por qué tantos han buscado decir que estaba enfermo. Así como no entiendo por qué ahora resurja esta vieja historia del complot para asesinarlo: hoy día suceden tantas muertes imprevistas pero naturales por infarto".

El Dr. Antonio Da Ros habla con voz calma y corrobora cada afirmación extrayendo de un viejo legajo apuntes, notas y documentos. Vive todavía en Vittorio Veneto, la ciudad donde en enero de 1959 Juan XXIII llamó como obispo a un joven sacerdote originario de las montañas bellunesas. Su relación con Albino Luciani iba más allá de aquella entre médico y paciente: Da Ros se había convertido en amigo del futuro Papa, que consideraba su consejero espiritual. El suyo es un testimonio directo y autorizado que ayuda a ver claro sobre las circunstancias de aquella muerte justo 25 años atrás.

Doctor, se dijo que, durante aquel mes de pontificado, el Papa Luciani había sido abandonado por los médicos, no cuidado ni visitado...

"No es verdad. Lo he visitado el domingo 3 de septiembre, el día de la Misa por el inicio del Pontificado, luego de la audiencia concedida a los peregrinos de Vittorio Veneto. Están las fotos que demuestran que yo estaba allí. Lo he visto, le tomé la presión y lo sometí al control de rutina".

¿Ha vuelto al Vaticano otra vez?

"Sí, el 13 de septiembre. Participé en la audiencia general y creo que resulte por la imágenes televisivas porque algunos de mis pacientes han dicho que me han reconocido en video comprendiendo por qué yo estaba ausente de mi consultorio. Lo visité una tercera vez el sábado 23 de septiembre y, en aquella ocasión, se me invitó a almorzar con el Papa, luego de haberme encontrado con su secretario el padre John Magee y con el Dr. Renato Buzzonetti...".

¿Cuál era el motivo del encuentro con Buzzonetti, que hoy es el Director del Servicio Sanitario Vaticano y médico personal del Papa Wojtyla?

"Se estableció que yo habría sido el médico de Juan Pablo I".

¿Lo puede documentar?

"Mire, aquí tengo el apunte que hice durante aquel encuentro del que hablé con el Papa en el almuerzo. Él había establecido así. En todo caso, mi presencia y aquellas tres visitas tienen que aparecer también en los registros del Vaticano porque había un auto de la Santa Sede que iba a buscarme al aeropuerto de Fiumicino".

¿Por qué ha visitado al Papa tres veces? ¿Estaba preocupado por su salud?

"Papa nada. No estaba mal. Aquellas visitas de control eran habituales. Desde los tiempos de Vittorio Veneto lo controlaba una vez a la semana".

Ud. afirma que habló con el Papa la noche en que murió. Pero los secretarios Magee y Diego Lorenzi han siempre excluido que aquella noche hayan sido llamados médicos...

"Tienen razón si desmienten que han llamado ellos. En efecto, he sido yo quien llamó, como yo hacía a menudo, al departamento papal. Quería saber cómo andaban las cosas".

¿A qué hora ha llamado al Papa?

"A alrededor de las 21. Recuerdo todavía que aquella noche yo debía participar a una reunión del Consejo del Ente Asilos aquí, en Vittorio Veneto".

¿Con quién ha hablado precisamente?

"Hablé con Juan Pablo I pero también con sor Vincenza Taffarel, la religiosa que era también enfermera y atendía a Luciani".

¿Qué cosas le ha dicho el Papa por teléfono? ¿Estaba preocupado por su salud; había algún presagio de lo que debía suceder pocas horas después?

“No, absolutamente no. Todo tranquilo, todo normal”.

Y sor Vincenza, ¿qué le dijo?

"Me explicó que el Papa había transcurrido su jornada como de costumbre y que todo estaba normal. Nos pusimos de acuerdo para la visita que habría hecho al Papa el miércoles siguiente".

Algunos años después de la muerte de Luciani, su secretario, don Diego Lorenzi, reveló, durante una transmisión televisiva que, al atardecer del 28 de septiembre, Juan Pablo I había tenido un fuerte dolor en el pecho. El presagio de un infarto o, de todos modos, el síntoma de una indisposición seria. ¿De verdad que aquella noche ninguno le habló de esto?

"Me he quedado sorprendido, por no decir desconcertado, cuando oí a don Diego hacer estas afirmaciones. Aquella noche ninguno me ha hablado de síntomas, ni el Papa, ni tanto menos sor Vincenza que, repito, era enfermera y me habría ciertamente avisado si Luciani hubiera estado mal. Juan Pablo I había vivido una jornada de intenso trabajo, como siempre, como a Venecia. También el Cardenal Giovanni Colombo, arzobispo de Milán, que habló con él aquella noche, ha dicho que el Papa estaba tranquilo, para nada preocupado. Nunca he entendido por qué contar este episodio después de tantos años. No comprendo por qué no lo dijo enseguida".

Según indiscreciones recogidas por el periodista Giovanni Gennai en los ambientes curiales, aquella noche se habría hecho abrir la farmacia vaticana porque Ud. habría prescripto al Papa un fármaco calmante. Luciani habría muerto por un error de dosis...

"Es una falsedad. Aquella noche yo no he prescripto absolutamente nada; había visitado al Papa cinco días antes y, para mí, estaba bien. La llamada telefónica fue hecha pero era de rutina. Ninguno me ha preguntado. De los registros telefónicos tendría que aparecer que fui yo quien llamó y no el Vaticano a llamarme".

Se dijo que el Papa Luciani, durante aquellos 33 días, tenía los tobillos hinchados, que tenía serios problemas circulatorios.

"Yo lo visité tres veces. Había una ligera hinchazón, debida también al hecho de que en el Vaticano llevaba una vida mucho más sedentaria que en Venecia. Le había aconsejado de hacer un poco de movimiento y, desde que había comenzado a pasear por el jardín colgante, la situación había mejorado. No excluyo que le costase también habituarse a las babuchas rojas papales, sin taco".

Un religioso con doctorado en Medicina, que vio de cerca al Papa el 23 de septiembre, cuando salió por primera y única vez del Vaticano para la toma de posesión de la Basílica lateranense, cuenta que lo encontró en condiciones de salud precarias. También el senador Giulio Andreotti cuenta en aquella ocasión de haberlo encontrado "térreo, casi deshecho". Ud., ¿qué piensa de eso?

"Digo que estuve también yo. Digo que es verdad que el Papa sudaba y estaba emocionado, pero, ¿quién no lo habría estado? Era la primera salida del Vaticano; se había encontrado con el alcalde Argan, la ceremonia era importante... A mí, que lo visité justo aquel día, no resulta para nada que estuviera mal".

Antes de la muerte de Paolo VI, el 6 de agosto de 1978, el Cardenal Luciani había transcurrido una semana en el instituto de Alberoni, en el Lido de Venecia. ¿Había ido para curarse?

"No. Había ido a pasar siete días de vacaciones. Para poder leer, caminar, descansar".

Según Ud., por lo tanto, ¿nada hacía prever la muerte prematura de Juan Pablo I?

"Creo que se pueda decir que gozaba de buena salud. Pero decir esto no significa para nada tener en cuenta, en algún modo, las tesis de quien ha sostenido, sin prueba alguna, la absurda teoría del complot para asesinar al Papa, como han hecho el inglés David Yallop y ahora lo hace el sacerdote español Jesús López Sáez".

Andrea Tornelli

De “Il Giornale”, 27 de septiembre de 2003

 

 


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