XXVI Aniversario 1978 - 28 de septiembre - 2004
Muerte de Juan Pablo I
Misa celebrada en Venecia
29 de septiembre de 2004
Iglesia de San Giovanni Crisostomo y Santuario Madonna delle Grazie
Esta Misa ha sido no sólo una ocasión para conmemorar un nuevo aniversario de la muerte de Juan Pablo I sino también para inaugurar la sección veneciana de "Amici di Papa Luciani", encabezada por don Ettore Fornezza, párroco de San Martino di Castello. Al término de la Misa se dio la posibilidad de recoger nuevas inscripciones para hacerse miembros de "Amici". Se han inscripto más o menos 50 personas.
La celebración eucarística fue presidida por el mismo don Ettore y otros dos sacerdotes, entre los cuales, Mons. Gino Bortolan, Director del Museo Diocesano de Arte Sacro de Sant'Apollonia.
Aquí el texto de la homilía pronunciada por don Ettore:
La noche del 26 de agosto de 1978, conmoción y alegría se entrecruzaron en nuestros ánimos. Treinta y tres días después, la noticia de la imprevista partida del nuevo Papa nos embistió en la apertura de la fiesta litúrgica de los Santos Miguel, Gabriel y Rafael, que celebramos esta tarde y, reflexionando en el significado de los nombres, sentimos todavía hoy la gran necesidad de recurrir a su celeste protección, para obtener de Dios el triple don de fe fortísima, de fuerza indomable, de misericordia sanadora.
Aquel tránsito fulmíneo tocó en el íntimo de los corazones a los creyentes, y también a muchos hombres rectos y sabios.
El ángel de la muerte obró en la noche silenciosa y solitaria, en aquella habitación en un ángulo del Palacio Apostólico, familiar a millones de ojos. Volviendo a pensar en las desadornadas palabras con las que el nuevo Papa se había presentado al mundo: "Yo no tengo la sapientia cordis del Papa Juan, ni la preparación y la cultura de Paulo VI, pero estoy en su lugar y debo ayudar y servir a la Iglesia.
Justo porque poseía en modo excepcional la sapiencia bíblica y la podía expresar justo por su formación ascética y pastoral, él inició su servicio en el signo de la renovación en la fidelidad, promovida por los dos pontífices, de los que había tomado el nombre.
Un pontificado de treinta y tres días del cual todos habíamos gustado su ánimo fuerte y humilde de maestro sabio y previsor, que se empeña en proseguir la herencia del Concilio, en mantener intacta la disciplina, en evangelizar sin pose, en continuar el esfuerzo ecuménico, en favorecer iniciativas de paz.
Esta tarde nos hemos reunido en este santuario que él amaba, para rogar para que todo eso se realice con la protección de los Santos a quienes hoy juntos rezamos para que defiendan con su intercesión este mundo tan sofocado por tantos males.
Roguemos también al Siervo de Dios el Papa Albino Luciani para que pueda ayudar a todos a reencontrar la fe con la fuerza que viene de la comunión de los Santos, escuchando en el silencio de nuestro corazón su voz sutil que nos repite con su sonrisa confortante: Coraje, tened siempre encendidas vuestras lámparas de la fe, de la esperanza y del amor.
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Don Ettore Fornezza celebra la Misa por el Papa Luciani A la izquierda, Mons. Gino Bortolan |
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A la derecha, se ve el cuadrito con la reliquia de una página del breviario del Papa Luciani, |


GCM 2004