Las florecillas del Papa Luciani

 

Parte I

 

 

 

 

 


D

- De "Humilitas" - años 1984 - 1985

 

 

Mons. Luciani y la capa episcopal

 

 

 

Mons. Luciani con la capa prestada

 

 

En la foto oficial de Albino Luciani, apenas consagrato obispo de Vittorio Veneto, junto al Papa Juan XXIII y a otros obispos, hay una cosa bastante graciosa : la capa episcopal de Mons. Luciani no sólo es larga sino decididamente absurda. El padre Francesco Taffarel explica que " Luciani se presentó a su consagración episcopal sin la oficial (pero inútil - dígase de paso y con todo respeto) vestimenta ceremonial. Y debió, al final, hacérsela prestar por Mons. Micossi, prevosto de Serravalle, decididamente más alto que él. Y con su bonomía y simplicidad aceptó posar con ese catafalco que le caía como una enorme hoja de papel. La forma ha sido salvada, el aspecto mucho menos". El padre Ausilio Da Rif  explica que Luciani "no estaba privado de capa. Estaba en posesión del secretario que, entrando en el Vaticano, había sido detenido en la puerta para controlar el ingreso de peregrinos que entraban y llegó a la sala de audiencias con retraso. Por éso, Mons. Micossi le prestó la suyo".

 

 

 

Mons. Luciani con su capa

 

 


 

Para desentumecerme las piernas

 

El 14 de noviembre de 1976, el Patriarca Luciani había sido invitado a presidir una celebración en Frassinelle Polesine por el XXV aniversario del aluvión del Po. "Llegó a mi parroquia para recordar en la fe a las 84 víctimas del "camión de la muerte" y para dar gracias junto a los obispos, a los párrocos y a tanta gente por la solidaridad humana que se volcó en el Polesine con ese sacrificio. Llovía. Me quedé duro cuando vi a don Diego - su nuevo secretario - llegar delante de la iglesia sin el Patriarca. Entrando en el pueblo, en efecto, había pedido de hacer un poco de camino a pie "para desentumecerse las piernas". Un modo como otro de romper el protocolo y llegar a la iglesia mezclado entre la gente".

 

don Licio Boldrin

 


 

Un cortejo inesperado

 

"A los enfermos y sufrientes, el patriarca reservará, también en Venecia, una particular atención. En Vittorio estaba acostumbrado a andar con libertad en las giras por los hospitales, con su sonrisa, su palabra de alivio, su chiste fácil. El secretario lo acompañaba en automóvil hasta la puerta del hospital. Mientras el obispo se iba solo solito, se quedaba en el auto a leer. En Venecia no logró nunca repetir ésta que, para él, se había transformado en una feliz "costumbre". Cuando llegaba el Patriarca, saltaba enseguida la alarma y el pobre Patriarca se encontraba de pronto rodeado de administradores, médicos, frailes y monjas. Èl saludaba alegremente, agregaba con su gesticular que parecía siempre pedir disculpas por la molestia : "No quiero robarles el tiempo precioso ... puedo ir solo ..." La respuesta era siempre igual : "¡Pero imagínese, para nosotros es un honor !" Y así se los encontraba en procesión. Su desagrado aumentaba gradualmente y, después de un breve giro, decía siempre  : "Bah ! Tal vez es mejor continuar otro día; ahora se ha hecho tarde ..." Procesionalmente lo acompañaban a la salida, mientras él, cada tanto, se paraba para "liquidarlos". "Imagínese ..., para nosotros es un deber". Una vez fuera, decía : "Pero, ¿ son siempre así ? Lástima ... estaba acostumbrado de otra forma ... O logramos hacerlo entender o tendré que renunciar a alguna visita". Y, a fuerza de decirlo, lentamente - también porque la contestación, la secularización, las luchas sindicales ... hicieron pronto su parte -, logró tener un poco más de "libertad"de circulación. Iba, entonces, el domingo a la noche, cuando sabía que iba a estar solo y más tranquilo".

don Mario Senigaglia

 


 

Un chiste con el café

 

"Me encontraba en Venecia (...). Me dí cuenta de que la ciudad estaba relanzando el Carnaval : era una tarde de febrero de 1978. Pasé entre los Arlequines y las Palomitas que me observaban para saber si era un sacerdote verdadero o falso ... y entré en el patriarcado con una sonrisa de alivio. Aquel día, el cardenal Luciani vino a mi encuentro, preguntándome enseguida si quería un café. "Claro - respondí - también porque no sucede todos los días de tomar un café con el Patriarca ... Y, luego tal vez, lo hacen Papa ..." No me dejó terminar de decir el chiste. Me miró casi como si quisiera reprocharme. Y, mientras subíamos las escaleras hacia la cocina, se repuso : "¡ Suerte que estamos en Carnaval ..., y que tenemos una estima grandísima del Espíritu Santo ! No sucederá, quédate tranquilo; pero, si también una desventura así debiera suceder, habrá también un café en Roma ... si nos lo darán ".

don Licio Boldrin

 


 

Los apuntes del Papa por los techos de San Pedro

 

A Albino Luciani, "convertido en Papa, el médico le había aconsejado pasear, por lo menos, una vez al día, pero los primeros días habían estado llenos de audiencias y tareas oficiales. Así, uno de los colaboradores le recordó al nuevo Papa que, encima del palacio apostólico, había un pequeño jardín donde iba Paulo VI en los últimos años. . Quería irlo a ver y se llevó también trabajo para hacer. Llegado al lugar, se puso a admirar la plaza que había  abajo y la ciudad de Roma; más bien, dejó las hojas de un discurso importante que estaba preparando sobre la mesa del jardín para observar libremente el panorama. Cuenta sor Vincenza que, mientras el Papa miraba con la simplicidad de un niño la gran ciudad, una ráfaga de viento hizo volar por todas partes las hojas del discurso : "¡ Socorro !", empezó a gritar, riéndose, el Papa. Llegaron bastantes para ayudarlo. Y, mientras algunos se subían a los techos y  otros bajaban a la plaza, el Papa comentaba : "¿Ve, hermana, el fin que tienen las palabras ?... también las del Papa. ¡ Son los hechos que cuentan !".

 

don Licio Boldrin

 


 

Un buen vaso de vinagre

 

Anécdota de un compañero de seminario en los días en que ambos eran seminaristas. "Un día, fuimos invitados por un párroco de una parroquia cercana a la ciudad (a decir verdad, todos los párrocos querían mucho a los seminaristas), el cual nos hizo acomodar en la cocina. Quería a toda costa ofrecer un vaso de su buen vino. Pero, ¿ cuál  fue nuestro estupor que nos dimos cuenta de que era auténtico vinagre ? ¿Qué hacer ? Un llamado a la puerta del párroco nos sacó del apuro, ¡ el lavabo nos quitó el problema ! Quedó un sólo vaso lleno, el del buen Albino. Se lo bebió hasta el fondo. ¡ Qué lección para nosotros, verdaderamente !

 

don Giuseppe De Cassan

 


 

Campanadas de fiesta

 

Acerca de la acogida y la fiesta dispensada al obispo Luciani cuando estaba de visita en una parroquia. La "fiesta" continuaba, no sólo en el "centro" sino también en los oratorios y las comunas (...). Y, de frente a tanto entusiasmo y honor, Luciani se comentaba a sí mismo : "Me parece ser un arlequín falso príncipe : soy hijo de emigrantes; soy hijo de humilde y pobre gente; me avergüenzo de tanta fiesta por mí. Pasaría mejor un poco de tiempo a rezar en la iglesia. Un poco de rojo nos lo ponemos si sirve para entrar en el Paraíso. I putèi vol al roso " (A los niños les gusta el rojo). "Excelencia, la gente quiere que Ud. se ponga encima todo el rojo, que se vea que Ud, es obispo" "Pero, don ... no es necesario; de todos modos, necesito tratar de parecerme al asno que llevaba a Jesús el día del ingreso a Jerusalén ..."

 

don Francesco Taffarel

 


 

La puntualidad y a la mesa con las familias

 

"Tal vez podía suceder que no encontrara a ninguno. Eran las seis exactas. El invierno había hecho caer durante la noche un diluvio de agua. La iglesia estaba cerrada. El obispo controla el horario en su propia agenda y después dice de ir ... a la casa  parroquial. Al sonido del timbre, se asoma el párroco, con el aliento en la garganta, y  dice : "Ma elo modo de eser kosì puntuali ko sto tempo !..." (Pero, ¡ qué modo de ser así de puntuales con este tiempo !) Y corriendo a abrir la puerta de la iglesia y hacer sonar las campanas.

 

Y con los enfermos en las familias, el encuentro era siempre festivo y conmovedor (...). La familia se formaba delante de la casa, mientras el jefe de familia avanzaba a saludar y a acoger al obispo que subía veloz las escaleras para el encuentro con el enfermo. Lo llamaba por su nombre, se interesaba de su enfermedad, y cómo pasaba el tiempo, los hijos, y después se recogía invitando a todos a la oración. No faltaba la "risa" para "levantar la moral". Y luego, sentados alrededor de la mesa de la cocina, la dueña de casa sacaba todo bien de Dios : postres, fruta, mientras el marido ponía en la mesa, con satisfacción, la infaltable grappa y el vino "kuél bon ... kuél de la Mesa ùltima".(Aquél bueno ... aquél de la última Misa)"

 

don Francesco Taffarel

 


 

El nuevo Patriarca y las máscaras danzantes

 

Era el 10 de febrero de 1970, su segundo día lleno de compromisos como Patriarca de Venecia. "La cena  y la fiesta de "fin de carnaval" con los superiores y seminaristas y la ocasión de volver a ser seminarista, reviviendo escenitas burlescas y cantos iguales para todas las estaciones de la vida ... Alguna hora de serenidad con los jóvenes para esperar y revivir una alegría despreocupada de una edad ya lejana. Hacia las 23, con el vaporetto, llegamos a casa. Hace frío. Alguna máscara, algún grupito que baila y canta. En la esquina de la Piazzetta dei Leoncini, algunas máscaras nos encierran en un círculo de danza : un momento de estupor, luego alguno en bauta (n.d.r. máscara y traje típico del siglo XVIII de la Comedia del Arte) nos lanza un puñado de papel picado, rompiendo el círculo con una inclinación profunda, saluda : "Buen día, señor Patriarca". Ya es uno de casa".

 

don Mario Senigaglia

 


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