Las florecillas del Papa Luciani

 

Parte X

 

 

 

 

 

"El Papa Juan Pablo I permanece como una figura envuelta de 

misterio : fascinante, alegre, atrayente, una estrella que cae, pero llena de misterio. Cuando estás por alcanzarlla, te escapa 

".

Jean Guitton

 

 


 

Un micrófono que no funciona

 

"De acuerdo con mi obispo, en el otoño del '76 yo estaba en Venecia para pedir al Patriarca si aceptaba presidir una celebración en Frasinelle Polesine en el XXV del aluvión del Po. Me acogió como un hermano e hizo literalmente saltos mortales para venir. Lo logró, luego de llamados telefónicos pacientes, postergaciones de otras citas y una cordialidad impresionante : había conocido en persona e inesperadamente a un verdadero hombre, cristiano, cura, obispo, amigo. saliendo del patriarcado me parecía volar. (...)

En la pobre iglesia de Frassinelle, se descompuso el sistema de audio. Me sentiría hundido, sabiendo de los problemas de voz que tenía nuestro ilustre invitado : el inconveniente, en cambio, se transformó en algo bien diferente : luego del almuerzo y de los agradecimientos sinceros, le dije nuevamente de mi desolación por haberlo fatigado de más. Me tomó la mano y dijo : He venido y te agradezco; agradece a tu gente por tantos dones ... Ahora les toca a ustedes devolver la visita. Cuando vengas a Venecia - si puedes - no te olvides de dar un salto en el patriarcado : está don Diego, están las monjas ... y también el patriarca".

No pensaba que le habría tomado la palabra. Primero con una clase de quinto grado del primario, luego con una de tercer año de la escuela media, un grupo de padres, los monaguillos, algunos jóvenes : las ocasiones se multiplicaron hasta hacerme pensar que tal vez era demasiado. En cambio, él estaba siempre disponible : llamaba al Palacio Ducal, al Campanile y al Tesoro de San Marcos para avisar que estaban llegando invitados suyos ... Se sometía a las entrevistas de los chicos ..."

 

"Él alegra todo el palacio"

 

"Daba impresión la presencia de aquel hombre esquivo y sapiente en el interior de un palacio majestuoso de otros tiempos. "Y, sin embargo - decía sor Vincenza - cuando el patriarca está en casa, aún cuando se mete allí en aquel divancito a rezar en silencio, él llena y alegra todo el palacio".

 

don Licio Boldrin

de "Humilitas", 1985

 


 

Casi a escondidas

 

"Albino Luciani  es uno de los cardenales que menos se veían en Roma; también en las oficinas de curia pero, sobre todo, en ambientes externos. Una vez vino al palacio Chigi en 1972 para defender una causa humanitaria en hábito de simple sacerdote, y mi empleado me preguntó al final de la mañana si teníamos que esperar todavía al cardenal de Venecia".

 

Giulio Andreotti

de "A ogni morte di Papa. I Papi che ho conosciuto", 1982

 


 

Modestia

 

Episodios de la época en que don Albino era monseñor.

 

"Monseñor, ¡ un poco de rojo, tal vez un filete, le quedaría bien !" " ¡ Dale, dale; estás loco !" - respondió amigablemente. "A mí no me interesan ... estas estupideces".

 

A. Salvato

de "La Sorgente", 1980

 

"Lo encontré entre un grupo de seminaristas, estudiantes de teología, conversando afablemente. " ¿ Está don Albino ?", pregunté. Todos se maravillaron de que yo lo había llamado "don" a él que era monseñor. Enrojecí, pero él me puso la mano en la cabeza y dijo : "Son chistes".

 

don Cesare Vazza

de "L'Amico del popolo", 30/9/78

 


 

La última audiencia a un jefe de dicasterio vaticano

 

Pasajes de una entrevista realizada por "30 Giorni" en 1998 al cardenal Bernardin Gantin :

 

- A decir verdad, la suya ha sido también la única nómina curial hecha por Juan Pablo I en su breve pontificado. De pro-presidente, en efecto, el Papa Luciani lo nombró presidente de "Cor Unum". No sólo, Juan Pablo I lo recibió en audiencia en el último día de su pontificado, el 28 de septiembre.

 

GANTIN : Sí, ha sido la última audiencia concedida a un jefe de dicasterio. En la noche de aquel día en que nos había acogido con gran gentileza, con la sonrisa, disponiendo él mismo las sillas para que pudiéramos estarle cercanos, ninguno podía imaginar que, pocas horas después, él se habría ido a la Eternidad con el Señor. Conservo todavía una foto de aquella audiencia como una de las cosas más preciosas.

 

 

 

 

Eramos cuatro : el Papa, yo, el secretario de Iustitia et Pax, el jesuita Roger Heckel, y el secretario de "Cor Unum", el dominico Henri de Riedmatten. Los otros tres han desaparecido todos, sólo el suscripto es el sobreviviente de aquella audiencia ... Juan Pablo I, repito, era un hombre de gran humildad; todos conocen su lema : "Humilitas". También su pontificado ha sido, desde el punto de vista temporal, humilde, apenas treinta y tres días. Pero significativo.

 


 

¿ Aceite o vino ?

 

"Cuando era invitado a comer en alguna parte, él no se olvidaba nunca de llegarse a la cocina para agradecer a todos aquellos que habían preparado los alimentos. Esta costumbre provocó, al principio, no poco desconcierto en las mujeres de la casa y en las cocineras que se encontraban de repente delante de "su excelencia", el obispo, cuando tenían todavía el delantal y las manos mojadas.

Durante una visita pastoral a Caorle, a una colonia de verano, sucedió algo embarazoso : en el curso del almuerzo, ¡ fue vertido por error aceite en lugar de vino en el vaso del obispo ! Tal descuido se explica fácilmente dado que, a menudo, el aceite de oliva se conserva en botellas iguales a las que se usan para el vino : y, en la confusión de los preparativos por la visita del obispo, una cosa así puede ciertamente suceder ... Todavía, Luciani bebe, no mucho (él bebía raramente y muy poco), pero bastante, de modo de ahorrarle al párroco, su anfitrión, y a los culpables del "accidente" la embarazosa situación causada. No obstante ello, su vecino de mesa había notado el cambio : "Pero, excelencia, ¡ ésto es aceite !" "Sí - dijo Luciani - también a mí me parece aceite".

 

don Giacomo Ferrighetto

 


 

Ropa incómoda

 

"En los años sucesivos, ya obispo y cardenal, no habría querido ser otro que el "don Albino" consagrado por Dios. Ninguna pompa, ningún signo exterior de dignidad, si ello no era indispensable. Odiaba todas estas cosas. No apenas regresaba a casa luego de una ceremonia oficial, para la que había estado obligado a usar la vestimenta oficial de obispo, la primera cosa que hacía era quitarse aquellas ropas incómodas para ponerse nuevamente la simple sotana negra sacerdotal.

Un pueblo cualquiera cerca de Vittorio Veneto. Luciani humilde y vestido sencillamente como siempre. Un campesino - él mismo padre de un sacerdote - cuya idea de obispo evidentemente no coincidía con el aspecto exterior de don Albino no escondió su sorpresa y, con manifiesta desaprobación, susurró al oído de uno que estaba cerca : "Por amor de Dios, éste no es un obispo que quiere abrirse camino".

 

mons. Giovanni Ronchi

 


 

¡ Adiós amistad !

 

"Cuando me presenté a monseñor Luciani, apenas elegido obispo de Vittorio Veneto, me arrodillé a besarle el anillo y comencé a decirle : "Vuestra Excelencia perdóneme si ...". Él se puso de pie a toda velocidad, diciendo : "Ah, no así, querido padre mío Strim. Tú comienzas a tomar distancia y yo no estoy para nada de acuerdo. Tú me tienes que tutear siempre, como de costumbre, si no, adiós nuestra vieja amistad", e hizo su amplia sonrisa".

 

don Giuseppe Strim

amigo y compañero de seminario de Luciani

de "Il Celentone"

 


 

El Espíritu Santo no se siente

 

"Cuando fui ordenado diácono en Innsbruck, aquel obispo me hizo sentir bien, imponiendo sus manos sobre mi cabeza, que desde ellas pasaba el Espíritu Santo. Cuando fui ordenado sacerdote también Luciani me impuso las manos pero en un modo tan ligero como para hacerme pensar que el Espíritu Santo me había olvidado. En cambio, aquella paterna imposición correspondía mejor al aleteo bíblico el Espíritu. A la caza de sus recuerdos, aquí en Pietralba, he estado también en la habitación que él ocupaba normalmente cuando venía aquí. Nada ha cambiado : los mismos cuadros, el mismo crucifijo, el mismo escritorio. Entonces me senté delante del escritorio, pensé en mi ordenación y casi como si lo tuviera delante, le dije : "Gracias, Papa Luciani : si los otros te recuerdan por tantos por tantos motivos, yo te recordaré siempre por aquella imposición de tus manos sobre mí : ligera, paterna, amorosa".

 

don Giuseppe Corradi

 


 

Amargura en el alma

 

"Un día, encontrándome con él para la visita pastoral, le dije : "Excelencia, su presencia me infunde un poco de miedo". "¿ Pero cómo ?", me respondió, "Yo soy un hombre como todos" y diciendo así se sentó junto a mí y me abrió su ánimo a la más cordial confidencia. No, él era un pastor que no hacía pesar el báculo y no infunda temor en ninguno. Sus apariciones eran suaves y ligeras como el áurea acariciante advertido por el profeta Isaías en el antro tenebroso. Su firmeza, en los principios y en la disciplina, no descendía a transacciones. Al reprender a alguno, lo hacía con gran pesar. Una mañana, me cayó sin preaviso a la casa parroquial. Se sentó; estaba cansado; su rostro estaba tenso. A un cierto punto, me confió: "Esta noche no he dormido". Conociendo su débil salud, le pregunté : "Excelencia, ¿ no se siente bien ?". "No - me respondió - no he podido tener sueño porque, habiendo reprendido a un colega, llevo en mi ánimo toda la amargura que he debido causar a quien fue objeto de mi corrección".

 

don Pietro Battistella

 


 

La tragedia del tornado

 

"Una tromba de aire, la noche del viernes 11 de septiembre, devasta la isla de santa Elena, dando vuelta un motoscafo de la Acnil causando varias víctimas, continuando su obra devastadora hasta Cà Savio con muertos y heridos entre los veraneantes de los campings.

El patriarca, encerrado en su habitación, no se había dado cuenta - durante el gran temporal - de lo que podía haber sucedido a poca distancia. Ligado al hilo del teléfono, yo continuaba pidiendo noticias a la prefectura, al "Gazzettino", a los hospitales. Hacia las 23, me decido a llamar por el intercomunicador al patriarca : "Voy enseguida - fue su respuesta - : llama un taxi". Pero los taxis estaban todos movilizados.

En un silencio, roto por comentarios, voces, medias cifras, llegamos al muelle de Santa Elena : las células fotoeléctricas iluminaban un amplio rango de laguna. Había un motoscafo sumergido; los buzos llevaban a la superficie de vez en cuando algún cuerpo que era cargado enseguida en los motoscafos de la "Cruz azul" y llevados a varios hospitales. Un silencio de tumba. El patriarca estaba lívido y, con las manos juntas pegadas a los labios, rezaba. Gente y autoridades se acercaron, lo saludaban con una seña, daban noticias, datos, cifras. Con un motoscafo de la prefectura, nos condujeron a la morgue del Hospital del mar : la primera fila de las víctimas de la tromba de aire era impresionante y doloroso fue el encuentro con algunos familiares.

Volvimos a casa hacia las cuatro de la mañana y, a las siete, estábamos ya nuevamente itinerantes en Santa Elena, en el Hospital del mar, en el Hospital civil de Venecia, en el hospital y la colonia de la Cruz Roja de Jesolo para visitar a los heridos y a bendecir los cuerpos del camping de Cà Savio : la tromba de aire había pasado arrasando y cortando árboles, casas, carpas desde la laguna hasta Santa Elena, en la laguna, en Cà Savio, levantando y golpeando contra el suelo personas y cosas.

El domingo, en Caorle, habría tenido que celebrar la fiesta de la Virgen del Ángel con la procesión en el mar. Pero, en la catedral, luego de haber celebrado la Misa y dicho la homilía, entre el silencio de un pueblo que percibía el dolor de un hombre, de un padre, de un obispo, el patriarca dijo : "Lamento no quedarme con ustedes a la fiesta pero, la tragedia del tornado que llevo esculpida en el corazón de padre, me dice que tengo que volver a casa para llorar y rezar ..."

 

mons. Mario Senigaglia

de "Humilitas", 1985

 

 

Monumento a las víctimas del tornado del 11/9/1970.

 Se encuentra en los jardines del barrio de Sant'Elena, Venecia

 

 


 

Un Patriarca entre los pobres

 

 "Cuando Luciani se dio cuenta, uno de los primeros días de su llegada a Venecia, saliendo del estudio, de la gran marea de gente y del extraño olor que había llenado las salas de espera, me preguntó : "¿ Quiénes son ?". "Son los pobres : ellos no faltan nunca ". Quiso ir a saludarlos : se los presenté uno por uno (quizá unos sesenta, unos setenta). Para todos tuvo una sonrisa y una palabra. Luego dijo : "Les recomiendo : la puerta del patriarca está siempre abierta. Pregunten a don Mario y lo que puedo hacer por ustedes lo haré siempre y con gusto". "Excelencia - le dije entre dientes - usted me arruina : no me dejarán más tranquilo". Él sonrió diciendo : "Alguno nos ayudará". Pobres, inadaptados, borrachos, gente que salía de la cárcel, mujeres que ni siquiera podían hacer más la calle, clientes de los "asilos nocturnos" y pordioseros ... fueron sus amigos. A muchos les hemos encontrado casa y trabajo (entonces era más fácil que hoy), a todos se les daba según sus necesidades. Conservo todavía algunas cartas. Le mostré una, un día, a patriarca : yo lo vi casi llorar. Venía de un sanatorio : "Como tres veces al día y tanto también ... Tengo una cama con sábanas y mantas y me cambian la ropa personal dos veces por semana ... me parece de haber vuelto al orfanato. Querría agradecer al patriarca por el bellísimo piyama con sus iniciales : me parece ser como un Papa y espero tanto quedarme más tiempo aún cuando me desagrada no ir para Pascua para saludarlos ...".

A veces, desde la portería, avisaban : ex detenidos. No se trataba sólo de hacer dinero o de encontrar trabajo, sino que, a menudo, se trataba de hacerles superar la desconfianza en todo y en todos. No siempre era fácil. Y, sin embargo, cuántos le han escrito agradeciéndole por haber sido el único en ayudarlos y en darles confianza. Uno de éstos, un día me dijo : "Mis hijos deben saber que, si un día el patriarca no me hubiera pagado el pasaje para Alemania, hoy no tendría ni trabajo ni familia".

 

mons. Mario Senigaglia

de "La Sorgente", 1983

 


 

"¡ Ladrona !"

 

Verano de 1922, Final del tercer año escolar. A mamá Bortola llegan otras quejas por su hijo mayor. Esta vez, el asunto es serio. Se ha comportado en modo intolerable y la anciana maestra, hirviendo de indignación, se llega a la casa de los Luciani. ¿ Qué había sucedido ? ¡ Ladrona, la había llamado ! Pero, ¿ por qué ? La explicación es simple : al inicio del año escolar, la maestra le había rogado a Albino que prestara un libro, que no le servía más, a un alumno pobre. Él lo hizo con gusto pero, cuando al final del año escolar había pedido a la maestra de devolverle el libro, ella le había preguntado qué se habría hecho de aquel libro viejo y gastado. Motivo más que suficiente para Albino, que tenía casi nueve años, para llamar ladrona a su maestra. No se trataba sólo del hecho que el libro fuera suyo y que ella no podía por éso disponer de él libremente. Por otra parte, de cuánta generosidad hacia los otros era capaz él, lo demuestra el ejemplo de la primera rebanada de pan blanco que había guardado para el hermanito Edoardo. No, aún cuando un libro era para él un bien xtremadamente costoso y precioso, no era un motivo determinante para una acusación tan grave. Pero su sentido del derecho y de la justicia había sufrido un grave golpe a causa de la reacción de la maestra, para él, incomprensible.

 

"El niño no soporta las parcialidades y las injusticias y, cuando las ve o cree verlas, sufre, se aleja encerrándose en sí mismo. En esta materia, cosas que para nosotros son tonterías, para el niño adquieren una importancia extraordinaria". (Albino Luciani, Catequesis en migajas )

 

Una importancia tal de llevarlo a la monstruosa afirmación de que su maestra era una ladrona. Y ésta reacciona sin darse cuenta de la indignación de su alumno, sin ningún conocimiento pedagógico y capacidad de ensimismamiento con la psiquis infantil, llevando por ello a la madre Bortola a la embarazosa necesidad de tener que tomar medidas.

 

de "Una vita per la Chiesa"

por Regina Kummer

 


 

Una tiradita de orejas a su compañero párroco

 

"Una vez fui a visitar a un compañero mío de escuela que era párroco y me quedé con él en la puerta de la iglesia (yo entonces era vicario general) para leer los avisos. Estaba escrito : "Las mujeres no entren si no llevan las mangas hasta el codo", etc. Luego había escrito también : "No se admitirán a la comunión las mujeres que tengan los labios pintados".

"Oh - digo - don ..., ¿ cómo es posible ?". "¡ Es algo repugnante aquéllo - me respondió - y no lo quiero !". "Y, ¿ quién te autoriza ? No eres obispo para nada tú. No puedes, querido, lo lamento, pero debes sacarlo aquel aviso. Aún cuando tú tengas esta opinión, no puedes ... Además, en la parroquia vecina está permitido; lo mismo en la ciudad van a la comunión con los labios pintados, aún cuando son presidentes de la Acción Católica. Y tú, ¿ por qué ? No eres legislador, no puedes hacer así".

 

Albino Luciani

de "Il buon samaritano"

 


 

Una previsión por escrito

 

 De una carta mandada por el párroco de Tambre d'Alpago, don Giovanni Luchetta, al párroco de Canale D'Agordo, don Rinaldo Andrich : "Querido, don Rinaldo, ahora estate bien atento a mi previsión sobre el nuevo Papa : ¡ será elegido, luego de pocas votaciones, S.E. el cardenal Albino Luciani de Canale D'Agordo ! Tendrás que tocar las campanas y organizar los festejos ... "

 

de "L'Amico del popolo", 1978

 


 

La sed

 

 Era una bella jornada estiva. Mons. Luciani llegó de repente a la casa parroquial de Caviola (cerca de Canale D'Agordo). Se dirigía de Vittorio Veneto a Perarolo. "Pasé por aquí para saludarte - dijo a don Cesare, un ex alumno suyo del Gregoriano de Belluno - y para pedirte un vaso de agua". Luego de haber calmado rápidamente su sed en la cocina, se fue agradeciéndome con tanto afecto, como si le hubiera ofrecido quién sabe qué cosa".

 

de "Il Celentone"

 


 

"¡ Es una vergüenza !"

 

 "Es una vergüenza, ¿ saben ?, una vergüenza, que haya párrocos que no hagan catecismo. Yo he tirado de las orejas a más de uno de mis párrocos.  Digo las cosas de mi diócesis. Estoy muy contento con mis párrocos, entendámonos, pero alguno hace fiaca. Hay uno que, en todo el año, no ha ido nunca a dar las lecciones en las escuelas primarias. ¿ Cómo hace ? ¡ No es posible ! Tirar a la basura la gracia de Dios, la posibilidad de hacer un poco de catecismo en las aulas que tienen calefacción, donde los chicos están en los bancos derechos y atentos.

El catecismo es importantísimo; ay de nosotros, sacerdotes, si no le damos la máxima importancia. Es la mejor predicación".

 

Albino Luciani

de "Il buon samaritano"

 


 

Días de distensión

 

"Pietralba. De 1972 a 1977, pasábamos al menos una decena de días en plena distensión entre los paseos por los bosques hasta donde estaban los rebaños, con una pequeña cita anual a la cima del Corno Bianco (m. 2.317), en el oso de San Romedio, con la vuelta por varios pueblos vecinos, con los encuentros en Novacella o en Innsbruck y en el Santuario de los Siervos de María Waldrast, y algún partido de bochas, viviendo nuestro ritmo cotidiano junto a los huéspedes del lugar, sentados a la mesa común del restaurant, jugando con los chicos, charlando afablemente con los adultos. Una vacación muy humana que revelaba a todos una dimensión de espiritualidad y de vasta cultura en un personaje tan en alto y tan al alcance de todos".

 

mons. Mario Senigaglia

de "La Sorgente", 1983

 


 

Augurio

 

Era el 3 de septiembre de 1978, día del inicio oficial del pontificado. "Mientras se estaba todavía ante el sepulcro de Pedro, le auguré al Papa con la expresión litúrgica que "el Señor lo hiciera feliz en esta tierra". Me respondió sonriendo : "Sí, feliz por fuera, pero, ¡ si usted supiera lo que siento adentro !"

 

Card. Pericle Felici

de "La Sorgente", 1978

 


 

La bofetada

 

Albino, de 10 años, presente en las solemnes ceremonias como monaguillo, abría desmesuradamente los ojos. ¡ Cómo era de grande y solemne aquella iglesia (n.d.a. se refiere a la de  Agordo) comparándola con la pequeña, íntima iglesita de allá arriba en Canale ! Y, en lugar de seguir la ceremonia con atención y devoción, sus miradas maravilladas y curiosas corrían a todas aquellas bellísimas cosas que había para descubrir. A uno de los sacerdotes presentes, che obviamente no entendía aquel estupor infantil, no le agradó esta involuntaria y todavía evidente distracción y, enseguida, observó : "Aquél de allí no está bien". De cardenal, habría recordado el efecto de aquel brusco reproche y la bofetada a los monaguillos que lo había acompañado : "Pero me ha servido".

Trece años después de este episodio, habría vuelto a Agordo como capellán : "Y les aseguro que no he dado ninguna bofetada a los monaguillos. Los tenía vivaces. Alguna vez no sabía cómo tenerlos".

 

Card. Albino Luciani

de la prédica tenida el 29/6/78

(citación de "Una vita per la Chiesa" de Regina Kummer)

 


 

En pose

 

"Humildad del Pontífice. Obligado a ponerse en pose para las fotografías oficiales, de pie y sentado, comenta : "¡ He aquí Arlequín, príncipe fingido !"

 

Card. Jacques Martin

ex Prefecto de la Casa Pontificia

de "Oltre il portone di bronzo"

 


 

"Deberían haber elegido uno más preparado que yo, mejor que yo"

 

"No puedo olvidar el día sucesivo a su elección, la tarde del 27 de agosto de 1978. Yo estaba en el obispado de Belluno y estaba por ir a Canale D'Agordo, pueblo natal de Luciani, para celebrar la Misa de acción de gracias por la elección a Sumo Pontífice de un hijo de nuestra tierra. Llamo por teléfono al Vaticano y finalmente logro encontrar al secretario, don Diego Lorenzi; le ruego que pregunte al Papa si puedo llevar a Canale D'Agordo su bendición. Respuesta : "El Papa está en la capilla, está rezando". Digo : "Si es posible, hazme saber la respuesta dentro de un cuarto de hora, porque no puedo hacer esperar a los fieles que me esperan". Pasan alrededor de diez minutos. Suena el teléfono. Era don Diego que, como estaba habituado en Venecia, dice : "Le paso al Patriarca", pero enseguida se corrige : "Le paso al Santo Padre". Es justo él; inicia así : "La zorra cambia de pelo pero no de vicio", había cambiado de ropa, pero no la costumbre de llamarme por teléfono. Yo susurro : "Padre Santo, la alegría de Belluno es incontenible; también el badajo de una campana de la catedral ha caído al suelo a fuerza de sonar". "Pero yo esta noche no he dormido, me han venido tantos escrúpulos. ¿ Por qué me eligieron a mí ? Deberían haber elegido a uno más preparado que yo, mejor que yo. Rueguen por mí". Yo le aseguro que todo el mundo ruega por el nuevo Papa, pero que la oración de nuestra gente era intensísima y le pregunto si puedo llevar su bendición a Canale. "Sí, sí, a mi hermano, hermana, parientes, a todos. Ruegue por mí". En este punto, tengo una duda : Cuando diga : Les llevo la bendición del Papa", habrá quien piense : "Inventa, ¿ cómo ha hecho para obtenerla ?". Digo al Papa : "Padre Santo, ¿ puedo decir que he hablado con usted por teléfono ?". "Cierto, diga que lo llamé yo por teléfono".

Se pueden imaginar la alegría de numerosísimos fieles y periodistas reunidos en la iglesia de Canale D'Agordo cuando mencioné esta conversación".

 

mons. Maffeo Ducoli

de "Tracce", 9/1998

 


 

Agradecimiento

 

De una entrevista al cardenal Aloisio Lorscheider, ex arzobispo de Fortaleza.

 

- Como sabe, la muerte imprevista y algunas noticias falsas contenidas en la versión oficial dada por el Vaticano alimentaron inquietantes sospechas. Sobre su muerte fueron luego escritas muchas cosas, se habló también de "homicidio moral" . Según Ud., ¿ había espacio para legitimar tales sospechas?

LORSCHEIDER : No me interesan las cosas que se escribieron, ni toda la literatura que floreció alrededor de su muerte. Todavía, lo digo con dolor, la sospecha queda en nuestro corazón; es como una sombra amarga, un interrogativo al cual no se ha dado plena respuesta. (...)

 

- No le da la impresión de que hoy en la Iglesia haya sido olvidada la figura del Papa Luciani ?

LORSCHEIDER : Tal vez, en algunos ambientes, su memoria está hoy poco viva. Pero no es así para los fieles. La gente simple sabe reconocer y difícilmente olvida a quien se muestra a ellos con amor, con el afecto de un buen padre. Recuerdo que, luego de su elección, cuando yo estaba en Fortaleza, vinieron a verme algunos estudiantes universitarios. "Eminencia", me dijeron, "Hemos venido para agradecerle". "¿ De qué '", respondí. "Hemos venido para agradecerle a usted y a todos los cardenales por habernos dado un Papa como Juan Pablo I". "¿ Les gusta mucho ?", pregunté. Me respondieron : "Sí, él sabe cómo habla al corazón de la gente".

Creo que su breve pontificado fue como un gran respiro en la vida de la Iglesia. Como el amanecer  de una limpia jornada ... Tenemos saudade (n.d.a. nostalgia), de aquella sonrisa.

Estoy convencido que un día, queriendo o no queriendo, el Papa Luciani subirá al honor de los altares.

 

- ¿Y si le pidieran ahora de reproponer el pedido de beatificación?

LORSCHEIDER : La suscribiría enseguida, ciertamente. Pero nosotros, como obispos brasileños, lo hemos ya oficialmente presentado. No es más de aquí que debe repartir la iniciativa. Sería importante ahora que una solicitud en tal sentido fuera promovida, por ejemplo, por los obispos del Triveneto. De ésto quiero hablar; lo haré apenas vuelva a Italia. Hablaré de ello con el patriarca, el cardenal Cè.

 

de "30 giorni", 7-8/1998

 


 

Con los zapatos gastados

 

"Encontré, la primera vez, al cardenal Luciani en agosto de 1977 en el seminario de Bressanone. El 25 de mayo yo había sido ordenado obispo y, el día consagrado a Pedro y Pablo, entré a formar parte del colegio cardenalicio. En aquella época transcurría una parte de las vacaciones con mis familiares en la antigua sede episcopal a orillas del Isarco, como ya había hecho algunos años atrás. Durante su juventud, el cardenal Luciani se había llegado con frecuencia con la madre en peregrinación a Pietralba, por lo que conocía bien aquella región. No sé cómo le había llegado al oído la noticia de que el nuevo arzobispo de Munich se encontraba en el seminario de Bressanone; así fue cómo llegó a visitarme. Este noble gesto me hizo una profunda impresión pero, todavía más que éso, me impactaron la cordialidad espontánea y la gran bondad humana que se transparentaban en él. Lo veo todavía sentado frente a mí, vestido con su simple sotana negra y con los zapatos más bien consumidos, contarme de su juventud y abrirme completamente su corazón. Cuando, un año después, lo volví a ver en el cónclave, me vino espontáneamente el pensamiento de que un hombre que poseía tales dotes de corazón y una mente iluminada por el corazón, debía a la fuerza ser un buen Papa, y me puse contento de que muchos otros pensaban igual que yo".

 

Card. Joseph Ratzinger

Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe

de "30 Giorni", 7-8/1998

 


 

Recuerdos del cardenal Hyacinthe Thiandoum, arzobispo de Dakar.

 

"El próximo Papa no debería ser un italiano"

 

"Es para mí motivo de gran alegría particular, con ocasión de tal aniversario, evocar el recuerdo que he conservado del Papa Juan Pablo I, en razón del sentimiento de amistad con la cual me honraba. El primer encuentro se remonta a 1979. El patriarca de Venecia, sabiéndome de paso por los Dolomitas, me invitó a transcurrir el fin de semana en su casa. Estábamos en la segunda mitad de julio. Nuestras conversaciones de entonces se centraron en la vida de la Iglesia en Europa y en África, en particular, sobre la penuria de sacerdotes en Europa Occidental y sobre su aumento, en cambio, en el continente africano. Buscamos juntos la manera de poner en práctica la renovación espiritual propuesta por el Concilio Vaticano II para favorecer el ajuste de la situación.

En el curso de la conversación, grande fue mi sorpresa al oír al venerado patriarca de la Ciudad de los Dogos expresar este deseo : "Pienso que el próximo Papa no debería ser un italiano". Me quedé sin palabras. Él justificó así su afirmación : "Éso daría un ulterior resalto a la universalidad de la Iglesia católica". "¿ Es el único en desear ésto ?", le pregunté. "Muchos obispos italianos y de otros países comparten mi opinión", fue su respuesta. Y es todo en lo que se refiere a nuestro primer encuentro, centrado en una cuestión - hay que reconocerlo - con todo respeto".

 

Una segunda estadía en la casa del Patriarca

 

"La Providencia me concedió un segundo encuentro en 1977, en ocasión de la clausura del Sínodo. Apenas terminaron los trabajos, a los cuales habíamos participado los dos, me invitó a acompañarlo a Venecia, donde nos esperaban sus diocesanos reunidos en la Basílica de San Marcos, llena hasta lo inverosímil. Él me pidió entonces que tomara la palabra y que transmitiera el mensaje del Sínodo a la multitud, constituida predominantemente por jóvenes. Al principio, rechacé, haciendo notar que un deber similar correspondía al patriarca y que no quería, por lo tanto, desilusionar al auditorio. Me convenció de lo contrario y ...  no quedó más que obedecer.

Esta vez me entretuve en casa del cardenal Luciani durante cinco días. La estadía se hizo memorable por la solemnidad de Todos los Santos que él me hizo celebrar en la Basílica de San Marcos. Me hizo visitar su seminario situado a la sombra de la majestuosa iglesia de Santa María de la Salud. Sucesivamente, me pidió de acompañarlo a Treviso para una ceremonia litúrgica y, otra vez, a Padova, a casa del obispo de aquella ciudad, monseñor Girolamo Bortignon, ex predicador de los ejercicios espirituales en el Vaticano y teólogo de profunda cultura religiosa, que era entonces vicepresidente de la Conferencia episcopal regional del Triveneto. El cardenal - presidente de esta misma Conferencia - había llegado a su casa para entretenerse en cosas. Abro aquí un paréntesis para decir que estos contactos providenciales explican, sin duda, mi profundo apegamiento a la región del norte de Italia (...).

 

Una pequeña "trampa" para ver mejor al futuro Papa

 

"Luego de que Paulo VI fue llamado a Dios en agosto de 1978, comenzaron los preparativos del cónclave para elegir al sucesor. Por mi parte, no tenía dudas de que el cardenal Luciani habría bien pronto ocupado el trono de Pedro. A las numerosas preguntas sobre quién habría sido el sucesor de Paulo VI que me hacían en Roma, antes de la apertura del cónclave, respondía invariablemente : el cardenal Luciani. Estaba convencido a tal punto que - el episodio es de dominio público -, a la vigilia de la entrada al cónclave, lo invité a compartir la comida conmigo en casa de las Religiosas Pías Madres en la calle Alcide De Gasperi, pidiendo luego a las responsables de la comunidad a acercarse a nosotros en el momento de tomar el café : así, habrían visto con sus propios ojos al futuro Papa. En presencia de las monjas y de su secretario, le dije sin medios términos : "Lo esperamos, mi patriarca". Él comprendió perfectamente lo que yo había querido insinuar y me respondió : "No es asunto mío".

También antes de este episodio, cuando encontraba al cardenal Luciani - naturalmente siempre fuera del cónclave -, lo saludaba regularmente con estas palabras : "Saludo a mi patriarca", y él replicaba : "Soy el patriarca de Venecia". Y ambos sabíamos lo que queríamos decir".

 

de "30 Giorni",7- 8/1998

 


 

Dos párrafos de la última homilía del cardenal Luciani en la iglesia de Agordo en 1978.

 

Un capellán con los bolsillos siempre vacíos

 

"Aquí, de uniforme, hay un señor, un caballero emérito. Entonces estaba en IV  grado de la escuela primaria. Me acompañó para la bendición de las casas arriba, en Rif. No sé si lo hacen todavía. Se iba a bendecir las casas y el patrón, quizá pobre, pero ... un huevo, dos huevos los daba para el archidiácono. Se metían en un cesto. Habíamos andado por todo Rif, hicimos también Piasent. Todos contentos. Un monaguillo estaba tan contento que resbaló. Tiró al suelo todos los huevos. Si hubieran sido míos no importaba, pero no eran míos. Entonces se puso a llorar. Nada de bofetadas. Tuve que sacar el pañuelo y consolarlo y secar los ojos.

No es que solamente haya trabajado con estos muchachitos, sino que también tenía a los aspirantes. tantas veces me rompían los vidrios, acá arriba sobre la sacristía, y realizaban otros daños. Eran tiempos de tanta pobreza. Se hacía algún paseo. Dinero yo no tenía. Un helado lo comían con gusto también entonces, pero yo estaba siempre sin dinero. Creo de haber sido un capellán con los bolsillo siempre vacíos. Pero recuerdo aquellos años con una simpatía que no les digo, entre los más bellos de mi sacerdocio".

 

Obligado a tocar el órgano

 

"Tuve también buenos cantores adultos y también muchas voces blancas de niños. Sin embargo, no había organista. El archidiácono me dice :

- ¿ Tú no sabes tocar ?

- ¡ No ! Había probado pero no he terminado.

Me dice :

- ¿ Por qué no has terminado ?

- Mire, me han dicho que no soy de la tribu de Manasés.

Me dice :

- Pero yo te obligo, ¡ lo debes tocar !

Eran aquellos tiempos en los que los curas obedecían y yo, por obediencia, con una fatiga que no les digo, he probado. Había gente que me oía : había señoras, señoritas que tocaban el piano y sabían juzgar cómo había sonado el órgano. De aquel modo toqué pocos meses ...

Bastante para exclamar luego de tantos años : "¡ Oh, tuviera yo tus manos !", me dirigí admirado a un seminarista que tocaba el órgano en la iglesia de San Pedro. "Lo he intentado también yo de joven a aprender a tocar, pero mis manos son duras".

 

de "L'Amico del popolo", 30/9/78

 


 

Aprendiendo el portugués

 

Su preocupación, entonces, era hacerse entender por todos : también por los brasileños que no entendían su italiano veneciano. Por ello, había pedido, en Venecia, un mes antes del viaje (n.d.a. viaje a Brasil realizado en noviembre de 1975), a las Hermanas franciscanas de Cristo Rey que le dieran lecciones de portugués. Lo hicieron sor Edith Onghero (brasileña) y sor Valentina Kanton (italiana residente en Brasil).

Cuentan ahora las monjas que el cardenal Luciani las anonadaba con su simplicidad y humildad. Se sorprendían también de la velocidad con la que aprendía, agregando que el cardenal hacía mucho ejercicio de la lengua cuando estaba solo. "Quería mucho que sus palabras fueran entendidas por todos en Brasil", dijeron.

 

de "Esquiú", 17/9/78

 


 

Párrafos de una entrevista a Edoardo Luciani.

 

"Tal vez he sido yo la causa de la muerte de mi hermanito"

 

- ¿Tiene, ante todo, algún recuerdo de Albino niño, que le haya quedado particularmente grabado y que revele su personalidad?

- Quizá ésto es del todo inédito. Usted sabe que mi madre ha perdido al segundo de los hijos, Federico, de una broncopulmonía, todavía niño. Siendo el ambiente crudo de invierno aquí arriba. Se tenía la preocupación de no dejar entrar el frío. Naturalmente mi madre recomendaba cerrar siempre la puerta y las ventanas, para que el pequeño no tomara frío y no se enfermara. Ahora recuerdo de haber sentido a mi hermano Albino que en su primera infancia había sufrido tanto por el hecho de que las hermanas de la primera mamá, Amalia y Pía, le reprochaban de haber hecho enfermar así a su hermano. Me decía que se despertaba a menudo de noche y pensaba : "Quizá he sido yo la causa de la muerte de mi hermanito". Era el sufrimiento moral que él más recordaba. (...)

 

Periodista y escritor, sí

 

- ¿ Usted recuerda que haya tenido de joven algún deseo, alguna aspiración particular ?

- Me parece que él hubiera querido tener tiempo disponible para leer, estudiar, escribir. Si hubiera querido realizarse en el plano humano, éstos eran sus gustos personales. Se habría dedicado completamente a la literatura : leer y escribir.

 

- ¿ Habría sido verdaderamente periodista y escritor ?

- Sí, en serio. Me lo ha dicho siempre a mí. Lo ha repetido antas veces. "Aquéllo lo habría hecho sin sacrificio, con gusto". Mientras tantas otras incumbencias, que él ha resuelto bien, con frutos también evidentes, las ha enfrentado con notable fatiga, tanto espíritu de adaptación y de obediencia a la voluntad de Dios. (...)

 

"Ahora harán patriarca a tu hermano"

 

- Cuando fue nombrado obispo, ¿ qué pensaban ? ¿ los tomó de sorpresa o estaba en el orden de las cosas ?

- Estaba yo en casa y siento sonar e teléfono. Era don Ausilio Da Rif que me anunciaba : "Tengo una gran novedad que darte. Han hecho obispo a tu hermano". La cosa no me ha sorprendido tanto, la verdad. Considerando el ambiente, era más o menos descontado. Creo que no le haya sorprendido ni siquiera a él.

 

- ¿ Y cuando fue nombrado patriarca de Venecia se lo esperaban ?

- Cuando murió el cardenal Urbani, recuerdo de haber encontrado a un amigo mío colega que me dijo : "Ahora harán patriarca a tu hermano". Respondí : "También pienso lo mismo". A mí no me ha sorprendido ni siquiera la elección a Papa. (...)

 

"Ligaba enseguida"

 

- Una pregunta quizá un poco difícil ésta, señor Edoardo. ¿ Qué pensaban frente a la explosión de alegría primero y luego de añoranza que suscitó su hermano Papa ? ¿ Cómo se quedaron ? ¿ Qué impresión le dio la humanidad que exultó primero y lloró después ?

- Mi hermano, en un cierto sentido, ha sido afortunado. No por el hecho de que haya llegado a ser Papa, sino porque tenía tanta comunicativa. Apenas llegaba a un ambiente cualquiera, ligaba enseguida. Ésto desde el seminario en adelante. Es una suerte - repito - porque tantos otros que, aún sacrificándose y siendo buenos, tantas veces no lo logran. En cambio, mi hermano tenía este don, quizá un carisma, yo no sé. También el plano natural él era afortunado. Teniendo que ponerse en contacto con tanta gente, bastaba que se presentara y enseguida ligaba. Recuerdo el primer encuentro con la gente desde la logia de San Pedro : se veía que pendían todos de sus labios, que seguían con entusiasmo lo que decía. Más bien, no había ni siquiera abierto la boca, que la gente aplaudió. También gente en el plano religioso indiferente o atea - yo tengo varios testimonios de ello - quedó entusiasmada. Confieso que no me maravilló este entusiasmo a nivel mundial, respecto de mi hermano, porque en otro plano ésto había sucedido por todos lados, en los años precedentes.

 

Antonio Ugenti

de "Il dono della chiarezza"

 


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