XXV Aniversario 1978 - 26 de agosto - 2003

 

La solemne concelebración en Canale por el 25o aniversario de la elección de Juan Pablo I

Cuatro Obispos para el 25º del Papa Albino Luciani

Presidida por el Patriarca de Venecia con los obispos de Belluno-Feltre y de Vittorio Veneto


Una iglesia llena ha acogido al Patriarca de Venecia,  mons. Angelo Scola que llegó a Canale d’Agordo para presidir la solemne celebración en recuerdo de los 25 años de la elección papal de Albino Luciani. A acompañarlo, el obispo de Belluno, mons. Vincenzo Savio, mons. Alfredo Magarotto, obispo de Vittorio Veneto, y mons. Maffeo Ducoli, todos representantes de las diócesis vénetas en las que Luciani tuvo modo de ejercitar su profesión de fe.

No han sido pocas las personas que se recogieron en oración en la parroquia de Canale para esperar la llegada del Patriarca. Otras. que no encontraron lugar en la iglesia, han podido asistir a la ceremonia sólo desde afuera. Era previsible que un aniversario como el de los 25 años de la elección al Solio Pontificio constituyera una llamada para muchos. Gente proveniente de diversos lugares del Veneto que han tenido modo de apreciar a Albino Luciani.

Algún minuto antes del comienzo de la ceremonia, la llegada a la plaza del Patriarca de Venecia, acompañado por el Obispo de Belluno, mons. Savio, huésped desde una semana antes en Vallada para algunos días de descanso. Como escenografía, los balcones que daban a la plaza adornados con flores y banderas con los colores de Italia y del Vaticano. Había una más grande en la fachada de la iglesia. Presidido por los párrocos, el largo cortejo desde la casa parroquial de Canale d’Agordo atravesó la plaza alcanzando la entrada de la iglesia donde, para esperarlo, se habían reunido diversas autoridades políticas y administrativas. El Presidente de la Provincia de Belluno, Oscar De Bona, y el de la provincia de Venecia, Busato, el asesor regional, Floriano Pra, y otros. Luego, la entrada a la iglesia acogida por el aplauso de los fieles, las notas del órgano y el coro parroquial. El Obispo de Belluno, mons. Savio, al inicio de la solemne ceremonia, ha subrayado una vez más la fuerza del pensamiento de Albino Luciani y la voluntad de continuar a lo largo del camino que podría llevar a la beatificación del Pontífice de Canale d’Agordo. Un proceso que, de acuerdo a las palabras del Obispo, debería comenzar en otoño. Mons. Savio, por ello, ha pedido que se rezara por los enfermos y - refiriéndose a sus propias condiciones de salud - confiar en la "voluntad del Señor como un niño en los brazos de su madre".

Luisa Manfroi

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HOMILIA EN LA CELEBRACION EUCARISTICA CON MOTIVO DEL 25° ANIVERSARIO DE LA ELECCION DEL CARD. ALBINO LUCIANI COMO PAPA JUAN PABLO I

 

 

1. «¡Oh profundidad de la riqueza, de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán inescrutables son sus juicios e inaccesibles sus caminos!» (Rm 11, 33-34). Estas palabras de la Segunda Lectura pueden hacer pensar, inmediatamente, en la singular brevedad del pontificado de Juan Pablo I, la figura que, con motivo del 25° aniversario de la elección como sucesor de Pedro, la Iglesias en el Triveneto - comenzando por la Diócesis de Belluno-Feltre, de Vittorio Veneto y del Patriarcado de Venecia - intentan celebrar con el presente gesto eucarístico.
Pero si nos consustanciamos más profundamente con el Apóstol que contempla conmovido el abismo tan inaccesible cuanto esplendoroso de Dios, un estupor similar nos sorprende y nos lleva más allá del enésimo impotente tentativo de penetrar humanamente en las razones del “pontificado breve”. Nos conduce, conmovidos y agradecidos, a considerar, en su totalidad, la singular figura de cristiano, de sacerdote, de Obispo, y de Pontífice del venerado Papa Luciani. En toda la Iglesia, en efecto, está creciendo la conciencia de que la aventura cristiana de Albino Luciani representa un paso particularmente significativo en el cumplimiento del designio salvífico de Dios en la historia. Es autorizada confirmación de ello la decisión de la Santa Sede de confiar oficialmente - en base a la propuesta de S. E. Mons. Vincenzo Savio - a la diócesis de Belluno-Feltre el inicio del proceso de beatificación y canonización.
Y es particularmente debido y conmovedor que el 25° aniversario de su elección sea celebrado, ante la presencia de autoridades y pueblo, en esta iglesia parroquial de Canale d’Agordo, auténtico corazón de todo el pueblo, que lo acogió el día de su Bautismo comunicándole la fe que en él brilla, espontánea e indispensable, como el respirar para la vida.


2. ¿Cuál es la naturaleza de la fe simple y cristalina de la cual este extraordinario pastor, catequista de genio y comunicador claro, se pudo beneficiar desde los primerísimos instantes de su vida? Ella se apoya en la llamada amorosa de un Padre. De la respuesta a esta llamada brota en Albino la conciencia de que la vida, en cuanto tal, es vocación. En la trama multicolor de las circunstancias y de las relaciones, una mano tierna y fuerte, la de Dios Padre, tejió progresivamente, con la unión de los afectos y del trabajo, la existencia del cristiano.


El oráculo del profeta Isaías, que escuchamos en la Primera Lectura, lo subraya con claridad: «En aquel día llamaré a mi siervo (…) lo revestiré (…) lo ceñiré (…) y pondré tu poder en sus manos» (Is 22, 20-21). El Señor conoce, desde siempre y por el nombre, a cada uno de nosotros. El nos pone y nos sostiene en el ser y, sobre todo, con Su obra de salvación, nos llama a tener parte en Su inescrutable designio de misericordia. No podría ser diversamente dado que «de El, gracias a El y para El son todas las cosas» (Rm 11, 36).
El Padre de Jesús y Padre nuestro, en efecto, es el único origen y siempre eficazmente actual de toda la creación, de toda la humanidad y de su historia. El es la fuente primera e inagotable de todo evento, es el alfa y la omega de todo. A partir de esta mirada conmovida hacia el Padre, tenaz vigor de cada cosa, aprendido desde el seno materno - el de su familia y de esta su comunidad - la fe de Albino, que cada vez más está maravillando al mundo, lo ha llevado a participar de los mismos sentimientos de los que nos ha hablado San Pablo. No por nada él escribe: «Nosotros cristianos somos los hijos de la esperanza, somos el estupor de Dios».
Sólo una mirada similar, que sabe reconocer, en cada fragmento de realidad el Origen, da al hombre la posibilidad de conocerse verdaderamente, en sus valores y en sus límites. No se es completamente hombres hasta que no se llega a esta autoconciencia. En Albino Luciani ella posee la fisonomía esplendorosa de la virtud de la humildad, que el pueblo cristiano ha reconocido enseguida y amado en él. En Juan Pablo I la humildad es la primera flor preciosa de aquella fe, verdadero y propio respiro de la vida, que él aprendió aquí, en este pueblo y en nuestra bella tierra véneta. Un cristiano que vive así puede aparecer a muchos indefenso. En cambio, paradójicamente, logra desarmar a los poderosos y hasta a confundir a los orgullosos. En cada caso, un "humilde cristiano" similar se convierte en competente. Basta pensar en los cuidados y penetrantes consejos ofrecidos por el Patriarca Luciani a los políticos en el imaginario intercambio epistolar con San Bernardo, uno de los más gustosos capítulos de Illustrísimos Señores. Fuéramos capaces de reproponerlos con igual delicadeza también hoy día a los políticos, ¡y no sólo a los nuestros!
La humildad de Albino Luciani se revela por lo tanto como un fruto de la vida de fe y entonces no puede ser reconducida a un dato de temperamento o carácter. Se ve con claridad justo leyendo las cuatro catequesis de los miércoles de aquel singular septiembre de 1978: en ellas la humildad abre la puerta de la fe, de la esperanza y de la caridad. Sacando con libertad y sagacidad del rico cofre de la tradición y a través de citaciones de santos y literatos - de Dante a Trilussa, de Agustín a Ozanam, de Francisco de Sales a Pedro Claver - el Papa introduce a los fieles, de manera gustosa e inmediata, a la fe simple y constante que "hace" al auténtico cristiano.


3. La conciencia de que el designio de Dios rige toda la historia en la libertad y por la libertad, y que la vida misma es vocación - los dos pilares que sostienen la humilde fe de la que en Albino Luciani derivó la equilibrada conciencia de sí mismo - no sería todavía hasta el final iluminada si no consideráramos también el reflejo en su persona de aquel trato irrenunciable que perfila el rostro de toda personalidad cristiana madura. Me refiero a la misión.
Este aspecto decisivo de la figura de Juan Pablo I, sucesor de Pedro, se recorta netamente sobre el fondo del trozo del Evangelio antes proclamado, que propone el intenso diálogo entre el Resucitado, en Su cuerpo real y glorioso, y Pedro, el apasionado pescador de Galilea. Aquí está en juego toda la misión petrina para la que Dios prepara a cada sucesor del Príncipe de los Apóstoles, aún desde su concepción. Jesús nos dice que esta misión es comprensible sólo a partir del amor. No se da verdadera autoridad, a ningún nivel - familiar, educativo, social, político o religioso - sino a partir del amor. El amor solamente, en efecto, puede mover la libertad del otro y hacerlo crecer. Y el crecimiento de la persona y del pueblo define en modo exhaustivo la misión de la autoridad (auctoritas da augeo, “hacer crecer”).
«Simón de Juan,¿me amas más que estos?» (Jn  21,15). La triple pregunta de Jesús a Pedro, antes que ser un pedido, es un ofrecimiento de amor. Más bien puede convertirse en pedido justo porque sale del ofrecimiento de perdón a aquel que por tres veces Lo había traicionado aún sin nunca dejar de amarlo. En el origen de toda misión cristiana está este amor redentor del Señor Jesús. Un amor absoluto, porque permanece fiel aún cuando el otro parece alejarse. La misión puede brotar sólo desde una sobreabundancia de gracia dada a nuestra persona.
Tal gracia, que es Jesucristo mismo, llama a la libertad de involucrarse. «El gondolero hace cuerpo con su góndola; no se mueve con movimiento propio; se deja en cambio mover con el movimiento de la góndola en la que se encuentra», así el Patriarca Luciani, recurriendo a su extraordinaria fuerza comunicativa, describe el método de la secuela Christi en la homilía de la solemne fiesta veneciana del Redentor el mismo año de su elección pontificia.
Sólo si estamos agradecidos a la arrastrante iniciativa de amor que, en Jesucristo, nos ha abrazado paternalmente, somos espontáneamente capaces de hacer partícipes a cuantos encontramos cada día.
La misión es una dimensión de la relación con el otro que el amor abre: «Apacienta mis ovejas» (Jn 22, 16). El ministerio confiado por el Resucitado a Pedro, casi dos mil años después, al Papa Luciani, constituye la forma objetiva más gravosa de participación en la misión que el mismo Jesús ha recibido del Padre. La cura redentora que el Padre ha querido realizar enviando a Su Hijo permanece, por obra del Espíritu, en el hoy de la historia gracias a la participación sacramental de los ministros ordenados y, en modo pleno, de los sucesores de los apóstoles, legados con vínculo de comunión cum Petro y sub Petro.
Juan Pablo I fue bien conciente de la gravedad del deber y, sobre todo, de cuál era la conducta con la cual debía cumplirlo.

En el discurso al clero romano del 7 de septiembre de 1978, el Papa recordaba la sentencia de Agustín: «Praesumus, si prosumus»: nosotros los Obispos presidimos, si servimos. El ministerio ordenado se actúa en la identificación libre y plena con Jesús, el Buen Pastor, que da la vida por Sus ovejas. Esta incesante tensión para ser una cosa sola con Cristo por el bien de la Iglesia fue inmediatamente percibida por el pueblo cristiano en el rostro del Papa Luciani, en los breves días de su pontificado. Quizá, pero no sólo, a partir de su sonrisa. Todos nosotros lo tenemos todavía en los ojos como una lección indeleble. El no ha temido el yugo del pontificado porque se fió de las palabras de Jesús: «Mi yugo es suave, mi carga es ligera» (cfr. Mt 11,30). Y fue verdaderamente así para Albino Luciani justo porque él, desde la concepción, aprendió, en esta tierra, aquella fe entendida como respiro natural de la vida cristiana. La experiencia percibe que no hay amor - como nos reclama, pero sobre todo, nos testimonia incansablemente Juan Pablo II - sin "don total de sí". Para un hombre similar un día es verdaderamente como los mil años del Salmo.


4. Vida como vocación, majestuosidad del designio de Dios, fe y humildad, disponibilidad a la misión e incondicional imitación de Cristo hasta la ofrenda de la propia vida: he aquí las piedras miliares del camino que el Papa Luciani ha trazado para todos los cristianos.
¿Y nosotros?... ¿Nosotros, frente al urgente reclamo que esta tarde él nos propone? Limitémonos a una humilde oración que cada uno podrá modular en clave personal a partir de las palabras del mismo Pontífice: «La Virgen, que ha guiado con delicada ternura nuestra vida de niño, de seminarista, de sacerdote y de Obispo, continúe iluminando y dirigiendo nuestros pasos».
En este año del Rosario, la filial devoción mariana del Papa Luciani nos empuje a todos a continuar o a retomar, con simplicidad, la sabia costumbre de nuestros padres de recitar la corona cada día en familia, en los barrios, en la parroquia. Contemplar los misterios de la vida de Jesús, tomados de la mano de Su y nuestra Madre, será la mejor escuela para invocar la fe simple. Esta fe, respiro natural de la vida, es algo bastante antiguo y, sin embargo, es la novedad que anhelamos con fuerza. Sin sombra de duda esto es de lo que nuestras tierras vénetas tienen, sobre todo hoy, mayormente necesidad. Amen.

   

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Al final, Mons. Scola, en nombre del Patriarcado de Venecia como signo de gratitud y agradecimiento ha dado en mano a don Sirio Da Corte, párroco de Canale d’Agordo, los guantes y una vestidura pertenecientes a Luciani de los años en que cubrió el cargo de Patriarca de Venecia.

 

Da "L'Amico del popolo"

27/08/2003

 


 

GCM 2003